Predicción fallida y oportunidad aprovechada por Sánchez

Guridi 

Me han fallado las dotes de predicción. Si antes pensaba que era imposible que Pedro Sánchez pudiera lograr un pacto con Podemos, ahora me lo estoy pensando. 

Si dije que había que aprovechar las contradicciones de Podemos y luego que no se sabría hacer, me equivoqué. Y lo dije. La banda de Somosaguas ha llegado a sus escaños a base de montar jaleo, negar legitimidad a todo lo que no sean ellos y decir flagrantes mentiras. Los de Podemos saben cómo reventar una conferencia, manipular una asamblea estudiantil y monopolizar recursos públicos, como becas, subvenciones y repartos de despachos. Lo hacen todo en un tono muy enfadado y solemne y cuando fracasan, mienten diciendo que han triunfado, pese a tener el mundo en contra. Todo les ha ido saliendo muy bien, pero han ido dejando un reguero de mentiras y promesas falsas que les irán pasando factura.

De momento, ya les ha pasado factura la mentira que dijeron a sus aliados electorales; esa de los cuatro grupos parlamentarios propios. A la propia Bescansa se le escapó en verano que eso no era posible, pero no pasó nada, firmaron pactos ante notario de que se les concederían, cuando sabían de sobra que la fórmula que usaban para presentarse no lo permitía. Es como firmar ante notario que vas teñir el mar de amarillo mostaza. La idea era hacer algo parecido a lo que hicieron con IU en las elecciones autonómicas y municipales: una absorción encubierta, que se vería confirmada mediante los hechos consumados. Pero sus socios actuales son huesos más duros de roer. Los escasos días que han pasado desde la semana pasada han probado a Podemos y a sus socios que no se puede ser uno y cuádruple.

El cabreo en las mareas y en Compromís, que son perros muy viejos y muy curtidos, es considerable. La OPA ha quedado expuesta y han tenido que refugiarse en otra de las formulas vacías podemitas, que es la del “grupo confederal”. El todo o nada del exterior se ha convertido en exigencias de todo a nada de su interior. Pablo Iglesias ha hecho la fusión a medias. ¿Tienen grupo? Sí. Pero sólo de momento. Sus socios no parecen demasiado dispuestos a repetir la experiencia.

La jugada de leninismo fracasado de Iglesias, Errejón y Bescansa ha conseguido que, en tan sólo una semana, hayan pasado de verse favorecidos por unas nuevas elecciones, a temer el castigo de verse puestos a prueba por la realidad.

Y luego fue demasiado evidente lo de que culparan a los demás de sus sucias maniobras que contra IU-UP. Maniobras que el propio Garzón no tuvo reparos en atribuir a Podemos.

Y un mérito hay que reconocer al actual equipo dirigente de Ferraz: no saben ganar elecciones, pero saben ganar Congresos. Y están manejando al resto de diputados como si fueran delegados de una agrupación provincial. Y ahí es cuando nuestros chicos brillan.

Mientras, Podemos tratará de recuperar ventaja con su habitual muestra de matonismo, golpes de efecto y poses de comunista de instituto. No sé qué montará hoy Pablo Iglesias cuando vaya a ver al Rey, pero me apuesto una botella de vino peleón a que hará alguna de las suyas.

Pedro Sánchez está más cerca que la semana pasada de ser Presidente del Gobierno. Sigo sin creer que ello sea necesariamente bueno, pero tiene derecho a jugar sus bazas y, desde luego, se está dejando la piel por lograrlo. Por la cuenta que le trae. 

Ahora, Susana Díaz debería estar reflexionando sobre sus acciones pasadas y sobre el camino que quiere recorrer en el futuro. Si Sánchez no triunfa, debería ser lo suficientemente elegante y generosa como para no interponerse en el camino de una dirección del PSOE que no esté encabezada por ella misma y en aprovechar los mejores resultados que obtendríamos en ellas. Algo en lo que tampoco creía yo la semana pasada.