¡Qué hostia, qué hostia!

 Guridi 

Suelo presumir de ser una Casandra bloguera; predigo y predigo sólo para ver que nadie me cree, ni cuando el tiempo me da la razón. El caso es que quiero decir que me he equivocado: no podía prever la magnitud del batacazo del PP. Sabía que iban a seguir siendo la fuerza más votada, pero es que se han dado tal leñazo, que hacen que los resultados de los demás parezcan buenos, pese a no serlo tanto.

 En el momento de escribir estas líneas, el PP asiste incrédulo a cómo Rajoy dice que no pasa nada, a la dimisión de Bauzá, Rudi y Fabra, mientras Esperanza Aguirre, demente y egomaniaca, clama contra la destrucción de la “democracia occidental” encarnada en su persona. Y 30.000 enchufados del PP ven con horror como nada es para siempre. Es paradójico ver a tantos liberales entrar en pánico cuando por fin se ven liberados de depender de “Papá Estado”. Les deseo la misma solidaridad y ayudas que ellos han otorgado a la gente en su situación.

Pero volvamos con Aguirre, aunque ella está encantada de conocerse y cree que pertenece a la raza de los elegidos, no se puede ser impune siempre. Ha sido impune al tamayazo, ha sido impune a Fundescam, Gürtel, hasta es impune a atropellar a un agente de movilidad y darse a la fuga, a saber en qué condiciones para la conducción. Las urnas por fin han decidido castigar esa impunidad. Y aunque esté saturado de la beatífica Carmena y temo a las hordas de sectarios en su lista, me alegra sobremanera que ésta esté en condiciones de arrebatar la alcaldía de las corruptas manos de la Condesa de Murillo. Y estoy tremendamente orgulloso de que Antonio Miguel Carmona se haya dado el lujo de decirle que no en sus narices.

Los de Podemos no han llegado tan lejos como pensaban, de lo cual me alegro. Los de Podemos siguen en su línea sectaria, malhumorada e intransigente. Y ya lanzan sus alaridos de machotes de asamblea, diciendo que todos han de inclinarse a su paso. Y aunque los comentaristas me recuerden ahora los éxitos de Carmena y Colau, sólo puedo decir dos cosas: que comparen los resultados autonómicos de podemos con los de las alcaldías. Hemos asistido a algo tan ridículo como que Pablo Iglesias se ufane de presentarse a los ayuntamientos, como de pasar a reivindicar la hábil estrategia municipal que jamás han tenido. En el caso de que sigan en su estrategia de bloquear todo, como en Andalucía, les auguro un éxito breve y un encaje perfecto en el hueco que ha dejado Izquierda Unida. Allí les espera su maestro Anguita, que es igual de loco, sectario y ególatra que Esperanza Aguirre.

El PSOE salva los muebles. Afortunadamente para la ciudadanía pero puede que no tanto para el propio partido. Secretarios generales extremadamente mediocres van a poder gobernar, cuando ni ellos mismos lo creían. Eso va a mantener el poder de las baronías que han llevado al PSOE a su situación actual y que, en la actualidad, lo mantienen. Y no es un estado bueno, porque el PSOE sigue perdiendo votos y, lo que es peor, en algunos sitios ya no es percibido como el voto útil de la izquierda, lo cual es terriblemente preocupante. Por ejemplo, en Madrid. Uno se entristece por la derrota de Gabilondo, hasta que recuerdas que la campaña la dirige Óscar López, colabora en ella José Cepeda, el PSM está dirigido por una Comisión Gestora que tiene al frente a Rafael Simancas y donde el encargado de las elecciones es un tipo tan notoriamente poco capacitado como Daniel Viondi, que se creía todos los bulos sobre las elecciones que le llegaban al Whatsapp; volviendo locos a todos los interventores y apoderados de Madrid. 

En cuanto a IU, lamento de verdad que un partido de una historia tan larga como el PCE, que incluso ayudó al PSOE del interior a sobrevivir durante la dictadura, haya sido devorado por sus hijos. Una vez que Anguita se lanzó por el camino del sectarismo y no de los acuerdos, firmó una sentencia de muerte que ha matado a la organización a través de ese mismo sectarismo. Su militancia no lo merece. Y algunos de sus dirigentes, tampoco. Especialmente Cayo Lara, que se ha visto superado por tiempos y circunstancias manejados por personas peores que él. 

No haré más predicciones, pero espero equivocarme con las más pesimistas.