Partida preparada

Senyor_J

Va concluyendo el mes de julio y ya han sido nombrados casi todos los generales de los principales ejércitos que disputarán la batalla por ocupar el mayor espacio posible del tablero catalán. Veamos cómo queda la cosa.

Ayer martes se hacía público que Xavier García Albiol sería el candidato del Partido Popular. Su nombramiento hizo encender las alarmas en todos los centros de control del racismo y la xenofobia catalanes, pero no por ello debemos considerarlo una decisión sorprendente. Ante todo, porque es bien sabido que al Partido Popular le importa poco jugar duro en Cataluña: ¿qué UDC me ocupa el espacio catalanista considerado de derechas, la llista del president me ocupa el resto y Ciudadanos me roba terreno? Pues doy un giro a la derecha con el Le Pen local y asunto arreglado. Pero hay otros motivos. García Albiol es el perfil institucionalmente más importante del PP catalán que no tiene un lugar adecuado en donde caerse muerto. Tras la gran coalición badalonense que hizo inútil su condición de alcaldable más votado, ahora se encuentra en uno de los lugares más invisibles que existen, el de oposición en un ayuntamiento, y por su parte Rajoy no está tan loco como para colocarlo en Madrid, por lo que, en esas circunstancias, el Parlament de Catalunya bien puede resultar su mejor opción para recuperar relevancia. Especialmente si nos adentramos en la legislatura de la DUI, ese momento cumbre en que los partidos de confesión independentista, aupados por su hipotética mayoría absoluta, realizarán alguna clase de declaración de independencia. Nada mejor en aquel momento que tener un buen perro de presa y con Sánchez Camacho completamente finiquitada y suplicando que la pongan por Madrid, pocas son las figuras conocidas del PP que pueden interpretar con credibilidad el papel de policía malísimo perseguidor de herejes, y, lo que es más importante, generar estados de enorme crispación en la cámara catalana. Por lo tanto, siendo más que previsible un mal resultado de Albiol y asumiendo un riesgo de quedarse sin grupo parlamentario o sin representación, que por el momento no muestran las encuestas, ese es su candidato y la suerte queda echada para el PP.

Por su parte, el penúltimo en llegar a la función fue Lluis Rabell, cabeza de lista de la candidatura Cataluña Si Se Puede, en la que se integran Podemos, ICV-EUiA (o sea, que sí que hay pacto entre la IU catalana -EUiA- y Podemos, a pesar de lo que se puede desprender de ciertos recados mediáticos que se mandan por las Españas), así como, previsiblemente, los En Comú de Barcelona y los restos de Procés Constituent, además de algún otro. Su nombramiento no ha sido una decisión nada fácil, ya que se cuenta, se rumorea, que decenas de posibles candidatos han preferido no encabezar la apuesta catalana contra las políticas de austeridad. El motivo: nada más y nada menos que el miedo a pagar el precio de ubicarse en ese espacio o el temor a quedar identificado con un bando distinto al del Ejecutivo en el caso de que se tenga que votar si se d o no un paso al frente. De hecho, deberían ser muy conscientes todos aquellos que se incorporen a esta candidatura que la dirección que tomen sus votaciones puede marcarles durante toda su vida. No obstante, esas cosas no intimidan a Rabell, que desde su liderazgo de las asociaciones de vecinos de Barcelona se siente llamado para algo más. Por el momento ya ha conseguido la oportunidad única de liderar una candidatura que probablemente obtenga la segunda posición en número de votos y representar un espectro mucho más amplio que el que puede haber representado hasta ahora en su también dilatada carrera política.

Si seguimos en orden inverso, supongo que le toca el turno a Romeva. La candidatura del exeurodiputado causó sorpresa en las filas soberanistas y perplejidad en las izquierdistas, aunque sin que la mayoría de sus antiguos correligionarios se echasen las manos a la cabeza: ya sabemos que cuando uno se despide repentinamente de su partido por no se sabe muy bien qué discrepancias suele ser porque alguna cosa le espera en el otro lado (pregunten a Ferran Mascarell, a Ernest Maragall y a todos esos nuevos cargos institucionales que ha sembrado Ciudadanos: ellos saben de lo que hablo). Bueno pues a Raül Romeva le tocará guiar al soberanismo hasta la tierra prometida, que en este caso parece que no es más que la victoria por mayoría absoluta o una victoria suficiente para pactar con la CUP. Llegado ese momento, Artur le tomará el relevo y se volverá a poner al frente del Ejecutivo, dotando al cabeza de lista de un cargo en el mismo o fuera de él a la altura de sus meritos. Bueno, eso si Romeva no opta por liársela y reclamar, como ya ha hecho, el liderazgo posterior de la lista, porque lo cierto es que la situación será como para que vuelen toda clase de cuchillos. Habrá de verse que capacidad de cohesión le da a todo eso el entramado sociedad civil, con la ANC y Omnium al frente, y también como se reparten los papeles finalmente todos los presentes. Una cosa sí les digo: Romeva, Mas y Junqueras suman demasiados machos alfas en un mismo espacio como para no acabar sacándose los ojos.

Entretanto la disminuida Unió Democràtica ha situado sin ninguna sorpresa a su secretario general, Ramon Espadaler, como candidato. Aquí de lo que se trata es de apelar más al seny y menos a la rauxa y de rescatar al electorado catalanista más conservador de las garras del soberanismo. Mucho trabajo le va a costar al partido más antiguo de Cataluña el abrir un espacio significativo en el nuevo hemiciclo, más aun tras el fuerte desgaste sufrido por la persona de Duran i Lleida en los años de la eclosión independentista. UDC huele a viejo, además de a Régimen, a diferencia de la llista Junts, con la que el entramado de Convergència se conectará con las nuevas generaciones desde un tono y un discurso muy distinto al legado por Pujol padre, que ya no diremos aquello de que puede acabar sacándoles de la política, porque lo cierto es que los chicos de Mas, al final, siempre acaban en la cresta de la ola.

Ciudadanos dispone desde hace casi un mes de candidata a la Generalitat en la persona de Inés Arrimadas, la joven parlamentaria de origen andaluz dispuesta a salvar a Cataluña de sí misma. Le tocará cargar con el peso de sustituir a Albert Rivera, quien sin duda no dejará de arroparla durante la campaña, toda vez que no pierde oportunidad de dejarse ver y que mes y pico después será él quien intentará hacer un gran papel como candidato a la presidencia del Gobierno de España. La verdad es que el futuro de Ciudadanos es incierto en Cataluña: las encuestas le siguen dando buenos resultados, pero la sensación de que no están en su mejor momento y de que han flojeado bastante es palpable. Su capacidad de robar espacio a PSC y PP sigue siendo amplia pero “Catalunya sí que es pot” va a disputarle con fuerza buena parte de esos votos. Con un candidato potente en el otro lado creo que no habría color pero igual a un señor de cierta edad y escasamente conocido como Rabell le cuesta un poco más imponerse con claridad a la joven figura.

Acabamos finalmente con el candidato que todo el mundo conocía desde hace muchos meses y que no se ha resistido a personarse en la cita: el salvador del PSC, Miquel Iceta. Considerado a sí mismo como el hombre que ahora necesita el PSC, Iceta aterriza en estas elecciones dándoselas de político importante e influyente, sin fundamento alguno para ello. Su estrategia se dirige exclusivamente a intentar recuperar ese tono clásico de bipartidismo, mostrando su talento y su buen sentido, a pesar de que ello no le impedirá perder gran parte de los escaños que aún conserva. Su as en la manga, en realidad, se llama Pedro Sánchez, mal que le pese, y su sueño es resistir y mejorar su peso específico en Cataluña con un Pedro Sánchez que resulte avalado por las urnas como segunda fuerza del país o incluso como presidente (con el permiso de Pablo y/o Albert). La verdad es que ese es el mejor rebote ofensivo con el que puede contar el PSC, pero no está nada claro que eso vaya a suceder y, de acontecer, estaría también muy poco claro que ello revitalizase al PSC en Cataluña, en este contexto de creciente divergencia de los espacios políticos catalanes y españoles.

Finalmente, comentar que esta semana se han celebrado las primarias de la CUP, mediante las cuales ha de quedar entronizado Antonio Baños como candidato a la presidencia. En este caso el objetivo es disponer de un perfil de castellanohablante independentista que por un lado amortigüe el efecto Podemos y por el otro ponga énfasis en la transversalidad del movimiento soberanista. Así las cosas, mantienen su coherencia prescindiendo del agitador de calzados David Fernàndez y a ver cómo les va en su tentativa de ser la extensión de Junts pel Sí hasta la mayoría absoluta.

Así  está la cosa por aquí y ya saben, nada más volver de vacaciones, empiezan las elecciones catalanas más insólitas y peculiares, tras las cuales nada volverá a ser lo mismo. Al menos no lo mismo que ahora, aunque sin hacer ascos al gatopardismo. Como no podría ser de otro modo.