Pinceles y capas de pieles

Julio Embid

Quienes me conocen saben que, entre otras aficiones, cuando llego a casa, después de cenar, me gusta ponerme a pintar miniaturas. Saco los espráis, agito, imprimo, dejo que se seque. Saco los pinceles y empiezo a embadurnar de colores y tintas la miniatura ya sea un enano de fantasía, un soldado del futuro, una tribu de celtíberos o un carro blindado de la Legión. Cuando acabo, la coloco en una vitrina y a por la siguiente. Y durante ese rato pintando me olvido de mi trabajo, de mi familia, de mis amigos, de la política, de las candidaturas del PSOE y hasta del día que es.

Esta semana el grupo animalista estadounidense PETA instó a la empresa que fabrica las miniaturas del juego de mesa “Warhammer” a que no vuelvan a diseñar más miniaturas ficticias de plástico o metal con capas de piel (de plástico o de metal) porque y leo de manera literal: “al cubrirlas con lo que parece una réplica de un animal muerto se envía el mensaje de que usar pieles es aceptable”. Está claro que esos adolescentes, veinteañeros y treintañeros que alguna vez hemos pintado la capa de lobo de un Lobo Espacial (como el de debajo), somos más propensos a comprarnos un abrigo de pieles de visón o de zorro para ir a Misa de Doce.

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Puestos con ese razonamiento algunos pedirán que no volvieran a editarse ningún videojuego de la saga “Colonization”, donde se recrea el descubrimiento de América y la creación de las colonias europeas, porque en ellos se puede comerciar con pieles y cambiarlas por oro. Retiraría también videojuegos clásicos como “Age of Empires II” donde en un poblado medieval se podía cazar con arcos un ciervo para dar de comer a los habitantes. En ambos casos se hace apología de la caza y la violencia contra los animales.

Ya en serio, y volviendo al anterior juego, si pinto un orko, un alienígena extraterrestre que se dedica a matar y a saquear a los humanos por afición, no quiere decir que quiera hacer apología del asesinato y el saqueo. Simplemente quiere decir que he pintado una miniatura y la he gozado durante un par de horas haciéndolo. Incluso si pinto la miniatura a 28 mm de un soldado alemán de la II Guerra Mundial, no quiere decir que esté haciendo apología del nazismo. Tanto si juego con él, a juegos de recreación de batallas como “Bolt Action” como a “Flames of War”, como si lo guardo en una caja.

Flaco favor hacen al ecologismo y a la defensa de los animales aquellos que defienden los derechos de animales ficticios o mitológicos. Que en las escuelas no se enseñe la leyenda de “San Jorge y el Dragón” no hará resucitar a los dragones, básicamente porque nunca existieron. Creo que en una sociedad como la española donde uno de cada tres hogares tiene algún tipo de mascota habrá que tener en cuenta esta realidad. No en vano el partido animalista antitaurino PACMA fue la fuerza política extraparlamentaria más votada en las elecciones generales de 2016 con 284.000 votos. Con un sistema electoral más proporcional hubiera obtenido representación en el Congreso de los Diputados. Está claro que, tanto desde la izquierda como desde la derecha, se debe alcanzar un consenso para regular el maltrato animal, la tauromaquia, los espectáculos con animales o el trato a las mascotas, pero creo que el criterio principal debería ser discriminar en favor de aquellos animales que respiren. En la novela “Rebelión en la Granja” el gran George Orwell decía que “Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros.” Está claro que también hablaba de aquellos bípedos habituados al ridículo constante.