Populismo anti-corporativo

Chuchango 

Uno de los problemas de la izquierda es encontrar un “sujeto”, tras la implosión de la clase obrera. Apelar a los ciudadanos como “víctimas de las grandes corporaciones y los poderes coporativos” puede suplir esta ausencia, aunque con menos épica. Por un lado, todos los ciudadanos tienen dimensiones de su vida como consumidores. Por otro, en su experiencia como consumidores son frecuentes las situaciones en las que se sienten maltratados. El rechazo de la izquierda al mundo del consumo, por economicismo ramplón, ha hecho que no se explote adecuadamente este problema de la vida cotidiana.

 Un ejemplo: en Tenerife, hace unos 5 años, casi toda la isla (700.000 personas) se quedaron sin electricidad durante dos días, por una avería de Endesa – Unelco, que allí opera en régimen de monopolio. No sé cómo va el asunto de las indemnizaciones, pero no era fácil preparar los trámites y cobrar. Sin embargo, el corto tiempo que viví en EEUU, vi cómo tras un tornado que dejó sin teléfono a ciertos condados, las compañías telefónicas enviaron directamente cheques a los clientes para indemnizarlos. Obviamente esto no se debe a la bondad de las empresas de EEUU, sino a su sistema de sanciones con las que no cumplen. Además, tiene que ver con la variedad de oferta, que lleva a una mayor competencia entre empresas por captar clientes.

 Recientemente, el Ministerio de Sanidad ha lanzado la iniciativa de mejorar los servicios de atención al ciudadano. Hay que potenciar más este tipo de medidas. Por otro, hay que abrir los mercados a más competencia. El Presidente saliente de la Comisión Nacional de la Competencia, por ejemplo, denuncia el exceso de carteles en nuestra economía. También hay algunos estudios que muestran que nuestro diferencial de inflación con la zona euro en los últimos años se ha debido a los márgenes empresariales, no a los salarios. Por ejemplo, tenemos bancos con comisiones de las más altas de la UE.

 El ciudadano como consumidor también debe ser un sujeto del discurso político, un discurso de todos contra las “grandes empresas malas”. Esto se puede enmarcar en un discurso más general como “populismo anticorporativo”, donde el pueblo se enfrenta a grandes corporaciones y sectores corporativos como notarios, registradores de la propiedad, farmaceúticos, etc. El caso de los controladores aéreos muestra cómo el populismo anticorporativo puede ser un mecanismo eficaz de genera identidad de pueblo. Ahora mismo, un discurso contra la banca también es exitoso. 

Por otra parte, son muchos los ciudadanos que trabajan para estas grandes empresas, ya sea de forma directa o en subcontratas. También se deben aprovechar estas experiencias negativas contra las grandes empresas. Hay que combinar las dimensiones de clientes y asalariados maltratados por las grandes corporaciones. Además, en tanto que asalariados, conecta mejor con la tradición de reivindicación de izquierdas. 

Debe quedar claro que la expresión “populismo” se emplea aquí en tanto que identidad popular, lo cual no quiere decir que sea sinónimo de demogaogia o intento de aviviar bajas pasiones populares, como en muchas ocasiones se entiende el populismo. Populismo así entendido, es una forma de identidad colectiva, en la que se disuelven otras identidades, como las nacionales, religiosas, profesionales, etc. Creo que parte del éxito de la derecha ha sido su capacidad para ser populista. Ha tenido éxito en crear un “otro” frente al cual se opone el pueblo. Este ‘otro’ es el extranjero y/o las minorías étnicas o religiosas. La izquierda no querido entrar en el juego de buscar oposiciones que generen una identidad popular, y así le va por todos lados… 

Este populismo tiene dos tipos de problemas. Por un lado, todos estos “cuerpos” son muy poderosos; por ejemplo, a los notarios se les intentó meter mano al comienzo de la crisis y luego se reculó. Creo q el éxito contra los controladores es que “sólo” podían paralizar el tráfico aéreo, mientras que bancos, notarios, etc… a saber qué podrían hacer… Por otro lado, está el “enemigo interior”. Mucha gente que está en política comparte intereses con este mundo corporativo. Es lo que se conoce como revolving doors (puertas giratorias). O la “captura del regulador”: los medios de cabildeo que tienen para lograr legislaciones favorables. Estos problemas quedan bien retratados en el documental Inside Job.