Primer examen

Millán Gómez

De hoy en siete días Asturias y Andalucía vivirán un sábado de reflexión. Dos comunidades que servirán de pulso a la situación política actual. Servirá para calibrar por vez primera al Gobierno central del Partido Popular y sus polémicas medidas, como por ejemplo la manida reforma laboral. Ambas autonomías decidirán su futuro en base a sus cuestiones más cotidianas, pero la política estatal también tendrá su porcentaje de influencia. Resulta harto imposible medir objetivamente el efecto.

Por un lado, Andalucía se enfrenta al muy probable cambio político después de décadas de gobierno socialista. Una mutación democráticamente higiénica, independientemente de la ideología política de cada uno. Los populares, con un candidato desgastado que solo se mantiene en el puesto gracias al desgaste de años y años de socialismo en el poder, están cerca de la mayoría absoluta. En caso de no alcanzar la mitad más uno, veríamos si IU se comporta como en Extremadura o permite un gobierno de Griñán, inmerso en casos de corrupción y sin carisma. Un presidente que heredó un cargo meses después de que Chaves recibiese el apoyo mayoritario, pero el PSOE desde Ferraz decidió que su opinión era más importante que la de la sociedad andaluza. Los andaluces votaron en su día al PSOE de Chaves, no tanto al PSOE de Griñán. Volvieron a prevalecer los intereses de Ferraz por encima de los ciudadanos, al igual que en Navarra o mismamente en Aragón. En esta última decidieron que su entonces presidente desempeñase dos cargos compatibles en lo legal e incompatibles en lo ético. A mi juicio, claro. De la misma forma que es criticable la llegada a la alcaldía de Madrid de Ana Botella es el caso de Chaves, aunque hay quien en el PSOE solo ve la paja en el ojo ajeno.

Asturias, por su parte, vive una situación extraordinaria y especial: celebraron comicios hace apenas diez meses donde venció una formación política de reciente creación. El motivo de la victoria fue, evidentemente, el carisma, para lo bueno y para lo malo, del ex – dirigente del PP, Francisco Álvarez-Cascos. Una UPyD a la asturiana, lo cual es negativo se mire por donde se mire. Asturias es una comunidad más proclive a los socialistas. Según los últimos sondeos, los socialistas serían la lista más votada, lo cual ya es noticia vista la situación actual del PSOE, que si bien es la peor desde la Transición no lo es tanto como parece pues, aunque el Congreso de Sevilla fue una humillación a la inteligencia, la razón principal de su descenso de apoyos es la crisis, de la que son responsables en parte, pero que se ha llevado por delante a gobiernos de todo color en todo el mundo.

Asturias parece ser el único clavo al que puede agarrarse el PSOE, pues parece que, desgraciadamente, el constitucionalismo perderá el poder en Euskadi el próximo año. Urge una renovación real en el PSOE y se implora un análisis de por qué al PP se le resiste, pese a un breve paréntesis (1995-1999), el Principado de Asturias. Los primeros no han mejorado desde el 20 de noviembre ni un exiguo 0,01 % y los segundos viven agarrados a que la crisis siga castigando al PSOE mientras ellos, ya en el poder, silban. La política española como huida hacia delante. Hacia ninguna parte.