Que inventen ellos

Ricardo Parellada

 Con motivo de la apertura de la tienda española de Amazon, en la web del diario Público tuvo lugar una interesante discusión sobre las ventajas e inconvenientes de grandes empresas como esa. Como empezó y es sobre todo conocida como librería virtual, en el caso de Amazon es natural que la discusión se centre en los pros y contras de comprar los libros en ese inmenso portal, aunque bien podría extenderse a la multitud de productos de todo género que ofrece, pues tiene vocación de supermercado universal. Aunque me centro por razones románticas en los libros, como los lectores de Público, supongo que se podrá suscitar una reflexión parecida a propósito de otros productos ofrecidos por Amazon, así como sobre la compra de los muebles en IKEA o de la música en iTunes.

 Algunos piensan que comprar en Amazon es hacerle el juego a los mercados que están hundiendo a la Unión Europea, o al menos contribuir a la pérdida de puestos de trabajo en España en general y a la ruina de las pequeñas librerías en particular. Hay bastante gente que, por cuestión de principios, no comprará en la gran librería yanqui, con independencia de la comodidad o las ventajas económicas que pueda ofrecer.

 El artículo original de Público ofrece una comparativa de precios de los mismos productos en tiendas de Amazon de distintos países y muestra que, a pesar de la disparidad de gastos de envío, el precio de los mismos productos varía bastante en esas tiendas y no siempre es más barata la cercanía ni un mismo país. En línea con esta comparativa, algunos internautas ofrecen otros datos para comparar con otras empresas de venta en línea, y se centran en las ventajas económicas. En el caso de los libros, muchos afirman que (a diferencia de Amazon) la Casa del libro y El Corte Inglés no tienen almacenados la mayoría de los que ofrecen, sino que tienen que encargarlos, con lo que la demora es mucho mayor. Dado el precio fijo del libro en España, las grandes diferencias de precio se dan sobre todo en otros productos y pueden llegar a ser verdaderamente notables.

 Otro factor en contra de la librería virtual es la posibilidad de consultar al librero de toda la vida, que conoce los libros por fuera y por dentro, sabe recomendar libros profesionales, de ocio y regalos, y que puede juzgar con precisión la calidad de las ediciones y las traducciones. Aunque había oído hablar de él, yo siempre he pensado que ese librero no existe, pero, en todo caso, sus amigos no logran convencer (me limito a reseñar los argumentos) a los compradores españoles de libros que no residen en Madrid ni Barcelona.

 Pues bien, como no soy un científico, para comentar este asunto tengo que recurrir a experiencias personales. Sin asumir el primer planteamiento catastrofista, no puedo dejar de recordar unas palabras del ministro de cabecera de este blog, que sin duda recordarán también los más viejos y semiviejos del lugar: “comprar español es bueno”. Naturalmente, se le echó encima la caverna, como si hubiera dicho que comprar español es malo, y ahí quedó la cosa.

 Además, desde que me levanto hasta que me acuesto uso y abuso de las herramientas informáticas y tecnológicas de consumo sin las cuales creo que no podría trabajar. Sin los productos de Apple, Google, Microsoft o Adobe creo que no funcionarían ni un ratito los cacharros que tengo delante, y tendría que buscar una máquina de escribir en el rastro o una cabina telefónica en la calle, cosas que me parecen imposibles. Es cierto que yo no necesito utilizar las páginas de Amazon todos los días, pero también es cierto que me hacen la vida mucho más fácil.

 Aunque no tengo librero, por inercia y para toquetear los libros de vez en cuando, yo nunca los he comprado en España por internet. Y había decidido que mi manera particular de celebrar la llegada de Amazon a nuestro país era darme de alta en alguna página española, como la Casa del Libro, y no entrar nunca en Amazon punto es. Supongo que la razón para ello es una mezcla que no sé analizar de las razones cristalinas de los internautas de Publico, pero, en todo caso, estoy seguro de que algo me toca eso de que comprar español es bueno.

 Pero ¡ay!, no sé cómo ni por qué hace un par de días pinché en la web española de Amazon y me encontré algo que no esperaba. Esa web permite comprar muchos de los libros extranjeros que tengo por ahí en las cestitas de Amazon de otros países, que me sirven no solo para comprar de vez en cuando, sino también para husmear e ir viendo lo que hay. Y algunos libros de fuera son más baratos aquí que por ahí, y llegan antes y sin gastos de envío… Que el ministro y la Casa del Libro me perdonen, pero así no me resulta nada fácil mantenerme firme en mi convencido y solidario nacionalismo español. Aún así lo intentaré, procuraré comprar solo libros extranjeros en la página española de Amazon y seguiré pasándome por alguna librería y buscando algún librero de los de antes que sepa algo. 

Ah, todavía no he picado con el Kindle, pero solo porque el formato es propietario y me gustaría un poco más de libertad. Me estoy informando sobre libros electrónicos y ya sé que hay uno español muy bueno, Papyre, que tengo ganas de comprarme. Estoy muy dispuesto a pagar un sobreprecio por nacionalismo… pero si no es excesivo. Amigos del blog, si tenéis algún consejo sobre libros electrónicos os lo agradeceré un montón.