Pues estamos como estábamos, sólo que ligeramente peor

Guridi

No hace mucho que enuncié por aquí mi particular teoría de que últimamente, en política, las cosas nunca están mal como para que se provoque una gran crisis, ni tan bien como para estar satisfechos con ellas. Pero que las sumas de males no tan malos termina siendo una situación bastante descorazonadora.

Es lo que ha ocurrido el pasado domingo. El PP sube, pero sin mayoría absoluta. El PSOE evita el “sorpasso”, pero baja en diputados, Podemos se mantiene, pero pierde un millón doscientosmil votos. Ciudadanos se estrella, pero sigue teniendo diputados como para ser goloso de cara a la investidura.

Así que todos miran la botella medio llena, nadie reconoce un solo error y aquí paz y después gloria.

Rajoy… ¿Rajoy para qué? Pese a los escándalos de corrupción, sus chapuzas legislativas, su insumisión a las cámaras y otros escándalos como los abusos de poder de sus ministros, nos premió con uno de los discursos más surrealistas de toda su carrera. Y eso ya era difícil. ¿Queréis caldo? Tomad dos tazas. Y eso nos dará Mariano. Haciéndolo peor no le ha podido ir mejor. Y eso es porque los demás no han hecho nada por ser mejores que él.

Pablo Iglesias se ha desdicho de aquello de que iba a dimitir si no ganaba o si era un estorbo. Ha perdido y es un estorbo. De hecho es el líder político peor valorado, después de nuestro inefable Mariano Rajoy. Eso sí, si Rajoy ha ganado siendo el peor valorado, Pablo Manuel está dispuesto a caer gordo a todos los españoles que hagan falta hasta que gane algunas elecciones. La verdad es que está haciendo méritos para ello. Además de la nula autocrítica, ni él, ni nadie de su formación han desmentido aún los bulos de que ha habido fraude electoral (difundidos por su agresiva militancia en Internet). Tampoco han depuesto su actitud de matones, por lo que seguiremos asistiendo a paripés variados en lugar de a negociaciones para formar gobierno. No sólo eso, sino que es posible que hasta empiecen a usar su matonismo contra sí mismos. Ya hemos visto al mediocre Echenique decir que va a segar “la mala hierba”. Con amor y con sonrisas y todo histórico, eso sí.

Obtendría un perverso placer al verles montarse entre ellos los espectáculos que montan a los demás, pero la ambición es fresca y llevan poquito en sus poltronas para jugárselas así como así. Salvo casos de tipos como Monedero, que siempre quiso ser un maldito y ha terminado siendo un pobrecito.

Ahora el entorno mediático de Podemos (que parece ser todo el entorno que no es ya del PP) pide que se reediten los pactos que no pudieron cuajar en la pasada legislatura. Ya sabéis: PSOE-Ciudadanos-Podemos. Es para mandarles a la porra.

En Ciudadanos han decidido que la fiesta sigue y que aquí lo importante es cambiar la ley electoral. Siempre lo han pedido y nunca han vetado a Rajoy. No, nunca. No hace ni una semana que lo hacían. Pero ahora se sienten menos progresistas y vuelven a ser liberales maleables y flexibles. Por lo que parece, después de cada elección Ciudadanos se funde para luego solidificarse en el molde que más le convenga.

Y el PSOE… ¿Qué pasa con el PSOE? Parece que Pedro vuelve a ser un poco más prudente. Pero no le va a durar mucho. A la que vea una oportunidad, se lanzará hacia ella como un ludópata se lanza a la tragaperras en cuanto le ingresan la nómina. Sin embargo, parece que por esta vez los barones, retratados ya como unos cobardones acomodados, no van a armarla demasiado. Salvo Susana Díaz, que va camino de ser la Esperanza Aguirre del PSOE, con tanto amagar y no dar y tanto canutazo con segundas. Pero hay una buena noticia: Eduardo Madina tiene escaño en el Congreso de los Diputados.