Que las propias tácticas de Mariano se vuelvan contra él

Guridi 

Rajoy ya ha demostrado que si quiere, puede conseguir apoyos. Especialmente el apoyo de los nacionalistas de PNV y El Partit Demócrata Catalá (o como demonios se vaya a llamar al final). Así que debería repensarse la presión sobre el PSOE. 

Una presión que beneficia, como no, al Partido Popular y a Podemos. O más bien, a Mariano Rajoy y a Pablo Manuel Iglesias Turrión. Rajoy, porque necesita el barniz de una gran coalición para dar respetabilidad a sus chapuceras e ineficentes políticas. Pablo Iglesias, porque ve que se le está hundiendo el suelo bajo los pies y necesita quedarse como única oposición al Partido Popular, en sus intentos de acabar con el PSOE.  

El PSOE ha dicho por activa y por pasiva durante esta campaña electoral que es la única alternativa válida a un gobierno del PP. Y en eso estoy de acuerdo. Así que debe de actuar como tal y asumir su papel de liderar la oposición. Y me reafirmo en lo de liderar la oposición, porque Pedro Sánchez no abandona su idea de intentar formar gobierno al precio que sea, si fracasa Rajoy. Y eso otra de las huidas hacia adelante del jugador.  

Y Rajoy no va a ofrecer las cabezas que debería de ofrecer en el Consejo de Ministros, ni la renovación del CGPJ, el Tribunal Constitucional o RTVE. Y hablo sólo de cabezas porque legislativamente tiene bien poco que ofrecer. El Congreso no tiene las mayorías suficientes para que pueda librarse de las reformas o las derogaciones de sus cuatro años de mayoría absoluta y sus meses en funciones.  

Pablo Iglesias dirá hasta el final que él tiene la mano tendida hacia el PSOE, cuando lo cierto es que sigue en su política de insultar primero y pedir besitos después. Así, negoció la candidatura de Domènech a la presidencia del Congreso a espaldas del PSOE. Tan a espaldas del PSOE, que a Errejón se le quedó cara de idiota cuando los negociadores socialistas le mostraron el aviso que les habían pasado los nacionalistas. El pobre Errejón creía que estaba negociando el apoyo a Patxi López, cuando su caudillo estaba tratando de creerse un maquiavélico estratega. Así, los socialistas vieron caras de tonto por partida doble: cuando Errejón se enteró de que tenía la misma legitimidad para negociar por Podemos que Eduardo Inda y cuando Pablo Manuel vio que los nacionalistas no acudían como corderitos a su mano. Ni siquiera ERC, cuyo portavoz, el expresivo Joan Tardá, no se cortó en decir que no contaran con ellos “para enmierdar con con los socialistas”.  

Y, para que veamos que nada ha cambiado, sus fórmulas de juramento tan adolescentes, tan de creerse mejor que los demás, han sido tan extravagantes y belicosas como lo fueron en la fallida legislatura anterior. La verdad es que la combinación de matonismo y abotargante cursilería de Podemos me resulta tan insoportable, que casi prefiero no seguir hablando de ellos.  

Ahora bien, si ya hemos dicho que Mariano se las puede y debe apañar solito y que Iglesias es menos de fiar que bañarse sangrando con un tiburón, le toca al PSOE mantener el tipo y mantener que no es no. Y esto va por los barones que flaquean, lo que es normal. No es raro que sean los mismos barones que gobiernan, dado que la ausencia de un Ejecutivo está paralizando también a las administraciones autonómicas. Pero eso, queridos, es responsabilidad de Mariano por no irse y de Pablo Manuel, por no haber dicho que sí cuando pudo. Y si teméis a Pedro, no haberle puesto. Ya sabéis lo que hay que hacer. Pero no se puede dejar que el partido sea destruído o bien por un secretario general imprudente y sin escrúpulos o bien por unos barones que confunden el miedo con la responsabilidad.  

Si Rajoy quiere votos, que se lo curre. Si Pablo Manuel quiere acabar con el PSOE, que se aguante. Y, por favor, compañeros y compañeras del PSOE: no se lo pongáis fácil ni a uno, ni a otra. Dejad que se ahoguen en su propio tacticismo.