Qué nos traerá el verano…

LBNL

Aparte del bien merecido descanso, por supuesto, ya sea en la playa lleno de arena, quemado por el sol, con los pies rozados por las chanclas y quemando la visa en paellas de chiringuitos a tutiplen, o en el monte, versión tienda de campaña o casa rural, apenas sin cobertura, wi-fi intermitente y con los pies llenos de ampollas por las malditas subidas alpinistas que a todos nos llenan de gozo. Y salvo aquellos privilegiados que viajen sin hijos a las Seychelles o similar y tengan todo el tiempo del mundo para echarse los trastos a la cabeza, los demás, tanto en la playa como en el campo, pasaremos los días lamentando que justo cuando el trabajo nos deja algún respiro, los niños no tengan colegio, mientras les llevamos a carísimas atracciones, nos tiramos por toboganes de agua infectos o salimos corriendo para urgencias con el niño sangrando a borbotones por el último accidente estival.

En fin, septiembre llegará pronto y en nada habremos vuelto a la previsibilidad del curro y a nuestras rutinas habituales, incluidos nuestros sesudos análisis sobre los acontecimientos políticos, económicos y sociales. Y vendrá cargadito porque lo de Cataluña está a la vuelta de la esquina. Qué quieren que les diga pero yo no acabo de creérme que las elecciones del 27-S vayan a suponer el fin del Estado español tal y como lo conocemos. Ni siquiera si la lista “unitaria” nacionalista consigue una mayoría considerable. Han sido varios los desafíos y cada vez de mayor magnitud pero si realmente los nacionalistas estuvieran dispuestos a echarse al monte, podrían haberlo hecho antes y no lo hicieron. Tras la estúpida y desleal indiscreción de Revilla sobre lo que piensa el Rey al respecto, El País publicaba este fin de semana que el Rey llegó a la conclusión el pasado día 17 de que, si consigue una mayoría suficiente, Mas seguirá su hoja de ruta rupturista que debería llevar a la proclamación de la independencia en 18 meses.

No tengo ni idea de lo que piensa el Rey y menos de cuáles son las intenciones más íntimas de Artur Mas. Lo que se es que es muy posible que los apoyos soberanistas sean menores de lo que los soberanistas esperan y que, incluso si cumplen las expectativas, Mas y el resto de Convergencia se lo pensará dos y tres veces antes de incumplir la ley, como ya hicieron con la famosa consulta de hace algunos meses, que resultó un éxito aparente – en parte por el simple hecho de haberse podido llevar a cabo pese a la oposición frontalmente activa del Gobierno – pero un fracaso en el fondo porque el temporal independentista se quedó en borrasca.

Los nacionalistas ganarán pero el apoyo al plan de ruta para alcanzar la independencia en 18 meses no será lo suficientemente fuerte, porque una cosa es desgañitarse por el derecho a decidir y otra bien distinta decidir con todas las consecuencias. Tensar la cuerda es fácil pero coger la tijera y cortarla tiene mucho riesgo, sobre todo si la legitimidad jurídica propia se basa en la misma Constitución que se pretende violar, la situación financiera es casi de quiebra y al final del supuesto camino dorado espera el ostracismo europeo. Mucho se ha escrito – incluido yo mismo en este foro – sobre las consecuencias del fallido pulso que Tsipragaitas le ha echado a la Unión Europea con respecto a Podemos y similares, pero no he leído nada sobre las consecuencias para el soberanismo catalán, que son similares. En Europa, las cosas se hacen según las normas. Si te las saltas, nadie te apoya por más que los flamencos, bretones, corsos, Liga Norte y húngaros del suroeste, te jaleen.

Quiero pensar que Mas y los convergentes lo saben. Quiero pensar también que lo que más les interesa es seguir al mando del cotarro en Cataluña; del cotarro político pero también del económico, y que todo es – sigue siendo – un farol para obligar a “Madrid” a negociar desde una posición de fuerza. Quizás me equivoque y la ciudadanía catalana apoye muy mayoritariamente la opción soberanista, sus líderes pongan en práctica la hoja de ruta y en menos de dos años Cataluña se independice. Sería una tragedia cívica, social y económica tanto para Cataluña como para el resto de España, pero eso no la convierte en inevitable. Esperemos que no sea así y, en todo caso, tendremos tiempo a la vuelta del verano para ocuparnos de como va la cosa, a sabiendas de que, según nos recuerda El País cada cinco minutos, Pedro Sánchez será nuestro próximo Presidente del Gobierno y, aunque no nos hayamos dado cuenta, es un tipo cabal, responsable, sabio y por tanto, el más idóneo para manejar una situación semejante. Lo cierto es que, si David Cameron ha sido capaz de gobernar Reino Unido durante ocho años, Pedro Sánchez puede llegar a ser un líder mundial…

En el frente europeo la cuestión griega seguirá coleando mientras nos pican las medusas o los alacranes, dependiendo de donde hayamos escogido padecer el estío vacacional. El Banco Central mantiene el sistema financiero griego con respiración asistida y la Unión le ha concedido un crédito puente para pagar vencimientos de deuda con el FMI y el Banco Central (¿no es completamente absurdo darles dinero para que te lo devuelvan?) mientras se negocia el tercer rescate, que debería estar listo en algún momento de septiembre. Es complicado de imaginar pero se supone que en algunos ministerios griegos se pasarán agosto trabajando a destajo, después de el Parlamento apruebe la legislación necesaria en tiempo récord pese a la oposición de su Presidenta, que la consideran inconstitucional. En otras palabras, que vistos los precedentes, es muy posible que en Septiembre volvamos a tener otro drama griego que haya que resolver in extremis.

Un poco más allá nos acecha la inevitable crisis internacional de agosto. No sé si se han dado cuenta pero prácticamente cada año surge en agosto una crisis no prevista. Con la profusión de crisis en curso – Libia, Siria, Irak, Afganistán, Sudan del Sur, Somalia, Ucrania… – es más difícil que salte la liebre donde uno no se espera pero agosto tiende a no defraudar. Tras unas semanas de vértigo, la bolsa china parece haberse estabilizado pero ¿pegará el petardazo definitivo en agosto que pondría patas arriba la economía internacional? Por si no lo recuerdan, la crisis sub prime de EE.UU. explotó unos meses más tarde de que la bolsa china registrara caídas sin parangón. ¿Volverán los palestinos a reclamar el protagonismo perdido lanzando una tercera intifada contra la que todo el mundo advierte pero nadie espera, incluidos los propios palestinos? ¿O será más bien Burundi quien se lleve la palma, con las juventudes radicales del recién re-elegido Presidente llevando a cabo un genocidio étnico? El año pasado fue el maldenominado Estado Islámico quien se llevó la palma conquistando todo el Irak suní. El año anterior fue el golpe de estado del ejército egipcio contra el Presidente democrático de los Hermanos Musulmanes. No tengo idea de donde vendrá la sorpresa este verano pero estoy convencido de que en algún momento del mes que se nos echa encima, la actualidad internacional me dará la excusa perfecta para abstraerme de los quehaceres domésticos en plan: “cariño, ocúpate de los niños que hay una crisis que me reclama”.

Por lo demás, lo de siempre: que si Ramos se va al Manchester United, que si Pedrito le sigue, que si Benitez no da con la tecla en el Madrid y Cristiano está cada vez más molesto… Es lo que tiene el verano, con tanto tiempo libre para matar y tanto familiar querido demasiado cerca durante demasiado tiempo, parienta y pariente incluidos, y por supuesto los niños, y todo ello sudando de lo lindo, con las manos siempre llenas de arena o de grasa (sí, soy de playa y chiringuito) y sin futbol.

Ahora bien, si no hubiera verano habría que inventarlo porque no hay nada que se le compare.