Problemas de elección

Lobisón

 Tras ganar las elecciones que le convertirían, el año 2000, en el primer presidente no priista de México, Vicente Fox anunció que dejaría la selección de su equipo de gobierno en manos de un despacho de head-hunters. Imagino que no llevó este propósito hasta el fin, pero en todo caso su gobierno resultó bastante decepcionante, y cabe suponer que aquel extraño anuncio revelaba de antemano la desorientación y la imprudencia que caracterizarían sus actuaciones. Porque para elegir un equipo hay que tener una visión más o menos clara de lo que se quiere hacer, para después buscar a las personas más adecuadas para hacerlo.

Existe hoy una demanda insalvable de que todos los militantes, o incluso todos los ciudadanos simpatizantes, participen en la elección del secretario general del partido socialista y de su candidato a la presidencia del gobierno. Digo que es insalvable porque responde a un clima de opinión muy extendido en la izquierda —dentro del PP o de UPyD los tiros no van por ahí— y no responder a esa demanda podría privar de legitimidad de origen a quienes deban desempeñar estas tareas.

Ahora bien, no es nada evidente que la aceptación del principio de elecciones primarias resuelva automáticamente el problema de elegir buenos candidatos, preparados y capaces de afrontar su sometido. Porque esto depende en primer lugar de los candidatos dispuestos a competir, y después de las preferencias de los electores. En este segundo aspecto tiene un peso especial la cuestión de la estrategia. Es posible que haya desacuerdos amplios entre quienes desearían una estrategia de confrontación radical y quienes por alguna razón confunden el consenso con la gran coalición. A falta de mejor información, no cabe descartar que de la participación de militantes y simpatizantes surja un importante barullo.

Pero la cuestión clave es el repertorio de candidatos. De momento existe casi acuerdo sobre Susana Díaz como posible secretaria general, porque parece tener el empuje necesario para superar el caos interno y devolver la iniciativa a la oposición socialista. Como es evidente, sin embargo, esta posibilidad presenta problemas, porque la líder andaluza debería tratar de compatibilizar la presidencia de Andalucía con la dirección de un PSOE desnortado y convertido en una olla de grillos.

Y si hablamos de la candidatura a la presidencia del gobierno la cosa se complica aún más, por la proximidad entre las elecciones andaluzas y las generales. Pero ni Madina ni Chacón parecen capaces de crear un consenso interno a partir de su candidatura, suponiendo que ganaran las primarias. Creo que no basta con denunciar el egoísmo burocrático para resolver el problema de fondo: los socialistas estamos en un enredo sin soluciones fáciles. Qué cruz.