Pelota hacia adelante

Gironés

El paso del tiempo lo cura todo, o lo podría curar todo.

Finalmente, y como ya sabe TODO el mundo, JXS y la CUP llegaron a un acuerdo. Tras tres meses tediosos y lúgubres, el acuerdo llegó  en el último momento. Tres meses que han desangrado significativamente al proyecto independentista, y en mayor mesura a la parte más débil de este.

El acuerdo, un poco extraño  y difícil de explicar, sirve básicamente para ganar tiempo y para intentar recomponer las fuerzas de aquellos  catalanes que intentan poner en jaque al Estado.

Tiempo que gana JXS para intentar desarrollar una más que difícil hoja de ruta, que tiene que desembocar en un referéndum constitucional. Es difícil creer que en 18 meses el nuevo gobierno podrá implicar a grandes partes de la población que  hasta el momento se han mostrado reacios ante la posibilidad de crear un nuevo estado. Imposible? No, pero muy difícil. Aunque supongo que es algo a lo que algún día se tenían que afrontar.

La CUP también gana tiempo. Tiempo para intentar recomponer las importantes heridas internas que durante estos tres meses se han ahondado y a las cuales, de una vez para siempre, la formación anticapitalista tendría que  afrontar y intentar resolver, si no quiere que en poco tiempo vuelvan a emerger. Y tiempo que gana para explicar un pacto que los sectores más españolistas de la izquierda catalana han intentado demonizar de forma demagógica y un poco  falaz. Aquellos mismos sectores que ahora se plantean pactar con el PSOE en España.

Y finalmente, también gana tiempo  el independentismo de pie. Aquellos sectores sociales que han visto como se acababa, y ya era hora, la “revolta dels somriures”, y que han visto el surgimiento de la parte más desagradable de la política.  Porque todos aquellos que creen en la necesidad de construir un nuevo estado tienen que estar dispuesto a renunciar a parte de su tranquilidad espiritual. Sin una importante masa social dispuesta a hacer un paso hacia el vacío quizá mejor que no probemos nada y que nos quedemos en casa, repartiendo las miserias que Montoro y compañía nos dejan gestionar.

Y más ahora que el gran líder de esta pequeña revolución ha pasado a la papelera de la historia.