Protesta política: Realidad 1.0 vs. Internet 2.0

José S. Martínez

Los medios de comunicación han dado mucha importancia al papel de las redes sociales en los movimientos democratizadores en el mundo árabe. No dudo que las nuevas tecnologías están redefiniendo el espacio público, pues permiten una comunicación más horizontal, sin mediadores que decidan qué información o producto cultural debe distribuirse. Esta posibilidad, de todas formas, no quita que los mayores productores de la información que se consume en la red sigan siendo los medios tradicionales. Las noticias que más se siguen son las de la prensa de siempre o los videos que más vistos son los producidos por las televisiones convencionales.

Mi duda está en cuál está siendo la importancia de las redes sociales en estas movilizaciones políticas. Por un lado, Túnez y Egipto, países en los que de momento el movimiento va siendo más exitoso (esperemos que así siga), la penetración de Internet es relativamente escasa y sus niveles de analfabetismo son altos (en Egipto, la tasa de usuarios de Internet es 16,6% y la tasa de analfabetismo 33,5%; en Túnez son de 22,0 y de 27,1% respectivamente). Por otro lado, ha habido milenios de revueltas y revoluciones populares sin ayuda de las nuevas tecnologías. Para distribuir información sobre la convocatoria de una manifestación era suficiente con la “vietnamita” (tecnología de impresión también avanzada hace medio siglo). Por tanto, parece que las nuevas tecnologías ni son causa necesaria ni suficiente para que el pueblo se alce contra los tiranos. Eso sí, son un medio más en esta lucha. En general, creo que Internet sí está cambiando el espacio público, pero no me queda claro si este cambio supone diferencias cualitativas, o sólo de grado.

Lo llamativo es la falta de protagonismo que ha tenido en el relato mediático los que sí parecen causas suficientes para que haya movimientos populares exitosos: las luchas obreras. Se habló mucho de Twitter, pero poco del sindicato UGTT tunecino o del Movimiento 6 de Abril de Egipto. En el tratamiento mediático de este país hubo pocas referencias a las diversas huelgas y protestas sociales que fueron en aumento en los últimos años, y que permitieron que se generasen redes sociales (de la Realidad 1.0, no de Internet 2.0) de confianza en otras personas para salir a protestar y de confianza en la capacidad de esa protesta para conseguir resultados.

 En el imaginario de los medios, jóvenes sobradamente preparados pero en paro, se han organizado en Internet, han salido a la calle y tumban regímenes. Suena muy cool; no es tan guay hablar de sindicatos, protestas laborales y otras luchas sociales en la calle. Mucho menos en un contexto en el que los sindicatos tienden a ser presentados como unas asociaciones corporativas y burocráticas, olvidando que gracias a su fuerza han sido posibles muchos éxitos del Estado de Bienestar. Es más, hay quienes explican el aumento de las desigualdades en muchos países, como EEUU, debido a su declive.

Lo que parecen olvidar los medios es que para que un movimiento en la red tenga éxito necesita contar con el sentido de comunidad que se genera en relaciones cara a cara. Un sentido de comunidad más costoso que dejar algún post en un blog o un “me gusta” en el “feis”. Un sentido de comunidad en el que sales a protestar no sólo por estar en contra de una decisión, sino porque estarás en compañía de unos amigos en los que confías, con los que luego te vas a ir de cañas, y que sabes que si carga la policía (o te bombardean desde aviones) te van a ayudar.

La participación en Internet puede ser en sí misma una forma de participar, pero no es lo mismo un grupo de 100.000 seguidores en “Facebook” que en una manifestación. Por ejemplo, en Tenerife en 2002 salieron 100.000 personas a la calle en contra de unas obras que dañaban el medio ambiente (un tendido de alta tensión en la corona forestal del Teide, en Vilaflor). A las pocas horas el Presidente de Canarias, Román Rodríguez, comunicó que las obras se suspendían. Dudo que esto pasase si las 100.000 personas se hubiesen limitado a picar “me gusta” en una red social virtual. Por tanto, la movilización que no sale de Internet tiene una influencia escasa, aunque actúen sea mediante ciberataques, que no producen mucho más efecto que ocupar los titulares de la prensa tradicional unos días.

Como ha señalado Gladwell, el activismo de “Facebook” triunfa, no porque motive a hacer sacrificios reales, sino porque motiva a hacer actividades que la gente hace cuando no está lo bastante motivada para hacer un sacrificio real. Internet puede abaratar el coste de organizar la protesta, pero para que la protesta tenga éxito tienen que existir movimientos sociales fraguados en el codo con codo “analógico”.

Puede que me equivoque. Recientemente en Portugal una protesta en la red consiguió sacar a miles de personas en la calle. Siento no disponer de más información sobre lo que realmente sucedió. Pero dando por buena dicha descripción de los hechos que publicó la prensa española, para que este movimiento virtual tenga éxito, tendrá que ser algo más que una convocatoria de un día fraguada en la red. Tendrá que haber gente que se reúna, discuta cara a cara y promueva diversos tipos de protesta y de formas de presión sobre los políticos, sobre otros poderosos y sobre los medios de comunicación tradicionales. Es decir, el movimiento del ciberespacio tendrá que tomar cuerpo a este lado de la pantalla.