Quien siembra vientos…

LBNL

Tempestad tenemos en Irak, donde Bush padre sabía bien que las consecuencias de alterar el frágil equilibrio inter-étnico o confesional podían ser catastróficas. Su hijo, en cambio, asesorado por una panda de irresponsables fanáticos de extrema derecha y/o pasado trotskista, arrampló con todo y encima en plan chapucero. Decenas de miles de muertos y heridos más tarde, las prometidas libertad y democracia brillan por su ausencia y la guerra civil abierta es un hecho, con los suníes aliados con el diablo de ISIL (o ISIS o ahora IS, por Islamic State) en respuesta a años de política sectaria chiíta desde Bagdad, y los kurdos decididos a formalizar su independencia de facto. Salvando las distancias, lo que está sucediendo en Gaza y en Ucrania del Este no es muy diferente.

En Gaza ayer murieron más de un centenar de personas y quién sabe cuántos fueron heridos. El ejército israelí advierte a los civiles que huyan y a continuación dispara a todo lo que se mueve en un vano intento de acabar con los ataques de cohetes con los que las milicias palestinas siembran el terror en una parte cada vez más amplia del territorio israelí. Gaza está cercada desde hace años y el paso fronterizo con el Sinaí egipcio cerrado, pero las armas (y los suministros básicos) encuentran caminos por túneles y desembarcos marítimos que son imposibles de cercenar completamente. Israel tiene los vecinos que tiene y, descartando su exterminio, sólo cabe un acuerdo de paz. Cierto es que Hamás no es un buen compañero de baile para la paz pero también que Israel lleva, al menos desde que se firmaron los acuerdos de Oslo a finales de 1993 (¡más de 20 años!), retrasando las concesiones que todo el mundo sabe serían indispensables para que Palestina pudiera verdaderamente coexistir pacíficamente a su lado, tanto por justicia como por necesidades vitales (por ejemplo el agua).

Por su parte, Rusia no está dispuesta a consentir que Ucrania siga alejándose de su órbita de influencia. Lo ha intentado todo: amañar elecciones a favor de los pro rusos, sobornar a sus dirigentes, subsidiar su economía y aplicar sanciones comerciales. Pero, como Ucrania sigue en sus trece, se ha dispuesto a dejarle ver por las malas que el precio de su deserción de la madre patria es la secesión interna. Como en el caso israelí, o también en el de Irak, donde la dictadura de Sadam Hussein era todo menos positiva, las culpas están repartidas. Si la Cumbre de la OTAN en Bucharest en 2008 no hubiera ofrecido la entrada a Ucrania y Georgia, seguramente dichos países estarían mucho mejor de lo que lo están hoy, con partes de sus territorios ocupadas por tropas rusas, en gran medida de acuerdo con la población local.

Los conflictos de intereses existen y existirán siempre. La cuestión es cómo se gestionan. No todos disfrutamos de los recursos naturales y cívicos de los que disfrutan Noruega y Suiza en la actualidad y, por tanto, no cabe que lo resolvamos todo por medio de discusiones sosegadas y referendos amistosos. Lo que sí cabe es subrayar que también estos países eran pasto de la necedad y la violencia hace no tanto tiempo. Los israelíes suelen responder a las críticas de la Unión Europea con el argumento de que sus vecinos son radicalmente diferentes. Y lo seguirán siendo tanto o más en la medida en la que Israel siga aplicando su política de responder a cualquier ataque con un ataque más devastador para no mostrar debilidad al enemigo. Pero es que, además, no es cierto que los problemas se deban principalmente a la radicalidad de los vecinos. Israel quiere y persigue unos objetivos que no son aceptables por sus vecinos, como por ejemplo controlar el agua y ser el único que detente la bomba atómica. La consecuencia de tales políticas, si no aniquilas a tus vecinos, es la falta de seguridad permanente y pretender lo contrario es una falacia en la que, lamentablemente, demasiados israelíes todavía creen.

Lo mismo sucede con Rusia. Ucrania seguirá alejándose de ella más o menos rápido en la medida en la que siga viendo que Polonia, que estaba a un nivel socio-económico parejo durante la guerra fría, sigue progresando a marchas forzadas, en todos los órdenes, mientras que ellos, fraternalmente unidos a Rusia, están estancados. Rusia puede aspirar a mantener los lazos con sus antiguos territorios y más en la medida en la que están poblados por ciudadanos de etnia o cultura rusa. Pero no puede pretender hacerlo por la fuerza porque con cada golpe, con cada chantaje, con cada demostración de brutalidad, aquellos a los que pretende retener tratan de escapar con más intensidad. Distinto sería si Rusia optara por ofrecerles algo más que gas subsidiado a cambio de sumisión política y económica totales.

Cerrar el círculo con Iraq no es fácil porque la situación era muy compleja y ahora es todavía peor. Apoyar la dictadura de Sadam durante años para hacer frente a la revolución islámica iraní tenía un precio, y dinamitarla de golpe y porrazo pretendiendo imponer una solución simplista por las armas esperando que los iraquíes la abrazaran con entusiasmo, un precio todavía mayor. Los vecinos – Irán, Turquía, Siria en la medida en la que siga siendo un país, y Arabia Saudí – no pueden quedarse de brazos cruzados tampoco ante la implosión de un vecino que supone una amenaza para su seguridad nacional. La única opción pasaría por una conferencia regional en la que todos ellos, junto a EE.UU., la Unión Europea y Rusia, se pusieran de acuerdo sobre un reparto del poder sensato y mínimamente satisfactorio para todas las partes en conflicto, locales e internacionales. Sólo entonces sería posible arbitrar una solución mínimamente viable con visos de estabilidad, en la que los actores locales tuvieran más que perder que de ganar si se salieran del guion, un guion co-escrito por todos los actores relevantes y apoyado por todos ellos.

Preveo de antemano una posible acusación de “buenismo”. Ciertamente el diálogo y la negociación no son fáciles, llevan tiempo y no siempre producen todos los resultados perseguidos. Pero todavía más evidente es que ir a las bravas, actuar con determinación y decisión caiga quien caiga y no andarse con miramientos, lleva a cosechar tempestades.

Lo más paradójico es que haya quienes disocien su filosofía en los planos nacional e internacional. Por ejemplo, no cabe estar de acuerdo con las tesis que acabo de exponer y apoyar una consulta independentista dentro de España “sí o sí” pese a no estar amparada por la ley y en ausencia de un pacto previo. O lo contrario, defender con convicción la acción firme en política internacional al más puro estilo “halcón” y abogar en plan “paloma” por soluciones dialogadas en casa. Haberlos haylos y algunos escriben en este foro. Y no miro a nadie…