Propuestas para combatir la crisis del automóvil

Ricardo Parellada 

Las ventas de coches son una parte sustancial del PIB español. Cuando se venden muchos coches la economía va viento en popa y cuando se venden pocos la economía se tambalea. Parece que, de forma directa o indirecta, de la industria del coche dependen uno de cada siete puestos de trabajo en nuestro país. No es de extrañar que en estos momentos de crisis económica una de las prioridades sea reactivar la industria del automóvil.

 

Según algunos pepitos grillos, hay externalidades del coche que deberíamos tener en cuenta además del paro que genera el cierre de algunas plantas o de los turnos de noche. Los monumentales atascos generados por el aumento desorbitado de coches en nuestras calles generan la pérdida de millones de horas de trabajo. La presencia ubicua del coche genera la contaminación responsable de nuevas enfermedades cardiacas y pulmonares, estrés y hasta inusitados problemas psicoanalíticos. ¿Por qué no contabilizar estos efectos y descontarlos del porcentaje de nuestro PIB que depende del coche?

 

Pero yo aquí no pretendo recoger argumentos irresponsables, sino ofrecer una propuesta constructiva y una nueva línea de defensa de la industria del automóvil que no he visto todavía en ningún periódico entre las medidas españolas y extranjeras para proteger la industria y los puestos de trabajo que sostiene. Es sabido que para salir de la crisis es precisa una apuesta clara por la innovación tecnológica, tanto en los sectores tradicionales como en los más recientes y punteros. En principio, cada actividad económica y cada empresa debe buscar la innovación y el valor añadido a su manera. Mi propuesta es más modesta y consiste simplemente en sugerir a la industria del automóvil que se fije en la forma magistral como la industria informática conjuga tecnología, innovación y mercadotecnia. A mi modo de ver, si la industria automovilística desplegara una mínima fracción de la inteligencia característica de la industria informática, saldría limpiamente de la crisis en un par de meses sin necesidad de lloriquear y mendigar ayudas del Estado.

 

En realidad, la sabiduría informática no es completamente ajena a la industria automovilística. Los coches de nuestros padres duraban veinte años, los nuestros duran cinco y los de nuestros hijos durarán dos. Pero el coche tiene todavía mucho que aprender de los ordenadores, los miniordenadores, las impresoras y los teléfonos móviles. Por increíble que parezca, todavía hay familias que no superan la media de un coche por conductor. Sin embargo, los salones, los dormitorios, los despachos y los trasteros rebosan de cachivaches que cada vez duran menos y cada vez generan más felicidad.

 

Dado el ritmo vertiginoso del progreso tecnológico, en cuanto encargamos un cacharro nuevo o lo sacamos de la caja ya se ha vuelto obsoleto. Es imposible conectarlo con el escáner sin estrenar que espera en un rincón, pues se ha quedado anticuado. Fallan las clavijas, los drivers o los hardwares. La internete nos advierte inmediatamente de la necesidad de actualizar y proteger contra virus, antivirus y catástrofes informáticas el software que todavía no habíamos estrenado. El procesador de textos universal ya no lee lo que generó hace pocos años y se multiplican los archivos repetidos sin que sepamos si el correcto está guardado en algún sitio a salvo de la vorágine digital. Las películas en vídeo ya no valen y los  dvds son incompatibles, y hay que comprar una y otra vez la misma música en vinilo, casette, cd, dvd, mp3, mp4 y la madre que los parió.

 

La industria informática dosifica sus avances y sus entregas al mercado con toda maestría, genera dependencia, promete bienestar y nos obliga a rehacer una y mil veces nuestros datos y los programas con los que los procesamos. Y en todo momento genera expectativas, ilusión, respeto e incluso veneración. Y siempre mantiene viva la llama del progreso y el consumo que alimenta tantos puestos de trabajo.

 

En lugar de esto, la industria del coche te ofrece un cacharro que más o menos funciona cada vez que le alimentas con combustible. Pues bien, sigamos el ejemplo informático. Cada vez que te pones al volante, podría advertirte la pantalla que si no actualizas el lenguaje digital del coche te quedas en tierra, que tu antivirus está anticuado y que la cerradura necesita nuevos drivers. Se mete la tarjeta de crédito y hala, ya estamos sosteniendo los puestos de trabajo de las divisiones de actualización tecno-científica de la industria. Cuando intentemos cambiar una rueda, podría haberse vuelto incompatible, por arte de birlibirloque, con el gato y con el eje. Los limpiaparabrisas rotos podrían necesitar nuevos adaptadores, transformadores o cargadores y el volante un buen programa de copias de seguridad, bajo amenaza de esfumarse en plena curva de montaña…

 

La propia industria del coche podría emprender estas medidas con provecho y sin contar con nadie. Pero además podría reclamar una nueva línea de apoyo público que la mantuviera en funcionamiento. Cada pocos años (dependiendo del grado de mimetismo informático alcanzado), el Estado podría rehacer las normas de circulación y cambiar el diseño de todas las señales y los paneles de las carreteras. Imagínense la monumental industria de apoyo para el sector, que tendría que actualizar cada vez el hardware y el software de los coches para adaptarlo a las nuevas realidades. Todos tendríamos que volver a aprender y a examinarnos de las nuevas normas y señales cada pocos años, con lo que mantendríamos una gran actividad en el sector de las autoescuelas. Y esta rama de la pedagogía podría adscribirse por ley a la industria del coche, ofreciendo nuevas salidas a sus trabajadores e infinidad de canales nuevos de coordinación y cooperación.

 

A mí me parece que para las necesidades informáticas del común de los mortales bastaría con que cada uno tuviera un pequeño cachivache para hablar por teléfono y que además guardara todos los archivos y los datos que uno genera. Al conectarte a la red en casa o en el trabajo se actualizaría automáticamente la copia de seguridad de estos datos y ya está. Con los datos, un paquete de software sencillo, y pantallas y teclados por ahí en los que enganchar el cacharro ya tendríamos más que de sobra. Pero la industria informática maneja nuestras necesidades y caprichos de forma magistral. Que los empresarios del coche aprendan. Que aprendan a venderlos a trozos, a generar incompatibilidades entre los repuestos y la necesidad de actualizaciones y suscripciones. Y que el gobierno cambie las normas y las señales periódicamente. De este modo se reactivará sin duda la rueda económica y volveremos a comprar más y más coches, trozos de coche y repuestos de coche para poder salir de la crisis.

56 pensamientos en “Propuestas para combatir la crisis del automóvil

  1. Dos artículos de interés, al menos de mi interés, hoy en el Diario Global:

    Uno firmado por Enrique Krauze sobre el tema en estadío de tregua. on la pipa de la paz en la mano t sin la menor acritú digo estoy muy de acuerdo.

    El egundo firmado por J.L. Leal sobre las cifras del paro… : sencillamente equilibrado, lo cual es mucho para los tiempos que corren.

  2. Pruebas de que Lezo esta sumergido linguisticamente hablando:

    1ª – “en estadío de tregua. on la pipa de la paz en la mano t sin la menor acritú digo estoy muy de acuerdo”

    2ª – “El egundo”

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