Rajoy absurdo

LBNL

Como probablemente sabrán ya, el Presidente del Gobierno ha pedido amparo a Bruselas frente a las acusaciones de Tsipras, el flamante Primer Ministro griego, de Syriza, que acusó a Rajoy y a su homólogo portugués, de haber tratado de boicotear el acuerdo del Eurogrupo de la semana pasada, que a la postre aprobó la extensión del rescate financiero contra un plan de reformas revisado frente al originalmente impuesto por la Troika. La queja de Rajoy a Bruselas es bastante absurda, incluso si tuviera razón, que no la tiene.

Es absurda porque las declaraciones de Tsipras son meramente políticas, sin faltar al respeto. No es la primera ni será la última vez que un político europeo critica a otro a propósito de las posiciones defendidas – o que pretenden defender – en los debates en el Consejo Europeo. Y no tiene sentido porque ni el Presidente del Consejo, el polaco Donald Tusk, ni el de la Comisión Europea, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, tienen capacidad para llamar a capítulo a Tsipras o mucho menos sancionarle.

Pero es que, además, Tsipras llevaba bastante razón. Tanto en el Consejo Europeo del 12 de febrero como en las diferentes reuniones del Eurogrupo de la semana pasada, España asumió una posición totalmente alineada con la de los adalides de la austeridad. Renzi y Hollande, por ejemplo, fueron mucho más cautos, defendiendo sin duda el principio de que Grecia tiene que devolver su deuda y respetar lo acordado, pero también abogando por un acuerdo que permitiera acomodar las principales demandas griegas y moderar la austeridad a ultranza que lleva dominando la política económica de la Unión Europea en los últimos años. Obviamente ambos abrigaban la esperanza de que Italia y Francia puedan beneficiarse de una mayor laxitud macroeconómica, lo que ya ha empezado a suceder.

Rajoy y Guindos deberían haber hecho lo propio. Se supone que la austeridad nos la estaban imponiendo desde Bruselas y Franckfort y que el Gobierno habría preferido no tener que recortar tanto y subir los impuestos para cuadrar las cuentas públicas a la mayor velocidad posible. Por tanto, sería positivo para España que la ortodoxia austericida se relajara un poco, incluso para el Gobierno, que en año de elecciones tendría algo más de margen para repartir dádivas presupuestarias y evitar regañinas desde Bruselas por volver a incumplir el objetivo de déficit, etc.

Pero no, Rajoy, que fue a Atenas antes de las elecciones a apoyar al ya ex Primer Ministro Samaras, necesita que Syriza fracase. Pablo Iglesias ha unido su destino al de Syriza, apoyándola también antes de las elecciones y después. Si ganaba Syriza, Grecia quebraría, sería expulsada del euro y su populismo demagogo antiguo demostraría toda su ineficacia y su efecto contraproducente. Pero claro, si por el contrario Syriza consigue concesiones tras plantarse frente a Bruselas y con ellas puede atender a sus prioridades “humanitarias” manteniendo el orden presupuestario, Podemos y Pablo Iglesias sacarán pecho y utilizarán el ejemplo griego como prueba de que si ellos gobiernan, el mundo no se acabará; al contrario, España conseguirá un trato más justo.

A mí no me preocupa demasiado el crecimiento de Podemos. Fruto de una frustración social muy profunda, interpreto que Podemos probablemente ya ha tocado techo e irá perdiendo algo de fuelle por muchos factores. De una parte, los problemas de Monedero y de organización interna, tratando de construir un partido en toda España a marchas forzadas. De otra, su programa electoral será menos atractivo. Además, la gente empezará a cansarse de tanta aparición mediática y más si siguen pasándose de la raya autoproclamándose la verdadera oposición. La deriva de la situación en Venezuela tampoco les va a ayudar.

Además, Rajoy debería confiar algo más en sus propia propaganda. La situación macroeconómica mejora y aunque los nuevos contratos laborales son precarios y mal pagados, lo cierto es que los que los consiguen mejoran su situación económica y ello atenuará su malestar. Por otra parte, la corrupción rampante del PP ya está descontada. Es increíble pero han conseguido aguantar, pese a los despidos en diferido, los sms a Bárcenas, la instrucción de Ruz…

En Andalucía parece que el PP se la va a pegar y gorda pero eso estaba cantado, con Podemos y sin Podemos. En las locales y autonómicas de mayo seguro que también pierden muchas plazas, en parte porque los resultados de hace cuatro años son irrepetibles. El galimatías será gordo con coaliciones a varias bandas y de composición variable en cada lugar. Pero Podemos no gobernará en ninguna autonomía salvo que el PSOE pacte con ellos, lo que no parece probable. Y si Pedro Sánchez pacta con Podemos, Rajoy tendrá parte del trabajo hecho.

En consecuencia, mejor haría Rajoy en no seguir planteando batalla contra Syriza. Tsipras ha conseguido una victoria importante haciéndole frente a Europa y saliendo indemne, con algunas concesiones importantes. Es dudoso que sus planes de aumentar la recaudacion fiscal combatiendo el fraude den el resultado perseguido, por lo que en junio, cuando toque negociar la siguiente fase del rescate griego, Syriza seguirá teniendo que aceptar muchas cosas indeseables a cambio de algunas concesiones adicionales. Es decir, Syriza seguirá viva pero no habrá sido capaz de operar un milagro como el que Podemos vende.

Su verdadero problema no es Podemos sino Ciudadanos, como ya se están empezando a dar cuenta. Claro que, a lo de Ciudadanos no le veo solución porque un partido de centro derecha en lo económico y de centro izquierda en lo moral/social, es en efecto una opción muy atractiva, especialmente para los votantes del PP desencantados con la corrupción, la falta de liderazgo y el incumplimiento del programa electoral. Lo peor, sin duda, es perder terreno frente a Ciudadanos y al tiempo alimentar la bestia de Podemos.

En cualquier caso, Sr. Rajoy, deje de hacer el ridículo acudiendo a Bruselas para que le defiendan de una crítica perfectamente legítima.