Perder una oportunidad para callarse

José D. Roselló

O lo que hizo el presidente de la CEOE,  Juan Rosell a finales de la semana pasada. Por si estaba el ambiente poco cargado de prominentes personalidades haciendo declaraciones pintorescas en público, decidió el máximo responsable de los empresarios españoles sumarse al cortejo. Debe ser que, como la gripe, se extiende de mala manera la afección de no pensar dos veces lo que se dice estando delante de un micrófono.

Tres ideas dejó Rosell a los periodistas que ahí se congregaron: que hacen falta “minijobs” para los jóvenes; que es necesario pagar subsidios a los funcionarios para que no vayan a trabajar “y gasten papel y teléfono”; y, por último, la mejor, que la EPA está mal hecha porque no se cree el número de parados.

No está mal para quien, por su cargo, se supone que habla en representación del colectivo de los empresarios españoles y a quien, también, se supone una preparación adecuada para tratar temas técnicos o, al menos, el sentido común suficiente para no disparatar en público.

Ante el muy comprensible aluvión de críticas, con datos y explicaciones, que han elaborado desde el INE hasta periodistas especializados y contrastados economistas, lejos de rectificar, abundaba Rosell ayer mismo en una entrevista que publicaba El País: “díganme el nombre de los expertos y comparamos sus razonamientos con los míos”.

No va a producirse tal debate público, pero el espectáculo merecería la pena, desde luego. En el rincón rojo toda la metodología de estadística económica, compartida a nivel internacional, y mejorada constantemente desde su creación, contrastada y examinada, junto con sus usuarios y elaboradores: FMI, OCDE, EUROSTAT, y toda la alineación de gala de expertos en mercado laboral, nacionales e internacionales;  en el rincón azul el “se me ocurrió el otro día” y el señor Rosell. Prometedor.

Asimismo resulta muy iluminador esa imagen que debe tener el señor Rosell en la cabeza de la administración española, cuasi galdosiana, llena de gente llamando por teléfono, suponemos que fijo, a troche y moche mientras devoran papel como cabras hambrientas y descontroladas. Casi faltó decir que ahorraríamos en viseras verdes y manguitos. Intentando contraargumentar con seriedad, puede decirse, una vez más con datos, que lo cierto es que el número de funcionarios en España está por debajo de la media europea, y eso contando a maestros, médicos, jueces y policías. No obstante, es más tentador ponerse al mismo nivel de elaboración técnica del argumento y simplemente decir que, en el año 2012, la gente “wassapea”, escribe correos electrónicos y usa el solitario, el buscaminas o lee la prensa digital. No estamos en la cultura del átomo, sino del byte, por cierto desde hace unos añitos ya. A ver si luego el ahorro no iba a ser tanto -viseras y manguitos descartados.-

En cambio, no hubo un mensaje tan claro, que hubiera sido extraordinariamente deseable, sobre la visión que la CEOE tiene de la aparición de nombres muy importantes de empresas y empresarios españoles ligada a escándalos de corrupción. Fuera de las responsabilidades penales, que para eso está la justicia: ¿cree la CEOE que esta es una práctica generalizada?; y si es así, ¿cómo piensa que podría combatirse?; ¿qué debería pasar con un responsable empresarial cuando le cogen dando dinero bajo cuerda a un  político o a un partido?; ¿debería también dimitir de sus funciones directivas?, ¿ser despedido?, ¿recibir algún tipo de censura pública?  Son cuestiones interesantes también, al menos tanto como la opinión personal (al parecer, no muy informada) que tiene el señor Rosell sobre las herramientas de medición económicas, o sobre cómo mejorar la eficiencia de la Administración Pública.