PIB español: ¿por qué no encallas?

Miguel Sebastián

 

El próximo martes, 4 de diciembre, se cumple un año desde que abandone la Oficina Económica del Presidente del Gobierno. Un año intenso para mí. Para otros, parece que hace mucho menos. Para otros, que sigo estando aún ahí. Yo sigo callado. Trabajando. Dando mis clases. Escribiendo mis artículos, en clave positiva, como el que os adjunto. No me meto con nadie.

 

Solo me da rabia no tener más tiempo para poder estudiar más. Al leer algunos editoriales de periódicos relevantes descubro cuáles son los verdaderos “problemas capitales” de la política económica española. Y los economistas, sin enterarnos. Nada, ¡a seguir estudiando!

 

Un abrazo a todos.

 

 

PIB español: ¿por qué no encallas?

 

El pasado miércoles el INE publicaba el dato de crecimiento del PIB español del tercer trimestre: un 3,8%. Es cierto, como se ha repetido hasta la saciedad, que se trata de una desaceleración económica de dos décimas con respecto al segundo trimestre y de tres con respecto al primero. Pero no es menos cierto que se trata del tercer mejor valor de los últimos 6 años, y que estamos casi un punto y medio por encima del promedio europeo. España sigue siendo, dentro de los grandes países europeos, el que más crece. Y la pregunta que se hacen muchos es ¿por qué? Algunos porque les gustaría que no fuera así y desean que la economía encalle e incluso se hunda. Otros, los más, porque están deseando que continúe. Para los segundos, este dato del PIB debe ser considerado como una buena noticia, porque su composición muestra la fortaleza de la economía española y su capacidad para hacer frente tanto a las turbulencias externas como a su propio cambio de modelo interno.

 

Es cierto que el dato refleja una desaceleración del consumo y de la inversión en construcción. Pero, ¿acaso no se trata de lo que los economistas veníamos calificando de “deseable” desde hace tiempo? Lo interesante no es esta moderación de estos dos componentes de la demanda, sino que pese a ella, el PIB español sigue mostrando una gran fortaleza. En efecto, tal y como recoge el gráfico, la demanda nacional crecía un 5,1% hace menos de un año, en el cuarto trimestre de 2006. Hoy crece un punto menos, pero el PIB no ha reducido su crecimiento en un punto, sino en apenas dos décimas. El motivo es la menor contribución negativa del sector exterior, que ya sólo detrae 0,6 puntos al crecimiento. Si hay sucesivas reducciones del crecimiento de la demanda, que las habrá por la previsible evolución del sector inmobiliario, ello no se traducirá en caídas del PIB en la misma cuantía, porque la contribución negativa se seguirá cerrando.

 

 

 

La evolución de las exportaciones, con un crecimiento del 8%, el más alto desde 2001 compensa parcialmente el aterrizaje inmobiliario. No hay que olvidar que el valor añadido del sector residencial apenas representa la mitad del valor añadido del sector turístico. Los motivos de este buen comportamiento exportador merecen una columna aparte, pero la mejora de la productividad y la consiguiente reducción de los costes laborales unitarios están detrás de la recuperación de los márgenes del sector exportador. Es verdad que la economía española sigue teniendo en la productividad su asignatura pendiente. Pero también es verdad que el crecimiento de la productividad multiplica por 6 el que había en 2004. Detrás de esta recuperación se encuentra, sin duda, el fuerte proceso de inversión en equipo, que con una tasa de crecimiento del 11%, anticipa un importante crecimiento de la producción y renta futuros, así como el crecimiento de la inversión en I+D+i, que alcanza un máximo en términos de PIB.

 

El otro componente de la demanda que merece comentario es el consumo privado, que ha crecido un 2,9%, casi un punto por debajo del PIB, algo que lleva haciendo desde hace 6 trimestres. Este ajuste del consumo se explica, en buena parte, por el impacto del euribor, fundamentalmente a través del coste de las hipotecas. Pero, incluso si los tipos de interés oficiales no bajan, este ajuste finalizará en el verano de 2008, en que el consumo podría volver a acelerarse, en consonancia con la evolución de la población y el empleo. El otro elemento que explica la moderación del gasto de los consumidores es la evolución salarial. Pero mostrará signos de mayor vigor con la recuperación de la remuneración real de los asalariados, por primera vez en 15 años.

 

Y los que pronostican el parón de la economía española, volverán de nuevo a preguntarse el año que viene: ¿por qué no encalla?