Por el incremento de las pensiones y el adelanto en la edad de jubilación

Drodrialbert 

El gobierno del PP, con mayoría absoluta de escaños pero no de votos, se dispone a atacar nuevamente los derechos fundamentales de las personas, en este caso mediante el recorte presente y futuro de las pensiones. El PP pretende basarse en un informe de supuestos expertos, once hombres y una mujer, que en realidad trabajan, en su mayoría, a sueldo de bancos y compañías de seguros. En su documento, venden como verdades absolutas hipótesis de partida que sólo son juicios de valor, y manipulan los datos en función de determinados intereses, en un ejercicio de carencia de ética y de rigor impropio del que tendrían que ser unos científicos sociales mínimamente honestos. 

El discurso del poder económico afirma más o menos que tenemos y tendremos un grave problema a la hora de pagar las pensiones, porque cada vez hay menos gente trabajando en relación a las personas mayores dependientes. Y esto se agravará en el futuro porque la población está envejeciendo. Por lo tanto, se tienen que recortar las pensiones y se tiene que retrasar la edad de jubilación, puesto que en caso contrario la sociedad no tendrá recursos para mantener a todo el mundo. 

Todo este planteamiento está lleno de falacias, de olvidos interesados y de afirmaciones políticamente sesgadas, como intentaré demostrar en este artículo. En primer lugar, hay que criticar el enfoque totalmente economicista e inmoral de la cuestión y las bases que lo sustentan. En el mundo capitalista, la gente mayor es presentada como una carga que gasta recursos económicos, cuando en realidad estamos hablando de personas que aportan al conjunto de la sociedad una experiencia y un conjunto de actividades que, a pesar de no ser valoradas en dinero, tienen una importancia capital. Pero para el establisment actual todo aquel que no trabaja dentro de la esfera de producción capitalista simplemente es una rémora.

En segundo lugar, el gasto actual en pensiones de España es de un 10% del PIB, ante el 11.3% de la media de la UE. Por lo tanto, si queremos andar en la senda de los países que nos rodean, lo que tendríamos que hacer es incrementar esta inversión, no reducirla. Además, es falso que las pensiones se tengan que pagar obligatoriamente con las aportaciones a la Seguridad Social, puesto que al fin y al cabo es el conjunto del Estado el que controla todo el presupuesto. Y aquí tenemos que hablar necesariamente de los ingresos, que en España están muy por debajo de la media comunitaria debido a la regresividad de nuestro sistema fiscal y al ingente fraude que tenemos que sufrir por parte sobre todo de las grandes fortunas. 

En tercer lugar, la tasa de ocupación de un país se puede incrementar de maneras muy diferentes. La más sencilla, directa y evidente es la de acabar con el paro, hecho que supondría la incorporación de más de seis millones de personas a la población ocupada. Es surrealista que en el contexto actual se pueda hablar de manera tan alegre del famoso factor de sostenibilidad, mientras el capitalismo expulsa a más del 25% de la ciudadanía del llamado mercado de trabajo.

En cuarto lugar, el incremento en la esperanza de vida no es igualitario entre todas las capas sociales, e incluso en el momento de crisis actual se está reduciendo entre las personas más desfavorecidas. Además, no todas las ocupaciones traen asociada la misma esperanza de vida, mientras que la aplicación de las medidas neoliberales pretende ser lineal para todo el mundo. Cualquier consideración de clase queda fuera del análisis oficial.

Podemos continuar enumerando el conjunto de falsedades que se desprenden del discurso del gobierno, pero creo que es mejor y más útil centrarnos al enfocar de manera totalmente diferente el tema de las pensiones. De este modo, podremos ver que no sólo existe ningún problema futuro en su pago, sino que se pueden plantear medidas radicalmente antagónicas a las que se nos ofrecen desde el grupo de pretendidos expertos en la materia. 

Entre los años 1970 y 1997, el PIB español (a precios constantes, es decir, descontando la inflación), se multiplicó por 2.06. La población ocupada, en cambio, sólo se incrementó en un 8%. Por lo tanto, la productividad por trabajador aumentó un 91% en sólo 27 años. Esto significa, redondeando cifras, que lo que producía cada trabajador español en 1970 se dobló en tres décadas. Con estos datos, resulta un olvido imperdonable que el informe de los ‘expertos’ no realice ninguna proyección futura del incremento de la productividad hasta el 2050. No hacerlo implica mantener constante una variable que va evolucionando en base al progreso técnico, y que permite que el pastel de renta a repartir se incremente de manera muy significativa. En realidad, obviar este hecho implica suponer que todo este incremento de la productividad es apropiado por el capital, hipótesis que nunca se explicita.

Por lo tanto, si de aquí al 2050 duplicamos otra vez la productividad, y además incorporamos a la población ocupada los seis millones de parados que tenemos a la actualidad, resulta que no sólo no existe ningún problema en la hora de mantener las pensiones futuras, sino que se pueden incrementar de manera sustancial. También se puede reducir la jornada de trabajo y avanzar la edad de jubilación. Todo es una cuestión de reparto, de hecho la variable económica clave en todo el proceso es la distribución de la riqueza, que el gobierno del PP prefiere obviar de manera vergonzante.

Conforme se introdujeron los adelantos técnicos a lo largo de la historia económica, buena parte de la clase trabajadora expresó el temor de que este hecho pudiera provocar una sustitución de personas por máquinas y un incremento del paro. La respuesta por parte de los científicos honrados siempre ha sido muy clara: el progreso técnico tiene que utilizarse para permitir que la gente trabaje menos horas y libere tiempo para el ocio y otras actividades fuera de la esfera productiva del capitalismo.

Podemos explicarlo de manera muy sencilla y con todo el sentido común del mundo. El mismo progreso científico que nos permite vivir más años nos facilita a la vez que podamos trabajar menos horas, acabar con el paro mediante el reparto del trabajo y jubilarnos unos cuántos años antes. Siempre y cuando, está claro, los frutos derivados del adelanto técnico se distribuyan de manera justa entre la población, hecho totalmente contrario a los intereses partidistas de los sicarios al servicio de la patronal.

Los economistas neoliberales nos presentan toda una retahíla de fórmulas y gráficos, a veces ininteligibles, que no hacen sino esconder las variables clave en el debate sobre la cuestión. Rodeados de toda una parafernalia a veces mística, el gobierno pontifica después de reducir la realidad a un discurso manipulado con un doble objetivo: recortar derechos de las personas y privatizar las pensiones, con los beneficios multimillonarios que esto puede comportar al capitalismo financiero.

La alternativa es fácil y la tenemos que explicar con toda la pedagogía del mundo. El incremento de la esperanza de vida no es un problema, sino un beneficio que genera muchas oportunidades si se extiende de manera razonable y justa al conjunto de la población. El debate es evidentemente de cariz ideológico y, como suele ser habitual, se puede reducir a un elemento  que siempre está y estará presente en el mundo actual: la lucha de clases.