Reaccionarios hinchados de principios morales

Ignacio Sánchez-Cuenca

Hace dos días “Por mi que no quede� reproducía en este blog una carta durísima de Salvador Ulayar contra José María Calleja. Salvador Ulayar es hijo de Jesús Ulayar, asesinado el 27 de enero de 1979, en la localidad navarra de Echarri-Aranaz, por ETApm. Ulayar se quejaba amargamente de que Calleja hubiera criticado la ausencia de la AVT en el juicio de Madina. La crítica de Calleja fue correcta en las formas, pero se ha encontrado una respuesta hosca y ofensiva, cargada de mala fe, de una víctima del terrorismo nacionalista. Se da la circunstancia de que Calleja ha apoyado siempre a Ulayar, que Calleja participó en el tardío homenaje al padre, Jesús, que se celebró en Echarri-Aranaz, arropando a la familia, y que Calleja invitó a Salvador a escribir unas páginas de testimonio sobre su experiencia personal en su libro Héroes a su pesar (Espasa, 2003).

¿Cómo es posible que hoy, cuando la situación del País Vasco es mejor que en los últimos cuarenta años, cuando ETA lleva tres años y medio sin matar, cuando hay serias esperanzas de que el terrorismo nacionalista se extinga definitivamente, se produzcan estas rupturas, estos enfrentamientos absurdos, esta desconfianza entre unos y otros? ¿Cómo ha podio envilecerse tanto el ambiente justo ahora que ETA se enfrenta a su desaparición? ¿A cuento de qué tanto odio una vez que ETA ha quedado en las últimas? Si alguien ha estado con las víctimas en todos estos años, ha sido Calleja. Y ahora le tratan como si fuera un apestado porque no comparte el discurso paranoico que se ha instalado en España sobre ETA.

La semana pasada me refería a un clima de corrección política que se ha creado en torno al proceso de paz. Ayer quedó bien claro cuando María San Gil dijo en la Ser que a ETA hay que derrotarla con el Estado de Derecho. ¿Qué diablos significa eso? ¿Que los que no están con el PP quieren acabar con ETA al margen del Estado de Derecho? ¿Que el proceso de paz es una violación del Estado de Derecho? ¿Qué se piensa esta señora que es el Estado de Derecho? ¿Una cachiporra con la que golpear a los terroristas? La frase no puede ser más absurda: porque nadie piensa que se vaya a acabar con ETA al margen de la legalidad, y porque San Gil no explica qué entiende por “derrota de ETA�: ¿todos en la cárcel?

En realidad, lo de menos es lo que signifiquen las palabras. Lo que San Gil está haciendo es marcar una diferencia entre las personas de bien, con la legalidad y la moralidad de su parte, y el resto. Si hay tanto odio y desprecio ahora mismo a propósito del proceso de paz, es porque el asunto lo han llenado algunos irresponsables de “moralidad�, como si esto fuese una cuestión de buenos y malos.

Cuando uno escucha a Maite Pagaza, Rosa Díez, Fernando Savater, Santiago González, Edurne Uriarte, Isabel San Sebastián y otros muchos de la misma cuerda, lo que más sorprende es ese aire de dignidad ofendida: hablan desde profundas convicciones morales que presumen que a los demás nos faltan. Resulta ridículo ese afán por mostrar que se está del lado de las víctimas, frente a políticos desalmados que sólo quieren el mal de España. En seguida te echan a las víctimas encima si no estás de acuerdo con sus posiciones.

Lo peor no es lo pueril que resulta esta posición. Lo peor es que ha servido a mucho criptofranquista (y neofranquista) para reciclarse con el cuento de la solidaridad con las víctimas. Estoy con las víctimas, con la moral, con los principios, ergo puedo decir que ZP está del lado de los etarras, que ZP está entregando España a los terroristas, que el proceso de paz es una aberración, etc.

A la vez, muchos intelectuales, escritores y periodistas que en su día pasaban por gente más o menos progresista, más o menos ácrata, hoy están más cerca de todos estos cripto y neofranquistas que de la gente de izquierdas. Hay una nueva y nutrida clase de reaccionarios, que van de Jon Juaristi a Hermann Tersch, con muchos, muchos nombres entre medias. De nuevo, el banderín de enganche de las convicciones morales en el asunto de ETA les ha servido para realizar un cambio a la derecha. Es el orgullo de estar del lado del bien y de la justicia lo que les envalentona a la hora de atacar sin reparo a los que defienden lo que ellos defendían hace no tanto.

El debate sobre el terrorismo, tal como se lleva a cabo en nuestro país, es absurdo. Tiene muy poco que ver con la realidad. Se han construido unas posiciones imaginarias, de buenos y malos, que no permiten el intercambio de argumentos. Lo que se practica es el juicio de intenciones. El PP lo atiza a todas horas, pero lo tendría mucho más difícil si no fuera por ese nuevo grupo de intelectuales y escritores reaccionarios que prepara el terreno con su postura moralizante para que luego la derecha arree y enturbie todo. En algún momento habrá que regresar a la realidad.