¿Pedro Sánchez fiambre?

LBNL

Bueno, pues ya pasaron las elecciones gallegas y vascas y pasó lo que estaba previsto: mayoría absoluta del PP en Galicia, relativa del PNV en Euskadi y sorpasso de Podemos al PSOE en ambos territorios – en Galicia salvando los muebles, debacle completa en el País Vasco con casi sorpasso del PP. A sabiendas de lo que se le viene encima, Pedro Sánchez se desgañitó el sábado en Cataluña reafirmando que el PSOE no será cómplice de la investidura de Mariano Rajoy. Hoy se reunirá con la Comisión Permanente de su Ejecutiva, pero el Comité Federal sólo lo hará a finales de semana. En el ínterin, la presión arreciará, desde fuera y desde dentro. Dados los resultados, lo lógico sería que Sánchez dimitiera, pero a juzgar por su comportamiento desde incluso antes de ser elegido Secretario General – y habiendo escuchado a Cesar Luena anoche – es altamente improbable que lo haga. Al contario, es mucho más probable que se resista como gato panza arriba, al más puro estilo Rubalcaba. No me extrañaría nada que tras la reunión de la Ejecutiva, escuchemos cómo la mayor culpa por los malos resultados es de los “críticos” por armar tanto ruido durante la campaña. Y tampoco me sorprendería que Pedro Sánchez se atreva a convocar un Congreso, como ha venido amagando en los últimos días, o elecciones primarias para ser candidato a la Presidencia del Gobierno, para las que, de momento, no hay otro candidato, como tampoco a la Secretaría General.¿Dará Susana Díaz finalmente el paso? Es dudoso porque no será nada fácil deponer a Sánchez, que sigue manteniendo el apoyo de algunos “barones”. Ella y los demás críticos pudieron haberlo hecho inmediatamente tras las elecciones de diciembre pero no se atrevieron, supongo que en parte porque Susana no tenía clara la siguiente jugada. Y sigue sin estarlo.

Los críticos se distinguen porque no quieren ni oir hablar de un gobierno alternativo conjuntamente o con el apoyo de Podemos. Pero no les resulta nada fácil argumentar a favor de la abstención, que la mayoría de la militancia parece rechazar pese a la continua argumentación favorable de la vieja guardia encabezada por Felipe. Y claro, echar a Pedro para seguir votando en contra de Rajoy no será fácil de explicar tampoco. Con el agravante de que, cercenada la opción de un Gobierno alternativo con Podemos, llevaría inexorablemente a unas terceras elecciones en las que la ciudadanía castigaría sin duda el guirigay interno del PSOE, sea quien sea el candidato.

Si el PP hubiera ganado un par de escaños más en junio las cosas serían bien distintas, especialmente ahora que puede garantizarle estabilidad total a Urkullu a cambio de sus seis diputados en Madrid. Susana Díez  y los suyos podrían echar a Sánchez por su pésima gestión – guerra de guerrillas entre Ferraz y muchas federaciones del partido – y resultados electorales. Y mantenerse en el “No es no” sin tener que pasar por nuevas elecciones casi sin tiempo de renovar la oferta electoral. Pero no fue así y, como mínimo haría falta que se abstuviera el diputado canario que concurrió en la lista del PSOE. Eso suponiendo que el PNV esté dispuesto al trueque y que la debacle de ayer no afecte al pacto de Ciudadanos – desaparecidos en combate anoche – con el PP.

Me siento incapaz de predecir que pasará en el PSOE en las próximas semanas pero estoy absolutamente convencido de que no será positivo para el futuro del partido que pretende ofrecer una alternativa de gobierno nacional de izquierda sensata. Lo cual no es bueno. Si Pedro Sánchez consigue resistir, tendremos terceras elecciones y el PSOE seguirá bajando en votos y escaños, más que Podemos, que seguramente materialice el sorpasso. Si consiguen echarle seremos muchos los que nos bajaremos del carro si el nuevo liderazgo es cómplice de la investidura de Rajoy sin extraer una serie de compromisos concretos que valgan la pena.

Esta sería la única hipótesis que encuentro positiva tanto para el PSOE como para España. Que Susana Díaz u otro se presente a suceder a Sánchez proponiendo un pacto de investidura con el PP a cambio de blindar la sanidad y la educación a los recortes, una nueva legislación laboral, moratoria a los desahucios a favor de las entidades de crédito, reforma de la ley electoral, etc.

Pero en todo caso, que no me vengan con el cuento de que es todo culpa de Pedro Sánchez, que – aclaro – no es santo de mi devoción en absoluto. Pero hay que recordar que fueron precisamente los que ahora quieren tumbarlo los que le entronizaron en su momento, con Susana Díez a la cabeza, con tejemanejes parecidos a los que Pedro Sánchez ha utilizado posteriormente.