Periodistas, simpatías y conspiraciones

Guridi 

 Dentro de los partidos llamados “tradicionales” sorprende mucho la indisimulada simpatía de la prensa hacia “Podemos”, el 15M o la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Esta simpatía siempre es observada con sospechas, achacándose a los intereses de los dueños de los grandes conglomerados de comunicación, a maniobras de los adversarios políticos o cualquier otro tipo de conspiración. Sin embargo, creo que esa simpatía es espontánea y que se debe a la situación de la prensa en general. Iré diciéndolo por partes: 

Los periodistas sufren especialmente la precariedad laboral, la pobreza y la pérdida de derechos laborales. Una licenciatura en periodismo ya no es la que era. Más bien, nunca ha sido gran cosa. Los aprendices de periodismo encadenan un trabajo gratuito tras otro, una beca que disfraza un empleo mal pagado o, peor todavía, se ven forzados a pagar para tener trabajo, lo que se conoce como “Máster de Periodismo”. Durante años, los jóvenes que se han querido dedicar a informar, se han estrellado contra un techo de cristal laboral, mientras que los más veteranos les han explotado salvajemente como becarios, por salarios de 300€ al mes, mientras las vacas sagradas de la profesión ganaban cómodamente más de 3000€, más gastos de representación, teléfono y tarjeta de Iberia. En España no es raro que los mejores profesionales de la prensa cobren menos que los peores. 

Desde que empezó la crisis, además, 11.000 periodistas han quedado en el paro, decenas de medios han echado el cierre y los que han conservado sus trabajos, lo hacen con rebajas salariales de entre el 15% y el 50%. 

La caída de ingresos de la publicidad ha provocado que los medios sean más sensibles a los poderosos. Periodistas de provincias contemplan rabiosos cono algún cacique de la construcción pasa a dictar la línea editorial de su medio, mientras que los de Madrid y Barcelona observan impotentes cómo los bancos, el gobierno de la nación y los gobiernos de sus respectivas comunidades hacen y deshacen a su antojo en sus redacciones. 

Los periodistas, por la propia naturaleza de su oficio, llevan mucho tiempo siendo testigos de las desigualdades sociales, la pobreza, los crímenes, los chanchullos y la inoperancia del político medio, que les persigue con tonterías para conseguir su minuto de atención mediática. Los periodistas han cubierto desahucios, obras faraónicas sin propósito, filas de gente en los bancos de alimentos, crímenes de odio y violencia de género. Y, a la vez, han visto intercambios idiotas de notas de prensa, cruces de declaraciones de personajes como Alfonso Alonso o Martínez Pujalte, debates parlamentarios sin propósito alguno y la vida regalada que algunos mediocres se han dado, excusándose en la representación popular. 

Los periodistas ya estaban indignados, antes de que los indignados montasen las tiendas de campaña en la Puerta del Sol. Y ellos mismos han olido el aire rancio de las partes más viciadas de nuestro sistema. ¿Cómo nos puede extrañar que los hombres y mujeres que trabajan en los medios y no han cumplido aún los 40 no simpaticen con esta clase de movimientos? No sólo han experimentado el abandono de los poderes públicos, sino que también han visto cómo éstos han reaccionado con la atontada inercia de un herbívoro grande. 

Los periodistas no sólo son los transmisores de la información, sino que también son sujetos políticos. Sus simpatías actuales no se deben a una gran conspiración, sino al exceso de éstas.