Pocas propuestas, viejos argumentos

Millán Gómez 

El lunes pasado se celebró el primer debate previo a las elecciones europeas entre Juan Fernando López Aguilar y Jaime Mayor Oreja. La confrontación dialéctica se ciñó al guión esperado. La agenda política española centró los argumentos de uno y otro por encima de propuestas para lo que realmente está en juego: el futuro de Europa. La crisis económica fue la tesis de discusión principal.

 

En definitiva, los espectadores pudieron presenciar dos propuestas políticas totalmente antagónicas, recordando en parte los agrios debates entre Zapatero y Rajoy de febrero del año pasado. Aguilar, con su oratoria cuidada y fluida, basó su estrategia en dos frentes: por un lado defender al Gobierno en su gestión de la crisis y, en segundo lugar, atacar a Mayor Oreja por su pasado y escasa influencia en el Parlamento Europeo. Mayor, en cambio, centró su parlamento en desacreditar al Gobierno por su política contra la crisis y en tratar de erosionar a los socialistas españoles criticando el contexto actual del socialismo italiano, francés y alemán por su falta de cohesión. La división interna de la izquierda siempre ha sido un argumento tradicional de la derecha y Oreja, como símbolo que es de las carcas esencias de la derecha, retomó este argumento. Llama la atención que el PP vuelva a emplear este tema después de varios años sin apenas utilizarlo. Durante el primer tripartito de Maragall, esta cuestión fue una crítica muy frecuente por parte del PP con el fin de mostrar unas supuestas contradicciones internas entre algunos líderes del PSOE y el PSC. Posteriormente, esta cuestión fue colocada en un plano más secundario porque pocas lecciones podía dar la derecha española en este sentido cuando las luchas internas en el seno del PP para una hipotética sucesión de Rajoy están a la orden del día.

 

Una conclusión fundamental que podemos sacar del debate es que el PP es incapaz de aportar una sola propuesta para salir de la crisis. No recuerdo ninguna iniciativa relevante de Mayor Oreja en el debate del lunes pasado. Medidas de la derecha como  la bajada de impuestos y una mayor facilidad en los despidos laborales son conocidas más por precedentes históricos que por proponerlas explícitamente en los últimos tiempos. El PP está desaprovechando la posibilidad de presentarse ante la opinión pública como un partido capaz de aportar alternativas. Ésta es la principal razón por la cual el PP, en un contexto más que favorable para sus intereses, no es capaz de abrir hueco, como se dice en el argot ciclista, con el PSOE. El PP considera estos comicios como unas generales anticipadas y, debido a la más que previsible alta abstención (los datos de audiencia del debate son poco esperanzadores), una victoria por la mínima no le sirve para mostrar músculo. Teóricamente la poca movilización de los votantes beneficia a la derecha y todo lo que no sea una victoria del PP por más de dos o tres puntos porcentuales será una decepción. Si esto sucede, Rajoy y los suyos declararán públicamente que esto es el comienzo de la Reconquista y no sé qué historias más. Los lectores recordarán perfectamente cómo este discurso ya fue utilizado en los últimos comicios municipales y autonómicas del 27 de mayo de 2007 donde el PP ganó al PSOE en número de votos pero perdió importantes autonomías, alcaldías y diputaciones provinciales. 

 

Aguilar demostró ser un valor importante dentro del PSOE. Es innegable su facilidad oratoria y su fluidez a la hora de expresarse. Su capacidad dialéctica es una virtud pero que revierte en defecto entre algunos electores que pueden aducir que ya estamos ante el típico político que habla pero no dice nada. Mayor Oreja actuó inteligentemente en este ámbito ya que al poco de comenzar el debate le acusó de “estar en un mitin permanente”. Asimismo, dio un golpe en la mesa cuando, tras ser criticado sensatamente por Aguilar por su alergia a ciertos progresos sociales en Estrasburgo, respondió que su papel no debe ser tan menor cuando tiene un alto cargo dentro del Grupo Popular en el Parlamento Europeo. Aguilar pudo haber utilizado la información que difundió el diario “Público” hace unos días según la cual Mayor Oreja es uno de los eurodiputados menos participativos.  

 

El candidato socialista venció en el primer debate porque no adoptó una posición defensiva sino que jugó a dos bandas a la hora de exponer que el Gobierno defiende que la crisis no la deben pagar las clases más desfavorecidas y que, como esta situación crítica de la economía es consecuencia directa de las políticas neoliberales, debemos modificar el modelo productivo español y que el ladrillo deje de ser el bastión de nuestra economía. Aguilar expuso más y mejor sus argumentos frente a un Mayor que, pese a las dos intervenciones lúcidas anteriormente comentadas, defendió más pasado y una obsesión enfermiza por desgastar a los socialistas introduciendo cualquier crítica que poco tiene que ver con lo que realmente nos jugamos el 7 de junio.

 

El próximo miércoles los dos candidatos del PP y el PSOE se volverán a medir. Cierto es que quizás es mucho esperar que el PP se centre en propuestas económicas y que favorezcan el progreso de la sociedad europea pero no por ello debemos desfallecer en esta demanda. Desde la llegada al poder de Zapatero en 2004 nunca el PP tuvo tan asequible mostrarse ante la sociedad como un partido capaz de volver a gobernar este país. No lo están aprovechando. Como dijo el casi siempre sensato Ramón Jaúregui, el PP no propone porque, al igual que sucedió en la pasada legislatura con la política antiterrorista, ve en la crisis su clavo al que agarrarse para volver al poder. No aprenden.