Rebelión de huérfanos

Barañain

¿Cómo terminará lo que está ocurriendo en las últimas semanas en el mundo árabe? ¿En qué formas de gobierno -o de desgobierno- cristalizarán esas turbulencias? En los medios se habla  de “revolución”. Y se ensalza la “sed de libertad” de las masas árabes que estaría poniéndose de manifiesto en esas revueltas. Hay quienes dan por hecho que el único horizonte posible es el del fin de las formas despóticas de gobierno. Porque ahora esos pueblos, dicen,  “quieren ser dueños de sus destinos”. El lirismo que no falte.

A la vista de los precedentes no creo que haya muchos motivos para ser excesivamente optimistas, y  me gustaría equivocarme. Aunque sólo sea porque es difícil olvidar ahora que las enormes movilizaciones ciudadanas en las calles de Teherán no impidieron que Ahmadinejad sea el presidente de Irán (63 personas ahorcadas sólo en el mes de enero de 2011); que tras las demandas de libertad en las calles de Beirut es Hezbolah quien  se ha hecho con el poder; que el espejismo de democracia en Argelia desembocó en una auténtica carnicería humana (más de 160.000 muertos). Como es también conveniente no ignorar que en la encuesta más reciente llevada a cabo entre los egipcios eran un 59% los que declaraban preferir para su futuro a los  “islamistas” frente a un escaso 27% que optaba por los “modernizadores” (tipo El Baradei, por ejemplo).

 Como suele suceder,  los medios españoles se llenan de gente que “ya lo sabía”;  periodistas, “tertulianos” y sesudos analistas  que, según nos cuentan ahora, parece que eran muy conscientes del horror que anidaba en todos y cada uno de los regímenes árabes y que además, o por eso mismo,  se escandalizan de la tibieza y vacilación mostrada por Occidente y en particular por Europa y sus instituciones que después de haber sostenido o apoyado a tales gobiernos tiránicos, con la “excusa” de que eran un valladar contra el islamismo terrorista –denuncian ahora estos fiscales mediáticos-,  han sido incapaces de reaccionar con rapidez y apoyar a los airados ciudadanos árabes.

 Y eso se puede leer y escuchar estos días de gentes que llevan años, en esos mismos medios,  ignorando la realidad árabe y contando sólo aquello que concordaba con sus prejuicios.  Hablo de esa legión de  corresponsales y editorialistas incapaces de contar -o interesados en no contarlo a sus lectores y oyentes- cuántos estados de excepción o de emergencia, por poner un ejemplo sencillo, hay en esos países y qué significa eso para sus súbditos. Me refiero a todos esos “expertos” incapaces de informar sobre aquella realidad política y criminal, más allá de los consabidos lugares comunes sobre el peso de las tradiciones árabe e islámica. Incapaces de contar, por ejemplo,  en qué consistía la estabilidad de Túnez.  Hablo de esas gentes que aún se resisten a reconocer el horror que se esconde en el régimen de Argelia  quizá  porque se sienten “descolocados” (¡con lo gratificante que era fantasear sobre una Argelia “progresista” enfrentada a un “retrógrado” Marruecos!).  Las mismos que apenas ocultan su desconcierto cuando no pueden incluir a este Marruecos en la serie diaria de incidentes que afectan a casi toda la región (que no desesperen, algo ocurrirá también en ese país vecino).  Los que si alguna vez han informado de algo sobre Mauritania ha sido sólo como pretexto para contarnos sus milongas sobre el Polisario y su república fantasma. Los que casi nunca han contado como se las gastaba la policía de Mubarak o a qué se debe ese “gran respeto del pueblo por el ejército egipcio”. Los que sistemáticamente han ocultado  lo que había tras el desastre  y la planificada destrucción como país del Líbano, ese Líbano que ahora será gobernado, es un decir, por un grupo terrorista -Hezbolah-,  al servicio de los gobiernos más  peligrosos de la zona, Siria e Irán. Periodistas y “analistas” que hasta ayer mismo si tenían que utilizar algún calificativo para adjetivar, por ejemplo, al régimen de Siria, utilizaban cosas tales como “importante agente político en la región” mientras, eso sí,  agotaban todos los adjetivos posibles para deslegitimar a Israel,  la única democracia existente en Oriente Medio. Para qué seguir…

 ¡Ahora resulta que todos sufrían -en silencio, debía ser-, con las vicisitudes de los pobres ciudadanos árabes! ¡Y yo sin enterarme, qué despiste el mío! ¡Y no será porque no he seguido con detenimiento las andanzas y esfuerzos profesionales de tantísimos corresponsales como hay por aquellas tierras! Yo creía que la evidente asimetría de la información que se facilitaba al público español tenía que ver con el extraño dato de que casi todos esos abnegados profesionales de la información  (¡mis entrañables “Hamás News”!) estuvieran ubicados en Israel, sufriendo – sin duda muy a su pesar – los rigores de ese  régimen “extremista”, “pretoriano” y practicante del “apartheid”, según nos contaban de manera casi invariable (con las ganas que debían de tener de estar instalados en El Cairo, o en Damasco, o en Amann, o en Trípoli, …¡o en Ramalah o Gaza!).

 ¡Claro, será por eso! -pensaba yo-, ¡Como están siempre ahí metidos,   nuestros pobres periodistas no tendrán tiempo de enterarse y de contarnos qué es lo que ocurre en ese mundo árabe,  pese a que  es  infinitamente más grande que Palestina y  vive en su interior infinitamente más gente que en el pequeño estado judío y los territorios ocupados! ¡Qué equivocado estaba! Ahora descubro que, en realidad, sí estaban enterados de todo, aunque apenas hayan parecido mostrar interés alguno  por contarlo, y no sólo eso sino que estaban hartos de la “complicidad de Occidente” y deseosos de que llegara al fin el momento en que pudieran explicar a su público  la verdad del mundo árabe.

 Hasta ahora, en cambio, sólo nos obsequiaban con continuos análisis sobre lo que hacía o dejaba de hacer Israel, sobre la situación interna de su gobierno y cómo evolucionaba su sociedad civil y nos narraban hasta el más mínimo detalle de los movimientos políticos en ese país, sobre todo si tales movimientos eran críticos con ese gobierno (cuyos opositores, hasta el más delirante, han tenido siempre generoso acceso a las páginas de opinión de El País, El Mundo, Público,  etc.. páginas en las que no sé si alguien ha podido leer alguna vez a demócratas sirios o egipcios o argelinos o palestinos… que también los hay -demócratas quiero decir-) . Y eran altavoces de cuantas “ong’s”,  se prestaban a denunciar y sabotear -por supuesto, casi siempre con dinero público occidental-, la política de ese gobierno democrático. En sangrante contraste, esta legión de entusiastas que ahora presumen de ser solidarios con los machacados ciudadanos árabes y saludan emocionados la llegada de “nuevos horizontes de libertad” en Túnez o El Cairo nunca lamentaron la ausencia de tales “ong’s” y la carencia de tales dineros públicos en la denuncia de las tiranías.  Nunca se criticó en estos medios nuestros -que yo recuerde-, que no hubiera campañas de denuncia pública, ni manifestaciones antidictatoriales, ni “flotillas solidarias”, ni intentos de boicot, ni gesto simbólico alguno, por mínimo que fuera,  contra los tiranos árabes y sus regimenes  de sangre y  mierda, ya se tratara del de un  multimillonario jeque o del de  un moderno “faraón” o del de unos clérigos fanáticos.

 Y ahora todos aparecen como si durante décadas hubieran sido tenaces denunciantes  de aquellos horrores, profetas cuya voz, por lo visto,  clamaba en el desierto. Y su mayor obsesión estos días es criticar a las autoridades europeas y americanas porque “no hacen lo suficiente”. Por eso, un corresponsal  español sensato (que, ¡cómo no!, también los hay) ha calificado lo que está ocurriendo en el mundo árabe como “la rebelión de los huérfanos”:

 “Como un servidor es periodista tiene cierta tendencia al cinismo, pero sería fantástico estar equivocado y que la democracia llegara por fin a tanta gente. Porque lo merecen como seres humanos y porque durante las décadas que han estado sometidos bajo el tiranuelo de turno prácticamente nadie en Europa ha movido un dedo por ellos”. Y recordando aquello de que el éxito tiene muchos padres, pero el fracaso es huérfano, pronosticaba que si triunfan las sublevaciones árabes de estos días, veremos brotar como hongos a un montón de gente que se apuntará el tanto. “Pero es mentira. Nadie les ayudó porque todo el mundo estaba más ocupado sufragando movimientos que actuaban contra una democracia. Lo que está sucediendo estos días es la rebelión de los huérfanos”.