Por humor a la patria

José D. Roselló

Si les digo ahora mismo que esto va a ir sobre el tema catalán, lo mismo piensan que acá viene otro análisis elucubrando sobre las verdaderas claves del conflicto. Pues no, no va por ahí la cosa. Sea el conflicto el que sea,  sus claves queden para gente de cabezas mejor amuebladas y con más profundo conocimiento del asunto. La cuestión viene por otro lado.

Hace muy poco, y gracias a las nuevas tecnologías, un amigo me presentó un programa que lleva emitiéndose en TV3 desde el año 2004; se llama Alguna pregunta més?, y también se le conoce por las siglas APM. Se trata de un programa de humor satírico que versa sobre la actualidad catalana y española.

APM está construido a base de montaje de vídeos a un ritmo vertiginoso. Política, sociedad, deporte, cultura, critica televisiva, todo pasa por la máquina de picar y no deja títere con cabeza. Una maravilla. Algunas cosas se pierden para los que no somos catalanoparlantes, con todo, el balance de lo que se comprende y lo que no es muy favorable a la primera opción.

Recuerda un poco al bloque humorístico de la Cadena SER “Todo por la radio”, por el uso que se hacen de ciertas inserciones, o comentarios que, a manera de “memes” se insertan entre noticias o declaraciones reales, como si las valorasen, punteándolas de tal manera que el público se despepine de risa.

Especialmente recomendable el bloque que llaman “Defensor del espectador” donde a través de entremezclar imágenes y comentarios recogidos entre el público del Camp Nou un día de partido, se abren en canal los auténticos disparates que a veces nos quieren hacer ver desde la televisión. Han sufrido esta implacable y mordaz defensa hasta los informativos, pasando por el lamentable “Entre Todos” de TVE o el  heterodoxo Iker Jiménez y su Cuarto Milenio. Podría decirse que más que ridiculizar, sale a la luz la tramoya con la que se arma cierto producto televisivo, criticando mediante el humor y dando que pensar. Pero vamos, cualquier sección del programa es buena.

Puede que muchas veces la síntesis de una carcajada sirva más que el análisis elaborado para expresar las conclusiones de la realidad, siendo también más saludable que el exabrupto indignado.

¿Qué tiene que ver esto con el “tema catalán”? Pues algo sí.

El debate entre referéndum y no referéndum, entre que si la independencia es posible o imposible, deseable o perniciosa, debemos reconocer que ha acabado produciendo hastío y alejamiento entre “catalanes” y “españoles”, interprétense las identidades entrecomilladas a grandes rasgos. Tanto que, como pasa en estas situaciones a veces se tienda a deshumanizar al otro, viéndole como la quintaesencia de todo lo que no compartimos con su punto de vista, o con su ser, convirtiéndole en la suma de conductas reprobables y todo tipo de vicios intelectuales. Demonización y extrañamiento.

No es que hayan abundado de un tiempo a esta parte puntos de encuentro entre las dos (o tres, o cinco, las que sean) formas de contemplarse unos a otros. APM, por rocambolesco que pueda sonar, a mi entender sí propicia este conocerse y reconocerse.

Por ejemplo: nunca he comprendido mejor, nunca he interiorizado más, la aburrida irritación, la pereza inmensa que da cierta parte del “españolismo” a la mayoría de los catalanes, que cuando he visto algún montaje realizado con las perlas de los 13TVs, los Intereconomia, los Terchs y las Curris de este mundo. ¿Pero cómo va verse alguien con las mínimas ganas de compartir un país, o un estado o siquiera un geranio con tales cabezas? Es que no puede uno negarse la tentación de contemplar la posibilidad de compartir vía independentista, sí es de los citados líderes de opinión.

Posiblemente no muchas cosas permiten un encuentro entre, llámese inteligencia, conciencia, alma o humanidad, tanto como el sentido del humor compartido. Reírse de las mismas cosas y de la misma manera, reconocer la agudeza del comentario, pasmarse ante el atrevimiento, admirar la lucidez, la mordacidad o la factura de una sátira.

El humor de APM, vitriólico alguna vez, otra más dulcificado, otras absurdo permite a lo hilarante ser un vehículo de compresión e identificación con el otro más inmediato que charlas de corte intelectual, moral o histórico, mejor o peor construidas. Usando el baqueteado paralelismo que en el tema catalán se hace con las relaciones afectivas ¿cuántas veces no se han arreglado diferencias mediante el expediente de una buena juerga juntos? Donde a veces nos hemos cansado de oír lo mismo, el camino de las emociones compartidas despierta esa complicidad tan importante en cimentar los lazos humanos.

No solo de lo institucional se constituyen puentes. Al final, somos personas.

De hecho, uno de los factores que construyen los pueblos, o las identidades es tan inaprensible como el “sentirse igual que el otro”. Sobre esta brecha identitaria que se abre entre “lo catalán y lo español” se preocupan gentes inteligentes. Se habla de “tener un proyecto común”, por ejemplo, de nociones que transitan más por el camino de lo sentido que de lo regulado.

El postulado es provocador y algo ingenuo, francamente. Seguro que sorprende los primeros a los creadores de APM,-de los que desconozco su posición sobre el déficit fiscal o si se sienten más o menos oprimidos- pero con los que siento que me entiendo en muchas cosas. A ver si va a ser que constituyen, a día de hoy, una de las cosas, y no sobran de éstas, que propician la vertebración, esta vez por el humor, de España.