Por fin, Obama le pone el cascabel al gato

Magallanes 

El 4 de Junio pasado Obama, desde la Universidad de El Cairo, dirigió al mundo musulmán un trascendental discurso que inaugura un cambio drástico de actitud del gobierno estadounidense respecto a los países islámicos. Uno de sus puntos básicos se refiere a la  consecución de la paz entre Israel y Palestina. El Presidente Obama ha seguido la trayectoria que en su día trató de impulsar el Secretario de Estado James Baker.

 

El 22 de Mayo de 1989 James Baker se dirigió al América-Israel Public Affairs Commitee diciéndoles “Ha llegado la hora de que Israel abandone para siempre la irrealizable visión del Gran Israel; hay que parar la absorción de territorio, dejar de construir asentamientos”.  Hace 20 años de este discurso e Israel ha proseguido sin parar la construcción de nuevos asentamientos, perforando el subsuelo para darles agua y  estableciendo carreteras  entre los asentamientos exclusivas para israelíes, todo ello a costa del territorio palestino.

 

Todo ello comenzó hace 42 años, al perder los palestinos la guerra del 5 de junio de 1967 y ocupar Israel Cisjordania y Gaza. La ocupación no era solo para que no les volvieran a atacar, sino para dar rienda suelta al sueño salomónico del Gran Israel (Eretz Israel).

 

No deja de ser significativo que el importantísimo discurso de Obama en el Cairo el pasado 4 de junio haya tenido lugar el día anterior al comienzo de la guerra del 67.

 

Pero antes de este discurso, ya se produjeron discusiones entre el Gobierno de Obama y las autoridades israelíes. Según el periódico  israelí de amplia circulación Yediot Aharanot,  cuando Israel firmó en 2003 el famoso Road  Map o Hoja de Ruta, se comprometió a terminar la ocupación de Gaza en 2005 y a no establecer nuevos asentamientos en Cisjordania, pero a cambio se permitiría el “crecimiento natural” de los asentamientos ya existentes. Es decir, acompañando el crecimiento reproductivo de la población ya asentada. El periódico advierte de que tanto Obama como Hillary Clinton han definido la congelación de los asentamientos excluyendo totalmente la posibilidad de “crecimiento natural”.

 

El artículo publicado en  este periódico 2 días antes del discurso de Obama demuestra que el pronunciamiento de Obama no son solo cantos de sirena para el Islam sino que ha sido precedido de discusiones en las que Israel ha querido hacer valer las promesas de Condoleeza Rice y Bush, de las que se ha desligado  el actual gobierno  estadounidense.

 

El discurso de Obama bien podría llamarse el “New Deal” que EEUU ofrece a los árabes y palestinos. Es la primera vez que un político norteamericano se refiere a la existencia de Palestina y la primera vez que dice que, al igual que el pueblo judío lleva muchos siglos sufriendo persecuciones buscando una patria, también el pueblo palestino lleva  60 años sufriendo, tratando de encontrar una patria. También señaló que “en privado muchos musulmanes reconocen que Israel no va a desaparecer y muchos israelíes reconocen que hace falta un Estado Palestino. Pues hay que decir en público lo que reconocemos en privado”. Y finalmente “EEUU no puede aceptar la legitimidad de los continuos asentamientos israelíes. Esta construcción viola acuerdos previos y socava los esfuerzos para conseguir la paz”.

 

El citado periódico israelí publicó una encuesta el pasado viernes. A la pregunta de si Netanyahu debería aceptar los puntos de vista de Obama o enfrentarse a ellos, un 56% contesta que debe aceptarlos frente a un 4% en contra. En cuanto a la congelación de los asentamientos,  un 52% es favorable frente a un 40% en contra. Pero cuando  la pregunta es si debe permitirse el “crecimiento natural” de los asentamientos, un 54% considera que debe permitirse. Un editorial del viernes en el periódico liberal Haaretz  indica “Netanyahu tiene que decidir en las próximas semanas  con quién quiere pelearse: con la poderosa administración americana cuyo presidente se ve imbuido  de un rol mesiánico o con su propia coalición y miembros de su partido.”

 

Le ha llegado a Netanyahu el turno de poner el cascabel.