Por fin Europa reacciona

Magallanes

La revolución democrática de Túnez seguida de la de Egipto, en las cuales tuvieron mucha importancia  jóvenes generaciones con facilidad en el uso de móviles, facebook,  twitter y ganas de derrocar dictaduras gerontocráticas, encendieron similares revoluciones en el resto del mundo árabe. EEUU y Europa se vieron sorprendidos. Estaban acostumbrados a un statu quo con las dictaduras y monarquías ancladas en el pasado. Pero finalmente reaccionaron, aunque con cierta tardanza, poniéndose del lado de los movimientos renovadores en Túnez y Egipto. Sus dictadores se vieron abocados a marcharse al no estar sus cúpulas militares dispuestas a mancharse de sangre. Le tocó el turno a Libia y Gadafi se negó a renunciar al poder, cayese quién cayese.

Gadafi se había ganado la complicidad de las democracias occidentales en parte por su petróleo y gas natural, pero principalmente por su franca enemistad con Al Qaeda. Ésta se había extendido por todo el Sahel o África Subsahariana. Toda esta zona entre el Sahara y el Golfo de Guinea está constituida por Estados muy pobres y generalmente aliados o protegidos por su ex metrópoli, Francia. A Francia le interesa mucho que al norte de esta zona de su influencia haya un Estado como Libia, que sea enemiga del integrismo musulmán. También a EEUU que, después de unas gélidas relaciones con Libia por el derribo terrorista del avión Lockerby sobre Escocia,  a partir del 11-S había entablado muy buenas relaciones con los servicios secretos de Libia para descubrir las  intenciones y medios de Al Qaeda. Inglaterra, que tenía encarcelado al terrorista responsable de la bomba que derribó al Lockerby, se encontró con que  British Petroleum no podía cerrar un sustancioso contrato con Libia si no se liberaba al mismo. Finalmente un juez encontró que el terrorista tenía una grave enfermedad y que era mejor que acabara de cumplir su condena en Libia. El terrorista fue recibido con todos los honores en Trípoli. Suiza, se vio metida en un lío al juzgar al hijo de Gadafi, por maltrato a los sirvientes de un hotel en Suiza. La reacción de Gadafi no se hizo esperar: metió en la cárcel a tres suizos que estaban en Libia. Finalmente, la intermediación de España, permitió que se les devolviera la libertad. También Gadafi se convirtió en el guardián de la Europa mediterránea impidiendo que emigrantes subsaharianos embarcasen en sus costas hacia Europa. Nadie se quería acordar de que en 1995 había asesinado a 1200 prisioneros políticos de una tacada.

Gadafi, pues, tenía muy segura su relación con EEUU y Europa y si, además, contaba con la sumisión de sus militares, no tenía por qué temer que se le impidiese reprimir brutalmente a los jóvenes revolucionarios. EEUU y Europa confiaron en que los insurrectos fuesen capaces de reivindicar su libertad sin ayuda y, al principio, así  pareció. También lo creyeron los revolucionarios a los que se habían unido algunos militares con su equipo. Gadafi, mientras tanto, estuvo reorganizando sus fuerzas mientras los revolucionarios hacían conquistas ondeando banderas. Uno de los pocos que se dio cuenta de lo que iba a ocurrir fue el filósofo/periodista Bernard-Henry Levy. Él fue a Bengasi y escuchó los horrores de las cárceles y centros de tortura subterráneos del régimen de Gadafi. Inmediatamente llamó a  Sarkozy y le pidió que recibiera a los dirigentes del Consejo Nacional de transición que se había establecido en Bengasi. Sarkozy respondió positivamente y, adelantándose arriesgadamente al resto de Europa, rompió relaciones con Gadafi, reconociendo a este consejo como representante de Libia. A partir de entonces, quedaba obligado a convencer al resto de Europa y EEUU de la necesidad de montar una zona de exclusión aérea o, en caso contrario, hacer el ridículo. Recibió la ayuda de David Cameron, Zapatero y algunos otros dirigentes europeos. Conquistar la ayuda  de EEUU fue más costoso. Obviamente tan metido en Afganistán y después del desastre de Irak, Obama no se sentía con ganas de liderar esta coalición, pero sí de formar parte de ella. Por fin, a pesar de todos los esfuerzos dilatorios de otras potencias con voto en el Consejo de Seguridad, se consiguió. Europa, liderada por el eje Franco-Británico, ha recuperado su dignidad. Defendiendo la democracia y los derechos humanos fuera de sus fronteras aunque eso perjudique a dictadores que le prestan recursos energéticos y otras ayudas.

 Es verdad que el resultado de esta postura puede no ser triunfal. Lo más probable es que Libia se acabe rompiendo en dos. En efecto, no puede haber una invasión terrestre y es muy probable que los revolucionarios no consigan expulsar a Gadafi de una parte de Libia que posea recursos energéticos y un puerto de mar. Además, tiene muy buenas relaciones con países africanos a los cuales ha regalado la  construcción de colegios, hospitales e infraestructuras. Ellos le pueden suministrar soldados y armamento a través del Sahara. Cuenta con la ayuda política de China, Brasil y Venezuela. Pero aunque el resultado de esta acción sea mediocre y costoso, simplemente el hecho de que Europa haya tomado una iniciativa y la esté llevando a cabo es todo un éxito.

 El final que tenga esta acción influirá muchísimo en cómo se van a desarrollar las las revoluciones en curso en la península arábica. Pero eso ya es materia para otro artículo.