¿Plebiscito?

David Rodríguez

Plebiscito: Consulta que los poderes públicos someten al voto popular directo para que apruebe o rechace una determinada propuesta sobre soberanía, ciudadanía, poderes excepcionales, etc. Fuente: Real Academia Española.

Plebiscito (traducción del catalán): Consulta directa al pueblo de un estado o territorio con personalidad política, para obtener la ratificación de una medida o sobre la gestión de una persona. Fuente: enciclopedia.cat. Grupo Enciclopedia Catalana.

Como puede observarse, y sin que sirva de precedente, las autoridades lingüísticas de España y de Catalunya se muestran de acuerdo en el significado del término ‘plebiscito’. Se trata de la consulta al pueblo sobre UNA determinada propuesta o medida. Coloco en mayúscula la palabra ‘UNA’ porque tengo la impresión de que en los tiempos que corren hay personas que se olvidan de esta pequeña característica de la definición. 

A pocos días de las elecciones catalanas del 27S, uno de los debates que sigue en el candelero es sobre el supuesto carácter plebiscitario de las mismas. Acabamos de ver que esto es incorrecto desde el punto de vista semántico, ya que se requiere la consulta explícita sobre un tema concreto. Sin despreciar esta perspectiva lingüística, me gustaría centrarme también en el carácter más político de la discusión (aunque partir de la base de que la política pueda contradecir a la semántica ya es algo arriesgado). 

En las elecciones autonómicas se procede a elegir un Parlamento que debe legislar sobre diversas materias, como la educación, la sanidad, los servicios sociales, el territorio o el medio ambiente, por poner sólo algunos ejemplos. Es evidente que en el caso de Catalunya el Parlamento también toma posición respecto a algo tan fundamental como la cuestión nacional, sobre la que en cambio no puede legislar sin el beneplácito de España. Como partidario del derecho a decidir, obviaré el hecho de que no podamos ejercer la autodeterminación desde el punto de vista legal. Pero como defensor de los derechos sociales, no puedo olvidar que Catalunya tiene competencias sobre temas muy delicados que afectan a las condiciones de vida materiales de las personas.

Teniendo en cuenta lo anterior, pretender que las elecciones sean un plebiscito sobre la independencia me parece una absoluta falta de respeto hacia los asuntos de carácter social. Puedo entender que haya opciones políticas que defiendan la secesión y a la vez propongan importantes cambios sociales, pero no puedo compartir bajo ningún concepto que otras formaciones insistan hasta la saciedad en la cuestión nacional como el único tema a tomar en consideración.

No quiero que se interpreten mis palabras como una defensa de la imposibilidad de acceder a la independencia. Ya he dicho que soy partidario del derecho a decidir, pero éste debe ejercerse mediante una consulta específica sobre esta materia, y desde el absoluto respecto al resultado final de la misma. No entro ahora en el debate de si el referéndum ha de ser o no pactado con el Estado, aunque es evidente que siempre es mejor que así ocurra, como reconoce hasta la propia hoja de ruta de la propuesta independentista con mayor intención de voto en estos momentos.

Desde mi punto de vista, el problema político de fondo es que la derecha catalana representada por CDC utiliza el nacionalismo como cortina de humo para continuar efectuando recortes, privatizando y perjudicando a la mayoría social. Debe reconocerse la habilidad de Artur Mas para resucitar en diversas ocasiones un proyecto tocado de muerte, pero la insistencia obsesiva de sus correligionarios en que él ha de ser el próximo presidente pone de relieve que la propuesta de los convergentes piensa mucho más en su propia supervivencia que en la soberanía de Catalunya y en el bienestar de su pueblo. 

Finalmente, sigo teniendo la convicción de que con CDC nunca se producirá la independencia de Catalunya. Próximamente analizaremos los resultados del 27S, pero sean cuáles sean me parece claro que cualquier acción del próximo gobierno de Catalunya va a esperar a los resultados de las elecciones legislativas españolas. Artur Mas ya lo ha insinuado, y corren voces de que incluso altos dirigentes de ERC comienzan a arrepentirse de su alianza con la derecha nacionalista. Un abrazo del oso que probablemente conduzca a un nuevo callejón sin salida.