¿Qué IZQUIERDA UNIDA PODEMOS tener?

Senyor_J

La transición electoral que sacude al país no está dejando títere con cabeza. Aun faltan bastantes meses para que tengan lugar las siguientes elecciones pero los augurios para casi todos los partidos estatales no pueden ser más pesimistas, puesto que el conjunto de las encuestas ponen de manifiesto un retroceso generalizado y una imparable tendencia al alza de la formación denominada Podemos. Tomadas como una foto fija, ciertas encuestas anuncian que Podemos podría ser la fuerza más votada en unas elecciones generales. En cambio, si formamos una serie con las encuestas publicadas desde los comicios europeos e examinamos la tendencia, lo que observamos es un línea ascendente, que bien podría seguir creciendo en el futuro más allá de donde ahora se encuentra, alejándose sensiblemente de los dos partidos mayoritarios. Y es que, hoy en día, ni es posible establecer cuál es el techo electoral de Podemos, ni resulta factible prever si las predicciones actuales van a variar al alza o a la baja. Alicientes de todo tipo para su ascenso aparecen día sí, día también, sobre todo en forma de escándalos de corrupción y de decepción ante la políticas realmente existentes, pero el voto sigue siendo muy volátil en el contexto actual y lo que ahora parece fuerte, mañana puede ser frágil.

La tendencia al optimismo suele ser la norma en las fuerzas de la izquierda, por lo que es posible que tantas encuestas favorables estén generando mucho optimismo en las filas de Podemos, pero mala cosa para ellos sería que eso se tradujese en un exceso de confianza, ya que el modelo bipartidista actual aun puede intentar regenerarse con un cambio de caras (Soraya y Susana al rescate, tal y como sugieren ciertas instancias periodísticas) y la maquinaria mediática todavía es lo bastante potente como para lanzar eficaces ataques contra Podemos y sus dirigentes, siempre que tertulianos y columnistas sepan sustituir diatribas y argumentos de brocha gorda por cuestiones un tanto más sustantivas. Nada de eso, sin embargo, se espera a corto plazo, por lo que aguardaremos hasta la precampaña de las municipales para descubrir cómo anda el bipartidismo de recursos de última hora para minimizar la penetración de Podemos.

Entretanto, se viven momentos tensos en Izquierda Unida, que contempla como las encuestas anuncian que la intención de voto a la formación se encuentra en franco retroceso y que le puede devolver a sus mínimos históricos en unas generales. Si bien es indudable que el hecho de que Podemos no concurra con su marca a las elecciones municipales va a salvaguardar o incluso potenciar buena parte del capital de concejales y alcaldías de que dispone dicha organización, los resultados de las elecciones autonómicas pueden suponer un varapalo importante en muchos de los lugares en que se confronten ambas formaciones con listas distintas. Y después de eso vendrían unas elecciones generales que, salvo coalición previa que lo remedie, dejarían sin duda a IU en una maltrecha situación.

Ante tal escenario, es natural que buena parte de los miembros más relevantes de la formación que todavía dirige Cayo Lara apuesten por la confluencia y que se propongan intentar establecer alguna forma de acuerdo electoral. Cuentan sin duda para ello con los lazos políticos y personales que indudablemente mantiene Pablo Iglesias y algún otro con personas o sectores de Izquierda Unida. No obstante, Podemos se ve afectado por dos factores que pueden desincentivar dicho pacto. Por un lado, el cálculo de costes y beneficios de dicho acuerdo: ¿consideran Iglesias, Monedero y el resto que un acuerdo con IU va mejorar sus expectativas de votos o más bien piensan lo contrario? Por el otro, la resistencia que puede existir entre las huestes de Podemos a dicho pacto, debidamente alimentada por ciertas cabezas visibles de Podemos y por todo el discurso del nosotros y la casta. Considerando que para muchos miembros de los círculos y gran parte de los votantes la regeneración política parece pasar hacer borrón y cuenta nueva, diría que alcanzar acuerdos no va a ser fácil y está además por ver si los resultados de municipales y autonómicas no pondrán otra cosa en evidencia: que Podemos, como marca, es más potente electoralmente que cualquier otra que se pretenda crear para aglutinar amplias coaliciones con aspiraciones, se llama Ganemos o de otro modo.

Por lo tanto, bien parece que Izquierda Unida debería ser consciente de que le espera un durísimo ciclo electoral y que es posible que, en buena medida, tenga que atravesarlo en solitario. Desde ese punto de vista, parece inevitable que se tenga que someter también a los procesos de cambios de cara de los que nadie puede escapar y que surjan nuevos rostros visibles al frente de las listas electorales. Y siendo evidente que la influencia de las redes sociales y las “nuevas” tertulias televisivas se va a notar considerablemente, muy mala cosa sería no aprovechar el perfil que en esos medios se han formado personas jóvenes como Alberto Garzón o Tania Sánchez. No obstante, no hay que llevarse a engaño: mayoritariamente, cuando el votante se vea en la tesitura de decidir entre dos fuerzas rupturistas como Izquierda Unida y Podemos, lo más probable es que considere que su voto es más útil otorgándolo a aquellos que tienen mejores opciones de obtener un buen resultado y esos van a ser los de Podemos. Se haga lo que se haga, las probabilidades de que las cosas no salgan bien a IU en este ciclo son muy altas.

Es por ello que quizás a Izquierda Unida todo lo que le queda, realmente, es intentar resistir, aspirando a retener a sus votantes más fieles y evitando así una hemorragia masiva de votos, ya que el que ello suceda es un riesgo más que evidente, del que existen amplios testimonios en elecciones generales anteriores, especialmente en los años 1982 bajo la forma de PCE y en 2008 en coalición con ICV. Y precisamente lo que indicaron las elecciones generales de 1982 es que cuando una fuerza, en ese caso el PSOE, lo tiene todo para ganar, gana y además arrasa, dejando al resto de partidos muy maltrechos. No obstante, si se sobrevive de alguna forma a la tormenta, quizás haya tras la misma más vida de la que parece, más aun con un escenario político tan abierto como el que necesariamente surgirá en la próxima legislatura.

La cuestión, no obstante, es cómo resistir. En caso de competencia electoral entre Izquierda Unida y Podemos, ¿cómo afrontarla sin perturbar excesivamente las opciones de Podemos? Porque la demolición del sistema bipartidista actual es un objetivo estratégico de primer orden para cualquier fuerza minoritaria y Podemos es el mejor ariete con una perspectiva izquierdista que se ha tenido nunca en ese sentido. Se impondría, pues, una campaña de no confrontación, con la cual, sin embargo, será difícil conservar un número significativo de votos. Es un escenario tremendamente complicado, sobre el que como ya se ha comentado, las primeras respuestas vendrán en las autonómicas de 2015.

Tampoco debería perderse de vista el escenario catalán, que bien podría servir de ensayo para una coalición autonómica de amplio espectro, en caso de anticiparse las elecciones catalanas. Con Podemos en situación de obtener una sólida representación pero con un techo mucho más claro que en el resto de España, a causa de las dinámicas soberanistas, las perspectivas de crecimiento de los partidos independentistas y la gran amplitud del arco parlamentario catalán, las posibilidades de un acuerdo, del que tanto Podemos como ICV puedan salir beneficiadas, podrían ser algo más amplias. Sin embargo, la duda sobre si es mejor concurrir con la marca Podemos o Podem o con cualquier otra también ha de estar presente y puede dificultar acuerdos amplios entre estas o con otras organizaciones.  

En conclusión, se podría decir que Izquierda Unida tiene su mejor aliado en su peor enemigo. Podemos va a cortar de raíz todas sus expectativas de crecimiento y probablemente le imponga tras el ciclo electoral menores porcentajes de votos de los que ahora goza. La opción de confluir, que ya es difícil que suscite mayorías dentro de IU, no depende solo de su deseo, sino ante todo de la actitud de Podemos. Y si no lo logra, puede que no le quede otra misión que dejar paso haciendo el menor ruido posible. Con razón se lamentan los miembros de Izquierda Unida de que no es justo de que eso les pueda acabar sucediendo, cuando siempre han estado ahí denunciando y oponiéndose tanto al bipartidismo como a sus política, pero también han sido demasiadas las veces que no se ha tenido la visión, el coraje o capacidad interna suficiente para hacer lo que se tenía que hacer. Lo bueno es que seguro que Pablo Iglesias también aprecia esos rasgos de la militancia de Izquierda Unida y quizás ello desencadene algunos gestos. O quizás ciertas decisiones también deban interpretarse teniendo en cuenta ese punto de vista.