Prepararse para más Rajoy

Barañain

 Recordaba Ignacio Urquizu (“Hacia un nuevo sistema de partidos” El País 25/2/15) que “es muy prematuro dar por acabados a PP y PSOE”. Desde luego que sí. Y es que lo más probable es que en 2015 nos encontremos ante un sistema de “tres partidos y medio”, es decir,  con tres fuerzas políticas con una representación muy similar entre ellas (PP, PSOE y Podemos) y una cuarta fuerza política mucho más pequeña en el número de diputados e infrarrepresentada (Ciudadanos). http://elpais.com/elpais/2015/02/25/opinion/1424878315_310719.html 

Pero, aparte de eso, para evitar futuras frustraciones convendría ir interiorizando que es muy real la posibilidad de que Rajoy se salga con la suya. Me gustó –como siempre- el resumen que hacía José Carlos Díez del estado de la nación tras el reciente debate en el Congreso. Tras el análisis crítico de los datos económicos reales, reprochaba la ausencia de liderazgo -“se necesita un piloto que sepa adonde se dirige la nación”– y de planes del gobierno para ubicar a España en la globalización y la revolución tecnológica en la que estamos inmersos. Pero antes constataba que “la economía es cíclica, se vuelve a crecer y a crear empleo. La eficaz gestión de Draghi reduciendo las primas de riesgo periféricas, depreciando el euro y la bajada del petróleo ponen viento de cola a nuestra economía”.

http://economia.elpais.com/economia/2015/02/27/actualidad/1425038146_450914.html 

En el mismo sentido, escribía Ignacio Sotelo este pasado sábado en El País (“La hora del PP”) que “los meses que quedan hasta las próximas elecciones generales se presentan para el PP con un cariz bastante favorable”. Y es que pese al desempleo –instalado en un nivel superior al 20%, en el que permanecerá durante muchos años aún- y pese a la losa de la corrupción “disfruta de una mayoría parlamentaria contundente, un precio del petróleo bajo y una inflación moderada, de modo que podrá mantener la ilusión de que la recuperación habría llegado para quedarse. Basta con que la situación no empeore para que muchos se sientan aliviados.” 

A estos datos objetivos se suma el inestimable apoyo que le supone Podemos, la criatura promovida por la propia política del PP y a la vez su mayor chollo. Un proyecto que ha conseguido ya laminar a la menor de las fuerzas de izquierda (IU) y que amenazando a la mayor (PSOE) le tiene entretenida en apuntalar su misma existencia, distrayéndola de la construcción de su propia alternativa a Rajoy. Un proyecto cuya mera existencia y su discurso esperpéntico imposibilitan la formación de cualquier mayoría razonable alternativa a la que pueda nuclear el PP a la vez que le pone facilísimo a los conservadores  –y la cosa apenas acaba de empezar-  presentarse como única garantía de estabilidad frente a la amenaza de los bárbaros: ¿qué más podría desear Rajoy? 

El previsible resultado en Andalucía –primer asalto de un combate largo- será atípico en cuanto que mostrará, con toda probabilidad, la fortaleza de Susana Díaz –suficiente al menos para seguir liderando esa comunidad- y una debilidad del PP local difícilmente extrapolable al resto del territorio nacional y al ámbito de las municipales y autonómicas. Pero es muy posible que sea la primera ocasión en que tenga que ensayarse lo que habrá de ser el nuevo esquema razonable de alianzas ante la fragmentación del mapa político. 

Hace unas semanas, comentando una encuesta del CIS, señalaba Arcadi Espada que su  resultado “sugiere una posibilidad democrática interesante: el aislamiento de Podéis. Tal como se hizo en Francia (y, ay, ya no se hace) con el populismo lepeniano, los partidos españoles deberían afirmar su compromiso solemne de no llegar a acuerdos de gobierno con el populismo perón. Ya estoy escuchando la salmodia socialdemócrata de que eso contribuiría a su crecimiento y que es preciso atraerlos al sistema y a la razón democrática. Bien, ya está escuchado. PP, PSOE, UPYD y C’s forman el mainstream democrático español (alcanzan el 60 por ciento de los votos) y es sensato que limiten sus acuerdos políticos a la interacción entre ellos. Daría mi vida ciertamente para que usted pudiera exponer sus ideas. Pero no el gobierno. Ni el de los villorrios”.  Casi totalmente de acuerdo, salvo en la exageración sobre los villorrios, pues sabido es que en los pueblos pesan consideraciones distintas de las ideológicas estrictas. Pero la idea general es perfectamente válida. 

Tras las vacilaciones e incongruencias de una primera fase en la que el PSOE de Sánchez se mostró desorientado y seguidista (desvarío “republicano” a cuenta de la sucesión, voto en el europarlamento, baile con el art. 135 de la C.E., etc.), creo que la dirección socialista está dando pasos en la buena dirección (pacto antiyihadista, PS de Madrid, debate sobre el estado de la nación,…), aunque, mirando de reojo a los bárbaros, ha perdido un tiempo valioso.  Habida cuenta de las posibilidades –reales y amplias- que tiene el PP de recuperarse electoralmente a nivel nacional, y de la necesidad (a mi juicio, existencial, de las que no admite duda alguna) de resistir cualquier canto de sirena frente-izquierdista, la socialdemocracia, el PSOE, tendría que prepararse mentalmente para un escenario en el que lo más que consiga –si las cosas le salen bien- sea su consolidación como oposición, un éxito no desdeñable tras el vendaval antidemocrático de Podemos. Es seguro que eso frustrará en algunos territorios las expectativas de sus barones, que se verán abocados a su sustitución, pero eso no será necesariamente negativo para ese partido.