#PucherazoPodemos

 Jon Salaberría

Y 2015 se despertó, políticamente, de la mano de la formación de moda, Podemos. Sin duda, con el ánimo de seguir consolidando en 2015 todo el protagonismo que en el año que hemos dejado atrás han conseguido las gentes de Pablo Manuel Iglesias Turrión (Madrid, 1978), primero con un resultado extraordinario para una formación creada casi ad hoc ante las Elecciones Europeas, y más tarde con unas previsiones demoscópicas excelentes: creciendo como la espuma, superando a IU y a UpyD como tercera fuerza en las preferencias para pasar inmediatamente a disputar el liderato político a Partido Popular y Partido Socialista, dibujando unas desconocidas y corales expectativas de composición en las futuras Cortes Generales.

 En estos primeros días del año hemos conocido, en detalle, cómo funciona lo que es ya un partido político convencional en formas tras su proceso teóricamente asambleario, con la victoria del sector encabezado por el factótum y líder carismático: ya tenemos la composición de sus direcciones locales. Utilizando un procedimiento igual al usado para la elección de secretario general y del Consejo Ciudadano, máximo órgano de la nueva formación. La presentación de candidaturas, bien individuales, bien colectivas y abiertas, debe ser avalada por los círculos (principal célula organizativa) de la formación en cada municipio en los que se ha celebrado el proceso, pudiendo ser avalada una candidatura por más de un círculo. Tras un período de campaña electoral, las candidaturas pasaron a ser votadas entre los días 26 y 30 de diciembre. Votación, y he aquí una novedad sin precedentes en la vida interna de los partidos políticos españoles, telemática. La organización previó la instalación de mesas presenciales, pero para facilitar en las mismas los elementos necesarios para realizar el voto en forma telemática, no en urna.

 El reglamento de la formación para este tipo de procesos, que tiene la pretensión de ser garantista, prevé quiénes pueden ejercer el sufragio activo y pasivo en esta convocatoria, así como qué órganos del partido/movimiento ejercen las labores de garantes del proceso. En cuanto a los segundos, lo son, al alimón, una denominada Comisión de Garantías Democráticas y el propio máximo órgano de Podemos, el Consejo Ciudadano. En cuanto a los primeros, el documento prevé que toda persona inscrita en Podemos pueda participar en el proceso democrático interno, con una serie de requisitos específicos para las personas que postulaban candidatura (fundamentalmente, la observancia de un compromiso ético, más el aval de los círculos), pero mucho más flexibles para poder votar: la simple inscripción en la organización vía internet: rápida, con pocos formalismos, sin apenas necesidad de documentación como ocurre en la formalización de militancia en otros partidos. La fecha tope para la inscripción que el documento en cuestión establecía era el día 15 de noviembre de 2014, aunque dejaba abierta la posibilidad de participación a personas que se inscribiesen después. La previsión, eso sí, ponía límite en el día 5 de diciembre para la adscripción a un municipio.

 Esa laxitud a la hora de determinar algo tan elemental como el es el censo en una organización es la que ha dado lugar a la polémica. El dos de enero y durante muchas horas, #PucherazoPodemos se convirtió en TT en la red social más ágil, Twitter, provocando lugar a acaloradas discusiones. Todo a raíz del conocimiento de los datos finales de la votación telemática celebrada durante los últimos días de diciembre. Como era más que previsible, Claro Que Podemos, la corriente oficialista del líder de la formación, se impuso en la gran mayoría de capitales de provincia. Gentes del sanedrín de Pablo Iglesias controlarán el partido en capitales de la importancia de Barcelona, Valencia, Zaragoza y Sevilla, junto a la capital del Estado. Sólo en Málaga, una de las grandes urbes, la candidatura alternativa se ha impuesto a la oficialista por un estrecho margen de diferencia. En este sentido, la crítica está en la verticalidad de una organización que presentaba, como novedad para oxigenar el patio de la política patria, la intención de convertir al ágora en la única referencia de poder. Todo el poder para los círculos, pero la verticalidad y el dirigismo hacen aparición a las primeras de cambio. El centralismo democrático no es una novedad, aunque lo vistan de lagarterana. A este verticalismo, tan poco original pero no por ello motivo de acusaciones sobre limpieza del proceso, los resultados unen (y he aquí la raíz del caso) la falta de concordancia entre la base de datos usada a modo de censo y la lectura numérica que arroja la votación telemática. En algunos de los municipios, el número de participantes era mayor que el número de inscritos. Algunos ejemplos de la primera hora, como Tudela (Navarra), Alhaurín de la Torre (Málaga) o Ermua (Vizcaya) arrojaban datos de escándalo. La sospecha: la participación de personas inscritas después del comienzo del proceso. Ya existía esta previsión en el reglamento, pero ahora la cuestión está en saber la fecha concreta de inscripción de esas personas y la forma en que se hizo para solventar dudas. La existencia de un censo cerrado, en cualquier procedimiento electoral, es una exigencia no sólo formal, sino material para la observancia de unos mínimos de transparencia. Es, como se dice, asignatura de primero de democracia.

 Hasta el momento, la organización (con primeras explicaciones desafortunadas en la misma red en la que empezaron a volar las críticas) alude a la no actualización de los datos censales en la web de referencia, prometiendo actualizarlos, estando abiertos a cualquier tipo de auditoría externa independiente. Las dudas en torno a la actualización del censo no sólo son las que centran las críticas. Algunas otros comentarios sobre las garantías de las inscripciones y el proceso de votación posterior han añadido pimienta a la polémica. En los mismos foros de Podemos ya se habían advertido las irregularidades que se estaban produciendo en la inscripción: un número de DNI o un número de teléfono bastaban para la inscripción. En lo pintoresco rayan los casos en los que se declara haber votado con el DNI de una abuela, haberse inscrito como Elvis Aaron Presley o haber podido votar dos veces al candidato favorito. Casos todos a investigar, como el de Vigo, donde la votación no se ha declarado firme al detectarse decenas de números de teléfono consecutivos en la lista de inscripciones, o el de Santa Cruz de Tenerife, “pendiente de estudio por la Comisión de Garantías Democráticas”. Finalmente, la ausencia de explicaciones en torno a la sistemática que se sigue para garantizar confidencialidad y voto secreto (el sistema informático guarda la IP de cada inscrito) arroja una sombra adicional más en este enojoso asunto para el nuevo partido. 

 A la nueva formación, pese a todo, hay que admitirle la intención flexibilizar el proceso de participación política y la vocación de modernizar su operativo, a las maneras y con los instrumentos del siglo veintiuno. Posiblemente, muchas de estas circunstancias obedezcan a la premura y al carácter embrionario de la experiencia. Pero esa premura, en la parte menos encomiable, es producto de la propia de la conformación de este nuevo sujeto político como catch-all-party. Se vuelven a reproducir aquí situaciones como las vividas en la génesis de UpyD, nuestra entrañable Unión, Progreso y Pan con Queso: en la intención regeneradora de la política, se parte de formas novedosas de fomento de la participación y de la afiliación. La ausencia de definición política, como en el caso de la apuesta de Rosa Díez, es esencial para recoger capital humano desde los cuatro puntos cardinales; alguno de los elementos lo hacen desde la frustración de experiencias pasadas, y sus intenciones son aún más indefinidas. Como en el caso magenta, igualmente, del proyecto inicial de plenitud democrática y máxima horizontalidad, asoman pronto elementos preocupantes de estructura férreamente controlada por un aparato político y de peso excesivo del liderato carismático del promotor.

 La respuesta en las redes y en público de la dirección de Podemos ante la catarata de críticas (unas más fundamentadas y justificadas que otras) del día dos de enero se parece bastante también a las desabridas respuestas de nuestra simpar lideresa. Desde una convicción absoluta en el monopolio de la verdad, con el transcurrir de las horas se pasó a disparar al mensajero, a los medios de la casta que osaron dar pábulo a circunstancias como las mencionadas. Ni que decir tiene, en las redes la contraofensiva ha tenido y sigue teniendo, como denunciara Juan Fernando López Aguilar, tintes de razzia contra toda persona que se ha atrevido a entrar en la polémica: agresividad y ataques in personae, y el habitual recurso a hablar del miedo y de su cambio de acera.

 Existe, dentro de la izquierda política, incluyendo a Partido Socialista y a Izquierda Unida, alguna tendencia a no entrar al trapo de la polémica con la nueva formación, lo que no ha impedido a dirigentes de ambas formaciones hacerlo en determinadas circunstancias. Hay que hablar menos de Podemos. Ciertamente, es así: en especial la formación en la que milito debería poner toda la carne en el asador en la tarea de dar forma a una oferta política nítida que debe tener como eje la recuperación de los derechos sociales y la reconstrucción de los espacios del Estado de Bienestar dañados por la crisis y por la pésima gestión de los populares. Mañana por la mañana será tarde. Pero este episodio en la contienda interna de Podemos demuestra que, a pesar de las pretensiones de tabla rasa, de la tentación de colocarse no ya fuera del sistema sino sobre el mismo sistema, y de utilizar un lenguaje antipolítico , no esconde que Podemos es un agente político, y que hace, interna y externamente, política. Se han situado en el centro de un tablero en el que juegan con las mismas reglas que todos, e incluso para cambiarlas usarán los mismos dados que los demás. 

Postada: Incluso en el caso de que se consolide el censo a las fechas entre 26 y 30 de diciembre de 2014, fechas de votación, el porcentaje de participación final sería de un 30% de los inscritos. Porcentaje muy discreto, pues la participación en la consulta del Partido Socialista de cara a la elección directa por la militancia de su secretario general superó el 66% de un censo cerrado. La impresionante cifra (declarada) de inscritos es la bandera de Podemos para declarar su fuerza imparable. Pese al innegable efecto de su entrada en el escenario, las cosas, al final, suelen ser un poco más normales.