¡Que vuelva!

LBNL

Lamentablemente no creo que la vuelta de Ansar sea posible. Más bien, a decir de uno de sus acólitos relatado por la prensa de ayer, “no quiere volver, lo hace por joder”. Debe ser difícil renunciar a los fantásticos emolumentos que le paga Murdoch como consejero de News Corporation y a las grandiosas tarifas que cobra por dar conferencias allá donde se junta un grupito de millonarios deseosos de estrecharle la mano al luchador infatigable contra el terror. Sí, hay gente dispuesta a pagar miles de euros por compartir mesa y mantel con quien, desde el púlpito, mediada la cena, encandila al selecto auditorio con eso de que “todos los terroristas son iguales”, “con los terroristas no cabe negociar” y “de un lado nosotros, los amantes de la libertad, del otro los terroristas, que quieren acabar con ella”.

No hay mucho más en el libreto, pero hay que admitir que sus eslóganes son efectistas, al menos para públicos noveles. Porque, a juzgar por las reacciones que ha provocado dentro del PP, el amago de vuelta de Ansar no suscita demasiado entusiasmo entre “los suyos”. La mejor ha sido la de Borja Semper, el portavoz del PP vasco, el de las gafas de estudiante y media melena al mejor estilo pijo de Donosti: “Zapatero se consolida como el mejor ex Presidente de Gobierno”, reaccionó el bueno de Borja lacónicamente en Twitter.

En realidad, como lo del terror está un poco manido y afortunadamente ya no tan de actualidad, el libreto remozado de Ansar se centra ahora en la necesidad de bajar los impuestos. Seguro que a los millonarios también les entusiasma recuperar un portavoz de los Reaganomics, que vuelva a esgrimir la curva de Laffer para “cientificar” y “bonificar” su legítimo deseo de pagar menos para el bien común. Ansar lo demostró en la práctica, bajó los impuestos y España creció como nunca. Bueno, como nunca hasta entonces porque luego vino Zapatero y España, pese a que rompía cada día, todavía creció más, bien es verdad que sobre el mismo modelo, el modelo Ansar. Lo malo es que el modelo era intrínsecamente insano: que corra el dinero que los mercados se ocuparán de tomar las decisiones racionales que más convengan a todos.

Como bien sabemos, no fue así, ni en España ni en el resto del mundo occidental. Al contrario, las bajadas de impuestos no beneficiaron a todos por igual y la desregulación a ultranza paralela (hay que liberar al capital de los corsés para que pueda verdaderamente crear riqueza) nos llevó al desastre colectivo. Para todos menos para unos pocos, Ansar incluido.

Hasta “los suyos” son conscientes de que liberalizar el suelo sin más creó una burbuja inmobiliaria de gestión prácticamente imposible, como también de que el aventurerismo ideológico internacional (véase Iraq) no es aconsejable. Y qué decir del ansarismo en términos de política nacional. Cada vez que paso por la plaza de Colón me descubro ante la inmensa bandera que la preside imaginando si las cosas no serían distintas si el líder supremo de la libertad no hubiera impulsado su colocación.

No es más que un símbolo, pero la política autonómica subyacente nos habría llevado a la rebelión civil en el País Vasco, con ETA presente, de no haber ganado Zapatero en marzo de 2004. ¿Se acuerdan del intento de meter a Ibarretxe en la cárcel por aprobar su inconstitucional plan en las Cortes vascas? Mucho más sensato, y eficaz, fue la jugada de ZP de permitirle discutir su absurda propuesta en el Congreso de los Diputados, darle las gracias y mandarle para casa, a que se subiera al monte si quería pero sin poder presentarse como víctima. Sin la bandera de Colón quizás no habría habido “Declaración de Santillana”, sin la cual el tripartit Maragallista quizás no habría existido, o habría gobernado de otra manera. Y quizás…

Algo parecido a lo que hizo ZP con el super Lehendakari está tratando de hacer Rajoy con el pobre ínclito Mas, que ya no sabe qué hacer para seguir adelante con su plan secesionista. Tiene, el pobre Artur, varios problemas añadidos. Para empezar, lo de ser catalán y predicar entre catalanes, que por muy independentistas que sean, tienen un puntito de seny que dificulta lo de tirarse al monte. Luego están las cuentas suizas, las de su padre, las de su número dos –quizás no suizas pero igualmente controvertidas-, y finalmente las del prócer del partido y su familia, aún no esclarecidas. Pero sobre todo tiene a Rajoy que, entre denuncias de déficit fiscal y peticiones de préstamos financieros, posa sonriente con el President –ambos respetuosos de sus deberes institucionales- y acaba de hundirle ante su parroquia.

Ansar no haría eso. El súper líder jamás se haría una foto con el secesionista, desde luego no contando con mayoría absoluta. Porque cuando no la tuvo, no tuvo empacho en olvidarse del Puyol enano habla castellano y mandar a Cascos –el de la Gürthel- a firmar lo que fuera a propósito del Concierto vasco para asegurarse el apoyo del PNV. Con la cuota de poder omnímoda del PP actual, con Ansar el debate no sería sobre si ETA está acabada o se acabó ya; estaríamos hablando de la conveniencia de endurecer todavía más el código penal para meterle la perpetua a cualquier gilipollas que quemara un contenedor en un pueblo remoto de Guipuzcoa.

Bildu no estaría viéndose enfrentada crecientemente a las poblaciones que gobierna por sus medidas, discutibles como todas, sino en su salsa, encontrando diariamente buenas razones para mantener viva la lucha por los derechos mínimos del pueblo vasco. Y la excarcelación de Abu Dahdah sería sin duda excusa para soflamas ardientes contra Al Qaeda, con independencia de que cualquier conocedor (obviamente excluyendo al Fiscal Rovira, que no tenía NPI) sepa que entre el sirio y los terroristas del 11-S hubo menos relación que entre Marujita Díaz y los hijos de Sara Montiel. No, Ansar lideraría la lucha por la libertad del mundo libre entre los libres y, además, bajaría los impuestos.

Con un par. Berlusconi es un procesado si se trata de denigrar a PRISA –que bien merecido lo tiene- pero un aliado natural para reclamar –qué digo reclamar, exigir- a Bruselas, Frankfurt y Berlín, lo que sea. Llamaría inmediatamente a David Cameron para ponerse a su servicio –como antes lo hizo con el inefable Tony- si no fuera por su desgraciada aceptación del referéndum sobre la independencia de Escocia.

Es un pringao. No tiene sustancia. Su efigie y figura son lamentables y su ser profundo aún más. Pero nada comparado con su legado ideológico, absolutamente desprestigiado en cualquier centro de poder que se precie. Tan es así que en el PP, ausente completamente de liderazgo, sólo se le ocurre a Nacho, el del ático de Marbella alquilado a través de paraísos fiscales, salir en su defensa.

Su vuelta es una cortina de humo. ¿Se han casado ustedes alguna vez? ¿Les parece normal un regalo de bodas de 6 millones de pesetas? Dejando aparte la vergüenza de haber casado a su hija en plan Duque de Alba (me consta el impacto negativo que tuvo la dichosa boda en líderes conservadores europeos que hasta entonces admiraban al simpar Ansar), ¿no sería lógico lamentar que un amigo del novio de tu hija sea un corrupto lamentable? Para nada, la culpa es del grupo PRISA, no cobré sobre sueldos, Felipe peor y hay que bajar los impuestos. Por cierto, siempre he estado a disposición de mi partido y de España, que me duele más que a Unamuno. Aunque sea para joder.

Que vuelva, por dios, que vuelva por dios y por España. Ahora que se va Mourinho necesitamos una bestia negra a la que culpar de todos nuestros males.