Patriotismo digno

Millán Gómez 

El pasado sábado se celebraron en el conjunto de España cientos de plenos municipales donde se elegía alcalde para los próximos cuatro años. La noticia que nos gustaría dar a los medios de comunicación hubiese sido la normalidad democrática. También el análisis de los cambios políticos que se produjeron en diferentes municipios. Una vez más, la sinrazón y la intolerancia volvieron a saltar a las portadas informativas por motivos fundados pero indeseados. Carlos García, concejal del PP en Elorrio (Bizkaia) y, por ende, meritorio ciudadano sufrió las acometidas del clan proetarra, siempre dispuesto a madrugar un sábado para insultar a quienes no piensan como ellos. ¿Los etarras y sus adláteres piensan? No ¿No somos demasiado benevolentes con ese término? Mucho ¿Garantistas quizás también en el plano semántico? También.

Carlos García sufrió insultos, humillaciones e incluso intentaron agredirlo. ¿Cuál es el defecto de Carlos? Su militancia en el PP y, en este caso concreto aumentada con su decisión de apoyar al candidato del PNV. Todo ello sumado a su decisión soberana de impedir un gobierno de Bildu en la localidad vizcaína. Elorrio es conocida ahora en el conjunto de España por los actos fascistas de algunos vecinos. Un servidor nunca olvidará una conversación que mantuve con Iria, mi hermana, un día atravesando Andoain. Más allá de nuestros vínculos con Gipuzkoa resulta increíble cómo ciudadanos que vivimos lejos de Euskadi nos conocemos al dedillo la inmensa mayoría de ayuntamientos vascos. Y la culpa la tiene ese entramada formado por porciones mafiosas en perfecta proporcionalidad llamada eta. Esa banda asesina que es la vergüenza de una tierra, Euskadi, donde malviven lo mejor y lo peor de la condición humana. Andoain ha sido escenario dramático de varios atentados terroristas. Podría ser conocido por muchos otros motivos pero quien tanto salpican por la boca “Euskal Herria” no han hecho sino ensuciar la imagen de un país precioso, de gente maravillosa, industrialmente pujante, líder gastronómico a nivel mundial (¿por qué han asesinado a tantos ciudadanos mientras comían?), ejemplo de pasión deportiva, con ese tonalidad verde tan adictiva, etcétera. Si me preguntan por mi color favorito les diré el verde, el de las laderas vascas.

Carlos García es un ejemplo más. Nos volvió a dar una lección de civismo, asertividad, democracia, fe (no religiosa aunque él sea creyente o no, que lo desconozco) y ganas de vivir. Como él hay muchos otros. En Navarra, también, aunque a la mayoría de la opinión pública lo obvie sin, por lo visto, remedio alguno. García podría haber optado por vivir tranquilo, sin “mojarse” políticamente, en un cómodo puesto laboral de café de media mañana y conservar la seguridad de él mismo pero también la de su familia y entorno. Pero no. Prefirió ser coherente con uno mismo y aceptar el camino que le marcaba su ética y sus principios. Quería hacer política con mayúsculas, no la del choriceo con EREs interesados, trajes sin facturas, 3% o televisiones públicas al servicio de los intereses electorales. ¡Democracia Real Ya! en Euskadi son el PP, PSE, UPN, PSN y PP navarro. Si alguno todavía comete la injusticia fruto de la prepotencia que causa la ignorancia de que todos los políticos son iguales, escuchen a dirigentes como Borja Semper, presidente del PP de Gipuzkoa. Semper, por cierto, repartió de lo lindo hacia la antigua y decimonónica plana mayor del PP vasco en una entrevista matinal la semana pasada. Hay a quienes les encanta decir que en el PP todos rezan el mismo credo.

Saben de sobre que siempre he sido partidario de la ilegalización de Batasuna y sus diferentes formas de disfraz cual Mortadelo versión sangrienta. Si la Justicia les ha dado permiso, hay que acatarla y confiar en sus razones. Motivos, por cierto, bastante contundentes. Recuerden, asimismo, que hay los cauces necesarios para tomar la medida antagónica en cualquier momento si hay pruebas empíricas. No estamos indefensos. No, eso es una mentira que quienes la tratan de difundir saben perfectamente que es eso, una falacia, pero emiten cual propaganda gobbelsiana porque miente, que algo queda.

Sin embargo, el caso de Elorrio y los delitos de quitar las banderas españolas han sido afortunadamente casos extraordinarios, tremendamente vomitivos y frustrantes pero al fin y cabo excepcionales. Tengo la intuición que la gran mayoría de los votantes de Bildu desprecian estos actos. También creo que es cierto que hay simpatizantes etarras que, ignorantes como son, consideran que los resultados electorales de la coalición independentista son un apoyo a sus posiciones. No, todo lo contrario, la izquierda abertzale aumenta significativamente sus votos cuando eta está en tregua. A los datos históricos me remito.

¿Puede ser ilegal un partido liderado por Oskar Matute, hasta hace dos telediarios diputado de EB en el Parlamento de Gasteiz? ¿Un partido que ha gobernado Euskadi como Eusko Alkartasuna y donde ciertos dirigentes de su partido han sido perseguidos por los magiosos debe ser ilegal? ¿Por qué, sin el más mínimo segundo de reflexión previa la mayoría de la opinión pública ha vinculado a los fascistas de Elorrio con Bildu? ¿Pueden estos sujetos que parecen tener la verdad absoluta demostrar que son militantes, simpatizantes o siquiera votantes de Bildu? ¿Por qué en este país tan cainita vinculamos sin prueba ninguna dos entes sin contar ya no hasta cinco sino hasta 0,1?

Un militante popular nos ha vuelto a demostrar que como dijo el maestro siempre hay que mantener la dignidad un par de peldaños por encima del miedo. Carlos García tiene miedo pero su conciencia le impide quedarse de brazos cruzados ante la barbarie, el fanatismo y la violencia (la física y la verbal). Su ejemplo es uno más de tantos otros. Mientras unos entran en política para llenarse los bolsillos, otros se juegan la vida. Una lucha sin armas contra las armas. La lucha de la libertad contra el totalitarismo. La lucha de un vasco contra unos que dicen amar Euskadi y le hacen un daño tremendo. Esa forma tan vasca de asesinar que es el tiro en la nunca, como un día dijo The New York Times. Un patriota contra unos antipatriotas. Un verdadero gudari. Pero con él solo lleva la mejor compañía, la que no entiende de banderas manchadas en sangre sino de conciencia libertaria, la que necesita un país cansado de una minoría fascista y repugnante. No busquemos solo ejemplos en Gandhi o Nelson Mandela. Algunos los tenemos bien cerca, tomando un café bajo nuestra casa con un par de señores que defienden la seguridad de todos. Todo ello en aquella esquina del Cantábrico que quiere cambiar la banda sonora de las sirenas y la violencia ambiental para que, más pronto que tarde, llegue, que llegará, el día que sus calles no vuelvan a ser protagonistas del asesinato de ningún ser humano.

Ven y apóyales.