Primeros roces

Millán Gómez

La cuestión lingüística no había sido nunca en Galicia el centro de ninguna polémica hasta que el PPdeG decidió utilizarla como forma de erosión al entonces gobierno bipartito de la Xunta. Los populares ganaron una vez más la batalla de la propaganda. El PPdeG, formación que históricamente ha implantado desde la Xunta de Galicia todos los procesos habidos y por haber a favor del gallego, decidió utilizar esta cuestión como cebo para recibir el apoyo mediático de algún medio de comunicación madrileño y, de este modo, luchar por el poder con viento a favor.

 

De hecho, antes de la campaña electoral portales digitales conservadores como Libertad Digital sacaban “noticias” prácticamente a diario denunciando un supuesto nacionalismo en el seno de los populares gallegos. Criticaron que la web del PPdeG estaba sólo en gallego, decían que Fraga era un nacionalista, etcétera. Por este motivo, el aparato electoral del PPdeG dio una vuelta de tuerca y consiguió ganarse el favor de ciertos diarios y cadenas radiofónicas. El punto álgido de esta transformación fue una entrevista que Jiménez Losantos le hizo a Núñez Feijóo. En ella, el entonces candidato popular prometió que, en caso de ganar las elecciones, volveríamos al “bilingüismo armónico” y los padres podrían elegir en qué idioma educar a sus hijos. El objetivo de toda esta campaña era bien claro: conseguir la opinión favorable de unos medios de comunicación que, a ojos del PP, no estaban poniendo toda la carne en el asador y ganar votos en electores que se podrían decantar por UPyD.

 

Una vez que Feijóo ganó las elecciones con autoridad comenzó a matizar sus promesas en diferentes cuestiones, la lengua entre otras. Pero la noticia saltó la semana pasada cuando nombró responsable de Política Lingüística a Anxo Lorenzo, profesor de la Universidade de Vigo y relacionado políticamente con el PSdeG. Lorenzo se ha caracterizado siempre por su firme apuesta por fomentar el empleo de la lengua gallego en todos los ámbitos sociales. El sector más ultra de los medios de comunicación ya lo han tildado de “nacionalista”. Estaba cantado.

 

Esta decisión no sorprende del todo. Era de sobra conocido el poder que tiene el llamado “sector de la boina” dentro del PPdeG. En la Galicia rural, los gallegohablantes son mayoría abrumadora y los populares no estaban dispuestos a perder tan preciado botín. Además, Feijóo prometió derogar el decreto que implica que la mitad de las asignaturas se impartan en castellano y la otra mitad en gallego pero, ciñéndonos a la legalidad vigente, esta ley no puede ser eliminada así por así sino que tiene que ser siempre sustituida por otra. Su promesa tenía una carta escondida.

 

El nombramiento de Anxo Lorenzo también es un guiño a la cultura gallega, que ya se ha manifestado en contra de los postulados lingüísticos de la nueva Xunta. La propia Real Academia Galega (RAG) emitió un comunicado mostrando su contrariedad ante los planes de la Xunta popular. Todo esto se produjo, casualmente, en vísperas del Día das Letras Galegas que cada año homenajea a un literato en lengua gallega. El golpe de efecto estaba claro y más cuando estaba prevista para ese mismo día una manifestación en Compostela promovida por más de 600 asociaciones de todo tipo: culturales, deportivas, políticas, etcétera. Según los organizadores, acudieron a la cita 40.000 personas mientras que la policía calculó unos 25.000. Lo que sí está comprobado es que acudió una gran masa de gente porque tuvieron que desalojar tres veces la Praza da Quintana para que todos los manifestantes pudieran escuchar las intervenciones previstas a cargo de diferentes personalidades de la cultura gallega como el histórico galleguista de 95 años Avelino Pousa Antelo o la poetisa Yolanda Castaño.

 

La manifestación es comparativamente un éxito rotundo con respecto a la organizada por Galicia Bilingüe hace pocos meses. En la marcha convocada por GB no hubo más de 3.000 personas y eso que organizaron buses desde diferentes puntos de España. Está meridianamente claro que existe un sector social que no pretende pasar ni una a la nueva Xunta de Feijóo y que está dispuesta a salir a la calle porque considera que las propuestas del nuevo gobierno autonómico son más en negativo que en positivo, pues están más dirigidas a destruir lo realizado por el bipartito que a plantear iniciativas nuevas.

 

La manifestación supuso un nuevo brío para una izquierda gallega necesitada de algo a lo que agarrarse después de la decepción del 1 de marzo pasado. No se recordaba una concentración tan masiva desde los tiempos del Prestige. Como en aquella época, quienes salieron a la calle fueron simpatizantes del PSdeG, BNG, EU y, ojo, también votantes del PP que no están dispuestos a crear un problema donde no lo hay. Como dijo el actor Carlos Blanco “yo sí estoy a favor de una Galicia bilingüe real con el 50 % de la enseñanza, de los libros, de los canales de televisión, etcétera en castellano y  la otra mitad en gallego”.

 

Ni el PSdeG ni el BNG han reaccionado a la derrota electoral como obligaban las circunstancias. El PSdeG ha elegido como sucesor de Touriño, eso sí, al líder con más tirón y carisma que tenía a mano, pero hay quienes no entienden por qué no acudió a la manifestación del domingo de forma oficial cuando sí lo hicieron varios miles de votantes, militantes y cargos electos. Esta situación recuerda un poco a “Nunca Máis” cuando no se adscribieron a la plataforma en su conjunto, sino que se limitaron a apoyar todas las manifestaciones pero no a afiliarse como partido. De hecho, si uno revisa los militantes de “Nunca Máis”, verá como el PSdeG no se afilió en su conjunto sino que lo hicieron muchas de sus agrupaciones locales y comarcales. Puedo entender que no lo hayan hecho en aquel momento por eso de la “centralidad política” pero viendo cómo han perdido votos por su flanco izquierdo, su ausencia no tiene mucho sentido y más cuando el Día das Letras Galegas de este año estaba dedicado a Ramón Piñeiro, quien fue diputado socialista en el Parlamento de Galicia. El BNG, por su parte, cerró en falso la crisis y sigue abrazándose a una UPG que si la sacudes no sale más que polvo. Prueben y lo comprobarán. Siguen mandando los mismos coroneles de siempre y así les va.

 

Ha quedado claro que muchos ciudadanos progresistas no van a quedar de manos cruzadas. Han hecho la digestión de los resultados electorales pero consideran que una victoria por mayoría absoluta no convierte las mentiras en realidades ni te legitima para gobernar para unos pocos. Han pasado casi tres meses de la derrota electoral del bipartito y Feijóo ya ha elegido un nuevo director de la CRTVG sin apoyo del PSdeG y BNG, ha reducido el número de consellerías pero aumentando el número de asesores, utiliza las mismas mesas y sillas que tanto criticaba de Touriño y no parece que su coche oficial sea un Dos Caballos. ¡Qué frágil es la memoria de algunos!