Presidente, te tomo la palabra

El crítico constructivo

En su primera comparecencia en Ferraz tras ganar las elecciones el Presidente Zapatero declaró que en esta nueva etapa iba a “profundizar en los aciertos y corregir los errores”. Incidió en la misma idea el lunes por la mañana tras la reunión de la ejecutiva diciendo que “hay que gobernar mejor”. Por la noche en Tele 5 dijo que “las urnas en democracia abren una nueva etapa y cierran otra”, tendiendo una mano al PP para los grandes asuntos de Estado, como el terrorismo y la renovación del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional, y otra a CiU y PNV para tener “la máxima estabilidad”. Y anunció que habría caras nuevas en el Gobierno sobre la base de sus “dos pilares”, Fernandez de la Vega y Pedro Solbes, que “continuarán en sus responsabilidades.

Poco que objetar a los logros de Zapatero en la legislatura que acaba de terminar, que fueron muchos y valiosos y explican su victoria. Y menos a sus impecables prioridades para la legislatura que ahora comienza: “Impulso a la economía, empleo, políticas sociales y recuperar acuerdos institucionales fundamentales para el equilibrio institucional”. Aderezadas con su declaración de principios de que la nueva etapa tiene que ser “un tiempo político distinto, donde la crispación pase a ser un mal recuerdo, la descalificación la excepción, las buenas formas la manera habitual de comportarse y, en definitiva, (…) sea la legislatura de la convivencia, el sosiego y la tranquilidad”.

En efecto, la relación entre forma y contenido es ineludible y me encanta que Zapatero anteponga actuar como un “gran demócrata antes que como un gran líder”. En cambio, no estoy seguro de que Zapatero sea plenamente consciente de las graves deficiencias formales incurridas durante los pasados cuatro años, en gran medida responsables de que el mejor gobierno de la democracia en cuanto a sus resultados no haya obtenido la mayoría absoluta que merecía.

El apoyo electoral en Cataluña y Euskadi ha batido récords, como también de longevidad en Andalucía. En cambio, se ha perdido mucho terreno en Madrid, la Comunidad Valenciana y Murcia. Lo uno no es incompatible con lo otro, como demostró el PSOE hasta los años noventa. Y sería una falacia culpar a la demagógica oposición practicada por el PP durante los últimos cuatro años: la irresponsabilidad pepera no habría conseguido oscurecer los méritos del Gobierno si el Gobierno hubiera sido capaz verdaderamente de hacerlos valer.

Es ya casi un tópico aborrecer de la deficiente política de comunicación del Gobierno. No lo es tanto proponer soluciones para mejorarla. La más evidente es que la Vicepresidenta De la Vega, la Ministra mejor valorada y cuya labor como coordinadora política y apagafuegos del Gobierno es impagable, no debe continuar siendo a tiempo parcial la voz del Gobierno. Nada obsta a que la número dos del Gobierno haga todas las declaraciones públicas que considere oportunas o para que se emplee a fondo en rebatir la demagogia de la oposición en el Congreso, pero la portavocía, la cara del Gobierno, debe ser un empleo a tiempo completo a cargo de un profesional en la materia. Lo cual implica también relevar necesaria y urgentemente de su cargo al actual Secretario de Comunicación Moraleda, que ni es profesional de la comunicación ni ha demostrado ninguna condición para llegar a serlo.

Evidentemente es más importante la materia a comunicar que cómo se comunica pero no es menos cierto que una mala comunicación puede invalidar un buen contenido. No hay más que recordar la excelente labor de Miguel Ángel Rodriguez al servicio de Aznar para demostrar cómo la profesionalidad comunicativa no está reñida con la indecencia moral más absoluta. Afortunadamente no hay por qué anteponer la una a la otra porque no faltan excelentes profesionales de izquierdas que podrían hacer llegar eficazmente a la opinión pública el qué, el cómo, el cuándo y el por qué de los objetivos y las decisiones del Gobierno. Labor que debería desempeñar también cada lunes tras la reunión de la Ejecutiva del PSOE porque la ciudadanía no distingue entre partido y Gobierno. ¿Alguien recuerda si el PP tenía un portavoz de partido cuando MAR era portavoz del Gobierno?

Sería sin embargo demasiado fácil achacar todos los males de los últimos cuatro años a la comunicación deficiente. Los métodos, los procedimientos, también cuentan, y mucho. El anuncio sorpresivo de medidas como el descuento de 400 euros en el IRPF o el de los 2.500 euros por nacimiento constituyeron éxitos comunicativos al centrar la agenda a corto plazo pero tuvieron escaso impacto real. No hay portavoz que valga si el libreto no está bien pensado y bien escrito: más vale sopesar los todos los pros y contras de antemano, abominando de la improvisación de última hora y adoptando como norma la planificación con antelación. No sería serio escudarse en la necesidad de evitar las filtraciones como demuestra la experiencia en otros lares.

Para ello, no es necesario adoptar la metodología de empresa privada que Sarkozy pretende imponer a sus ministros para decidir su continuidad en función de su cumplimiento de objetivos concretos. Pero sí esmerarse en la definición de competencias, en el diseño de un organigrama que clarifique las competencias y responsabilidades de cada alto cargo, lo cual les permitirá ejercerlas defendiéndose de las interferencias sobrevenidas y, al tiempo, juzgar su desempeño en las mismas con criterios objetivos.

Lo cual nos lleva a las personas, a los nombramientos. Es, evidentemente, prerrogativa del Presidente designar a los miembros de su Gobierno, atendiendo a una multiplicidad de criterios: profesionales, territoriales, de género y de partido. Nadie más cualificado para ello que el líder que acaba de revalidar la confianza de la ciudadanía. Pero sería deseable que a la hora de formar el nuevo Gobierno tuviera en mente algunos elementos que han lastrado la imagen y el peso del Gobierno en la última legislatura. La multiplicidad de voces cacofónica del principio dio paso a la desaparición política y mediática de demasiados ministros: ni tanto ni tan calvo. Algunos ministros duraron demasiado en el cargo pese a la evidencia de que no estaban siendo capaces de hacer avanzar la aplicación del programa electoral en sus respectivas áreas competenciales.

No se trata de hacer sangre pero con independencia de la valía real de su gestión, que desconozco, la Ministra Chacón ha parecido hacer más en ocho meses que su predecora en los tres años anteriores en un área prioritaria del programa electoral de 2004. El balance de la anterior ministra de sanidad era bastante aceptable pero desde que pasó a ocuparse de administraciones públicas desapareció por completo del panorama político. Dicen que la gestión en agricultura es muy buena y sin embargo la notoriedad pública de la ministra del ramo es tremendamente escasa. Son sólo algunos ejemplos. Lo verdaderamente importante no es tanto afinar más en el nombramiento de los ministros como en exigirles una presencia pública y un desempeño profesional acorde con la importancia del cargo que detentan, renovando la composición del Gobierno cuando se compruebe que no dan la talla. En mi opinión, durante la primera legislatura se podría haber hecho mucho mejor.

Lo mismo vale para la estructura y funcionamiento del Partido. Son muchas las voces que sostienen que en realidad el PP no quería ganar las elecciones, aduciendo como prueba irrefutable que, en caso de haberlo querido, no habría marginado de la lista a su mejor activo electoral. El argumento no es aplicable al PSOE porque es extremadamente difícil concebir un candidato a la Presidencia del Gobierno mejor que Rodriguez Zapatero. En cambio, no está en absoluto claro que muchos miembros de la Ejecutiva del PSOE sean los más capaces entre la militancia para contribuir a diseñar el presente y el futuro del partido. Como tampoco que la metodología de funcionamiento del partido a todos los niveles responda a mínimos criterios de profesionalidad y eficacia. Todo lo cual tiene un impacto directo en la capacidad de llegar a la ciudadanía a través de la actividad de las agrupaciones locales, pobladas de militantes deseosos de contribuir con su esfuerzo y aportar su trabajo, pero frecuentemente limitados por cargos intermedios que anteponen su comodidad en el disfrute de su posición.

En fin, Presidente, me alegra mucho que haya ganado las elecciones y que tenga claro que hay que gobernar mejor, profundizando en los aciertos y corrigiendo los errores. No me falles.