¿Qué fue de ZP?

Lobisón 

Se ha lanzado otro blog de discusión progresista, Órbita Política, y en el post del lunes se planteaba una cuestión polémica: ¿en qué medida las dificultades actuales del PSOE son consecuencia del silencio sobre ZP, sobre lo que significó su etapa y lo que sucedió en ella? Se puede entender fácilmente que en su campaña para el 20-N Rubalcaba se sintiera forzado a ese silencio, entendiendo que la irritación de los electores hacía imposible una defensa cerrada del período anterior, y que la vía de matar al padre, de criticar su actuación, era suicida en cuanto él mismo había estado siempre presente en el gobierno y muy presente en sus decisiones.

Un año después, sin embargo, argumenta el articulista (David Hernández Corrochano), ese mismo silencio impide narrar una historia coherente del pasado y del presente sobre cuya base ofrecer una alternativa creíble. Efectivamente, por muchos errores que se hayan cometido, y por muy limitado que esté el terreno de juego, cabe pensar que recordar lo que sucedió, y las circunstancias en que se produjo en mayo de 2010 el giro hacia la austeridad a costa de las promesas de ZP de no tocar las políticas sociales, es necesario para rechazar la doble narrativa del PP.

Porque por una parte, Rajoy y los suyos repiten ad nauseam lo de la herencia recibida, como si ZP no hubiera intentado hacer todo lo necesario para evitar que el maelstrom de la deuda soberana arrastrara a España. Y a la vez rechazan cualquier crítica de sus recortes alegando que ya los había puesto en marcha ZP. Con su voto en contra, por cierto, y sin que nadie se lo recuerde ni se les caiga la cara de vergüenza por la contradicción.

Doble o triple narrativa, porque a la vez Rajoy deja caer de vez en cuando —después de insistir en que España es un país serio y fiable, no como cuando tenía un presidente que era un cantamañanas— que la austeridad no basta y que hacen falta estímulos para volver a crecer. Y también en este caso habría que recordar que ZP, con mayor o menor fortuna, esa es otra historia, había hecho esfuerzos desesperados para volver a crecer, hasta que la crisis griega desató la vorágine de la deuda en euros.

No hay que descartar que la presión política creciente acabe provocando un giro en la política económica europea hacia una mayor racionalidad, y sólo nos faltaría oír a Rajoy decir con total seriedad que eso es lo que él siempre había defendido. Sería bastante bueno que pudiéramos recordar y defender que ZP apostó por esa mayor racionalidad frente a la recesión, que los mercados y la demencia ortodoxa de Berlín, Fráncfort y Bruselas le impusieron un giro que él no deseaba, y al que el PP se opuso con esa mezcla de demagogia y oportunismo tan suya. Y que sólo ellos han dicho siempre que si hay que morirse de hambre para equilibrar las cuentas públicas eso es racional y bueno, independientemente de lo que pensaran Keynes y gente así, de la experiencia histórica y del sentido común.