Pobre Mariano

LBNL

Dicen que el Rey, después de recibir al Presidente del Congreso hoy para ser notificado oficialmente del fracaso de la investidura de Pedro Sánchez, no iniciará una nueva ronda de consultas inmediatamente sino que esperará a recibir noticias de algún movimiento político que tenga visos de propiciar una mayoría suficiente. Evitar la tesitura de volver a rechazar el encargo o aceptarlo en esta ocasión sin que haya variado nada, es prácticamente el último consuelo del Presidente del Gobierno en funciones, cada vez más sólo y con menos probabilidades de repetir en el cargo, pese a haber ganado las elecciones por segunda vez, después de haberlas perdido otras tantas en el pasado. Si de algo puede presumir el pontevedrés es de resistente pero me temo que en esta ocasión su resistencia será esteril: es imposible que repita con el reparto de escaños actual y de repetirse las elecciones es más que probable que su posición empeore todavía más. Gracias a dios.

Como venimos sosteniendo desde esta atalaya, el maldenominado fracaso de la investidura de Pedro Sánchez ha sido en realidad una jugada táctica de lo más provechosa, tanto para el propio candidato, que ha ganado en estatura política mientras se blindaba frente a los movimientos internos que querían deponerle, como para el partido socialista, que es percibido por la opinión pública como una opción responsable, pragmática y constructiva, junto a Albert Rivera y Ciudadanos, que están demostrando con los hechos que no eran una mera marca blanca del PP.

La última encuesta de El País así parece confirmarlo: frente a un 36 por ciento de la opinión pública que se alegra de la frustración de la investidura de Sánchez, un 48 por ciento considera que es una mala noticia. Más significativo resulta que un 50 por ciento de los votantes de Podemos compartan el diagnóstico negativo sobre la pinza que han ejercido Pablo Iglesias y sus acólitos junto al PP y manteniendo con vida su gobierno en funciones. Lo de andar en camisa por el Congreso, amamantar bebés y darse besos seguramente les parece muy bien, como me lo puede parecer a mí, y hasta darle caña al PSOE hasta en el carné de identidad, sin necesidad de recurrir a la cal viva pero denunciando que rechace un acuerdo verdaderamente progresista, etc. Pero lo cortés no quita lo valiente y una abstención puntual, de unos cuantos, al estilo CUP en Cataluña, habría permitido desalojar al PP del poder y situarse en un plano de altura moral capitalizable durante meses al estilo de “no se olvide Señor Sánchez de que si Usted es Presidente es gracias a nosotros”.

Ciertamente semejante comportamiento no habría supuesto ningún cargo en el Gobierno para Podemos pero como ya defendí la semana pasada, me temo que la pinza les va a situar en una posición todavía más débil. Sánchez ha resistido el pulso y el reloj ya está corriendo. Podemos puede rebajar sus condiciones o mantenerlas y forzar nuevas elecciones pero con la mosca detrás de la oreja porque corre el riesgo de perder todavía más apoyo popular.

Una de las principales incógnitas es si conseguirá acudir a unas nuevas elecciones coaligado con IU. También ahí pecaron de arrogancia, ofreciendo a Garzón y compañía integrarse en sus listas pero rechazando una fórmula más equilibrada que les habría dado los centenares de miles de votos adicionales con los que habrían podido consumar el ansiado sorpasso al PSOE, al menos en votos y probablemente también en escaños. Estaría Podemos y estaríamos todos en una situación política bien distinta si hubieran medido bien sus fuerzas. Afortunadamente se equivocaron y posiblemente vuelvan a hacerlo porque es dudoso que de repetirse las elecciones y yendo coaligados con IU, la suma vuelva a ser superior al resultado del PSOE. La encuesta de El País no entra en tanto detalle pero me interesaría muchísimo una estimación de cuántos votantes de Podemos se siente engañada o desencantada con la exigencia de un referendum de autodeterminación para Cataluña que, al menos yo, no escuché durante la campaña electoral.

Lo que sí dice la encuesta de El País es que un 80 por ciento de la opinión pública considera que el tiempo del pobre Mariano ha pasado, incluido un 47 por ciento de los votantes del Partido Popular. Tiene que ser muy duro aguantar dos legislaturas en la oposición tras sendas derrotas, llegar al Gobierno, considerar que has hecho lo mejor para tu país y para tu partido, conseguir que tu partido sea el más votado (aunque también el que más votos ha perdido) y que 8 de cada diez españoles y 5 de cada 10 de tus votantes consideren que debes irte a casa. Mariano es un resistente pero no puede ser de piedra. Debe resultar muy difícil dirigir las reuniones del partido y dar mítines sabiendo que alrededor de la mitad de los presentes considera que la mejor opción colectiva pasa por tu retirada.

No creo ni por un momento en que Mariano vaya a dar un paso al costado o que vayan a animarse a hacerle la cama. Él podría intentar maniobrar en los próximos días para que el Rey le encargue formar gobierno pero chocará con la negativa cerrada del PSOE y en consecuencia seguirá careciendo de los apoyos para superar la investidura que hace muy poco le llevaron a declinar el ofrecimiento del monarca. Es posible, por tanto, que no intente nada aparte de seguir ofreciendo un pacto a tres al PSOE y Ciudadanos que no deja de ser un brindis al sol dada la inflexibilidad del PSOE. Tendrá que contemplar, por otro lado, el baile de contactos y declaraciones cruzadas de PSOE y Ciudadanos, por una parte dado que han anunciado que van a negociar conjuntamente, y Podemos de otra, sabiendo que sus soflamas en defensa de la unidad de España no tendrán mucho recorrido dada la clara negativa del PSOE al referendum catalán y la todavía mayor oposición al mismo de Ciudadanos. Todo ello sabiendo que si todo le sale bien y Podemos sigue enrocado pese a la opinión de sus votantes, iremos a unas nuevas elecciones en las que el PP perderá votos y escaños y entonces sí, resultará inevitable que abandone. Y mientras tanto, los varios sumarios judiciales avanzando y el Madrid en crisis…