¿Por qué es necesario un nuevo modelo turístico en España?

Ariamsita 

Por su peso tanto en la producción nacional como en la creación de empleo, así como por su papel en el equilibrio de la balanza de pagos, el sector turístico se posiciona como pieza clave en la economía española, representando en datos del INE  alrededor del 10% del total del PIB  en los últimos años y hasta un 12% del total del empleo de nuestro país. Si a esto añadimos el hecho de que España sea el tercer país más visitado del mundo y el segundo que más ingresos recibe a través de esta actividad, es lógico pensar que estos elementos deberían ir acompañados de un modelo turístico sólido, dinámico y sostenible en el medio/largo plazo. Sin embargo, da la sensación de que la realidad del sector está aún bastante lejos de alcanzar ninguno de estos objetivos.

El sector turístico en España es, hasta cierto punto, un ejemplo más en este país de cómo dejar que la inercia trabaje sola, sacar beneficios de la coyuntura económica del momento, llevarse las manos a la cabeza cuando llegan las épocas de recesión y esperar a que el ciclo económico vuelva a la normalidad, sin pararse a diagnosticar qué ha fallado, qué podemos mejorar o cómo prevenir que una crisis vuelva a golpearnos en el futuro (igual os interesa este artículo) . 

Poco ha cambiado -o al menos mucho menos de lo que a algunos nos gustaría- la oferta turística  desde que explotase con fuerza en los años 50 gracias a un modelo basado en productos de sol y playa a precios asequibles, que dio lugar en su momento a destinos costeros bastante homogéneos entre sí . A día de hoy, y pese a la consciencia de la necesidad de trabajar con el objetivo de la diversificación de la oferta del sector, el turismo en España sigue siendo una actividad altamente estacionalizada, concentrada en áreas muy específicas y que presta poca atención a la capacidad de carga de los destinos y al cuidado del medio ambiente. 

Un modelo que tiene poco en cuenta las nuevas características de la demanda turística a nivel global, que nos indican que poco queda de aquellas largas vacaciones en un destino de playa sin requerir nada más. Los turistas del siglo XIX viajan más y durante períodos más cortos, buscando vivencias diferentes, así como sumergirse en la cultura del destino elegido. Son exigentes, experimentados, y desean alcanzar una experiencia personalizada en detrimento del turismo de masas. En este contexto, el producto tradicionalmente ofrecido por España corre el riesgo de caer en la llamada placelessness (ese sentimiento de ‘podría estar en cualquier sitio’), ya que, en ausencia de un esfuerzo de diferenciación, muchos de los resorts actuales podrían estar ubicados en cualquier lugar del mundo con clima mediterráneo. 

Varios han sido tradicionalmente los problemas arraigados durante décadas del sector turístico en España. Algunos, como la dependencia de turoperadores extranjeros a la hora de gestionar la demanda internacional o la ausencia de planificación y legislación, comienzan a subsanarse en los años 90. Otros, como la marcada estacionalización de la actividad o la concentración geográfica en zonas de litoral están sobre la mesa, sin que una verdadera alternativa acabe de desarrollarse. Por último, las características del modelo han llevado a que gran parte del empleo creado sea precario, temporal y de baja cualificación. 

¿Hacia dónde puede dirigirse, entonces, el turismo en España? Negar la importancia del clima como pieza clave sería estúpido, más teniendo en cuenta las infraestructuras ya desarrolladas en zonas costeras. Sin embargo, parece necesario encontrar el modo de diversificar la oferta promocionando otras tipologías. Tanto el turismo verde como el cultural se posicionan como las principales alternativas que podrían complementar el modelo tradicional, creando un valor añadido que cubra las nuevas expectativas de la demanda, al mismo tiempo que contribuyendo a la búsqueda de un modelo que sea sostenible a medio y largo plazo en términos de respeto al medio ambiente y a los recursos naturales, más cuidadoso con la capacidad de carga de los destinos. La elevada cantidad de recursos turísticos en España que aún no han comenzado a comercializarse debería hacernos ser optimistas respecto a las posibilidades de desarrollo de una alternativa a la situación actual.