Próxima estación: Elecciones municipales y autonómicas

Millán Gómez

Apenas queda un mes y medio para la próxima cita que los ciudadanos españoles tendrán con las urnas. Las elecciones municipales y autonómicas (estas últimas se celebran en todas las comunidades autónomas españolas menos Galicia, Euskadi y Catalunya) están a la vuelta de la esquina. Los partidos políticos ya están preparando toda su maquinaria electoral con vistas a esta nueva cita. El 27 de mayo todas y cada una de las formaciones políticas se juegan mucho.  Estas elecciones llegan, sin ningún género de dudas, en un momento crucial de la legislatura, una vez transcurridos ya tres años desde que el PSOE con Zapatero al frente derrotó al PP el domingo 14 de marzo de 2004. Desde la victoria de Zapatero se han celebrado las elecciones europeas con una preocupante y significativa abstención, las elecciones autonómicas en comunidades que siempre están de actualidad como Euskadi y Catalunya y unas elecciones en Galicia que sirvieron para que el PPdeG perdiese el poder tras cuatro legislaturas consecutivas gobernadas por Manuel Fraga. Además de estas citas con las urnas, cabe destacar que se celebró un referéndum sobre la Constitución Europea y, posteriormente, se convocaron otros dos para ratificar los Estatutos de Autonomía de Catalunya y Andalucía. En estos tres referendos, el PSOE apoyó la opción ganadora aunque bien es cierto que la participación social fue decepcionante. Sobre la alta abstención deberían reflexionar mucho los políticos y nosotros, los ciudadanos de a pie.En las elecciones europeas, el PSOE venció al PP por un único escaño. En dichos comicios al Parlamento Europeo, pocas conclusiones se pueden extraer debido a la altísima abstención y al escaso interés que, por lo visto, parece despertar Europa en los españoles. En estas elecciones al Parlamento Europeo, el PSOE se vio favorecido por el viento a favor de haber ganado las elecciones generales y venir anteriormente de unas elecciones municipales en 2003 donde el PSOE obtuvo unos buenos resultados que ya le permitían ser optimistas de cara a los comicios generales de 2004. Posteriormente, los resultados de las elecciones gallegas supusieron un nuevo espaldarazo al PSOE porque el PSdeG-PSOE subió 8 diputados y pasó de tener 17 a 25 escaños en el Parlamento de Santiago de Compostela, conocido popularmente como “O Hórreo��?. Esta espectacular subida del PSdeG junto con los 13 escaños obtenidos por la izquierda nacionalista gallega encarnada en el complejo conglomerado que forma el BNG permitió al socialista Touriño ser nombrado Presidente de la Xunta de Galicia. Las elecciones gallegos supusieron un tremendo golpe al PP porque perdieron el poder en Galicia, una de las comunidades donde el PP siempre obtuvo más apoyos y considerada por ellos mismos como la punta de lanza para colocar a Rajoy en la Presidencia del Gobierno. Por su parte, las elecciones vascas supusieron un buen varapalo para el PP que pasó de ser la segunda fuerza política en el Parlamento de Vitoria-Gasteiz a ser la tercera. El PSE fue el gran beneficiado de estos comicios al convertirse en la segunda fuerza política con más diputados, mientras que el partido político hegemónico históricamente en Euskadi como es el PNV obtuvo una dulce derrota. Los nacionalistas vascos conservadores sufrieron un claro bajón de votos por parte de un electorado que castigó a los peneuvistas por el famoso Plan Ibarretxe que pretendía construir una Euskadi con ciudadanos de primera (los nacionalistas) y con ciudadanos se segunda (los autonomistas). De todos modos, los resultados permitieron a Ibarretxe volver a seguir cuatro años más al frente de la Lehendakaritza.  Por último, las elecciones catalanas castigaron en gran medida al partido que lideraba el tripartito de Maragall, el PSC. Los socialistas catalanes sufrieron una importante herida en estos comicios que fue cicatrizada con la restauración de un tripartito formado por los mismos partidos que en 2003, pero esta vez presididos por José Montilla, hasta entonces ministro de Zapatero. Transcurridos unos meses de los comicios en Catalunya, queda meridianamente claro que el PP se convierte en una formación política residual en Catalunya en la misma medida en que el nuevo tripartito gobierna sin las estridencias ni el ruido mediático de sus predecesores en el cargo.  Podemos decir, por lo tanto, que los diferentes comicios electorales celebrados desde el 14 de marzo de 2004 hasta la actualidad han sido aceptablemente beneficiosos para el PSOE y negativos para el PP. Por su parte, fuerzas nacionalistas conservadoras como PNV y CiU han sufrido un considerable descenso en votos que les debe hacer reflexionar sobre la dirección de su praxis política para los próximos años. IU, por su parte, sigue sufriendo la actual Ley Electoral y, sobre todo, el denominado “voto útil��? de la izquierda que mayoritariamente va a parar al PSOE o a formaciones políticas de izquierda nacionalista como es el caso del BNG o ERC. IU debe plantearse muy en serio su proyecto político para los próximos años ya que en comunidades como Galicia no tiene un solo diputado en el parlamento autonómico y en Lugo tiene un solo concejal en toda la provincia. IU se encuentra inmersa en la que es quizás la peor crisis de su historia. IU movilizó a mucha gente para protestar contra el gobierno del PP durante la última legislatura de Aznar pero esta capacidad de movilización no fue refrendada posteriormente por los ciudadanos en las urnas.
 
La oposición liderada por el PP llega a las elecciones autonómicas y municipales tras quedar totalmente desmontada y ridiculizada la conocida como “teoría de la conspiración��? que relacionaba a eta con los atentados del 11-M y que constituye la base teórica sobre la que gira la oposición del PP al Gobierno socialista. También ha quedado empíricamente demostrado que el entonces Ministro del Interior, �?ngel Acebes engañó a la sociedad española porque el mismo día de los atentados a las seis de la tarde, la cúpula policial del gobierno popular descartaba que eta fuera la autora de los atentados. Las mentiras pronunciadas por el PP entre el 11 y el 14 de marzo fueron la gota que colmó el vaso de una sociedad como la española que ya había protestado mayoritariamente contra la gestión del Gobierno de Aznar en cuestiones como la guerra de Irak o el desastre del Prestige. Tres años después, la tesis preferida por el PP para desgastar y erosionar al Gobierno se demuestra que se basaba en mentiras. El PP está en deuda con los españoles y con la verdad. Un partido de gobierno como el PP que aspira a volver a gobernar este país no puede basar en falacias y mentiras sus críticas al gobierno. El tribunal del 11-M ha descubierto hasta qué punto llega la irresponsabilidad del PP. En España urge ahora más que nunca una derecha moderna, responsable y civilizada. El PP debe pasar la página del 11-M de una vez por todas. La democracia española lo agradecerá.   Las elecciones municipales y autonómicas servirán para analizar el apoyo social que tiene actualmente el PSOE y cómo evalúan los españoles la irresponsable y crispada oposición del PP. La voz de la calle dictará, una vez más, sentencia. 

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