Rajoy debe tomar ya una decisión

Aitor Riveiro

Unos días antes de las elecciones europeas, escribía aquí mismo que el gran problema que se deriva para el PP del ‘caso Gürtel’ no es su ramificación valenciana y los trajes de Camps, sino que la raíz de la corrupción del mayor partido político de España esté en su sede de Génova,13 y que el tronco del asunto parte de las plantas bajas que cobijan a la sección regional de la formación y llega hasta las plantas nobles donde acude cada día a trabajar su tesorero nacional, Luis Bárcenas.

Pasado el trance de las europeas, Rajoy debe comenzar a tomar decisiones. El PP ha conseguido el primero de sus objetivos, ganar los comicios gracias a Valencia y Madrid, pero no el más importante: generar en el país un estado de ingobernabilidad tal que tape, aunque sea de forma temporal, el que puede ser el mayor escándalo de corrupción, en términos de repercusión mediática y política, desde la Filesa del PSOE.

La oportunidad de Rajoy pasaba por una debacle del PSOE que ‘ayudara’ a CiU y PNV a apoyar una moción de censura contra el Gobierno de Zapatero y por eso apoyó con todas sus fuerzas a Camps, que dirige uno de los mayores graneros de votos del PP  y donde partidos de nuevo cuño como UPyD poco daño pueden hacer hoy por hoy. CiU, ansiosa por recuperar el gobierno de Cataluña, lanzó la carnaza, pero los tiburones del PP no están ahora para que se les atragante un festín, por muy rico que aparente en la foto.
Sin embargo, el Gobierno y el PSOE han superado, mal que bien, su cita electoral más difícil y, sin solución de continuidad, el TSJ de Madrid ha decidido elevar al Supremo la parte del caso que afecta a esta región en vista de que entre los imputados se encuentran un senador, Luis Bárcenas, al alimón tesorero del PP, un diputado, Jesús Merino, así como el eurodiputado saliente Gerardo Galeote. En un abrir y cerrar de ojos, Rajoy ha visto como el poco crédito adquirido el pasado 7 de junio se venía abajo porque, seamos sinceros, no es lo mismo ganar las europeas con los votos de lo tuyos que ganar unas generales donde el personal se moviliza aunque sea a la contra.

El líder del PP ha conseguido el mínimo: un ‘extra time’ que le permita dirigir la formación hasta, al menos, las generales previstas para 2012. Ahora es el momento de dar un paso al frente y de hacer lo mejor para su partido: evitar que su posible caída lleve al PP a una lucha fratricida como la vivida en el PSOE desde 1996 hasta la llegada de Zapatero a la secretaría general.

Y es que al ‘caso Gürtel’ hay que sumar la red de espías que el Gobierno de Madrid ha montado en la región y que ayer vivió un nuevo capítulo. Resumo: dos concejales del PP de Torrelodones denunciaron en 2006 ante Francisco Grandos (secretario regional del PP y consejero de Presidencia, Justicia e Interior) irregularidades en el consistorio y exigieron una investigación interna. ¿Resultado?: se quedaron sin atribuciones en el ayuntamiento, primero, sin militancia, después, y el pasado sábado se enteraron de que sus movimientos fueron controlados por trabajadores adscritos, precisamente, a las consejerías dirigidas por Granados.

A estos dos ex concejales se les controlaron las cuentas bancarias, las amistades, las idas y venidas… Es decir, de ellos se buscó mierda que tapara la que estaban denunciando en Torrelodones: chantaje puro y duro.

Aquí hace falta hacer una pequeña aclaración. En ambas tramas, Gürtel y espías, las denuncias y las filtraciones no provienen, o no al menos en un primer momento, de tribunales o policía, sino del propio PP, más concretamente de Génova, bien en sus plantas inferiores, bien en sus plantas altas.

Es decir, que a lo que asistimos es, ni más ni menos, que a una guerra fratricida entre dos familias del PP enfrentadas: si unos usan Gürtel contra Camps, Rajoy y sus allegados, entre los que se encuentra Bárcenas, los otros contraatacan con dossieres pormenorizados en los que se demuestra que el PP se espía a sí mismo utilizando dinero público para ello.

Por lo tanto, lo que está en juego es el futuro del principal partido de España por número de afiliados. Si el líder del PP quiere ganar la guerra, si antepone el interés general del propio partido y de España al personal, debería empezar a hacer algo que no ha hecho en toda su vida: tomar decisiones.