Palestina al borde del precipicio

GCO

Hace no mucho, el Rey Abdallah de Jordania daba un gran titular. Oriente Medio, decía, se debate entre tres posibles guerras civiles que marcarán el futuro de la región: La iraquí, la libanesa y la palestina. La iraquí es una realidad, desde mucho antes de que el sofisticado rey jordano lo avisara. La libanesa es una incógnita, de momento, adormecida. Pero palestina camina casi irremediablemente hacia el fantasma de la guerra civil.

A diario vemos en los medios que los enfrentamientos entre las milicias de Fatah y Hamas se saldan desde hace meses con duras batallas en las calles de Gaza. Los brazos políticos de ambos movimientos se han abierto camino con las voces más atronadoras: Las brigadas de Izzadin Al Qassam, el brazo armado de Hamas, se enfrentan a diario con las brigadas de los Mártires de Al Aqsa y con las Fuerzas de Seguridad fieles a Mahmud Abbas, el presidente palestino de Al Fatah. Tanto Abbas como el primer ministro, Ismael Haniya, de Hamas, intentan, quizás más de cara a la galería que otra cosa, poner cordura al asunto y controlar a sus milicias. Pero ambos se encuentran con un serio problema. Ninguno de los dos tiene suficiente poder sobre los brazos militares.

Haniya es un miembro más de un enorme aparato que separa bien la rama política de la militar, y que, con la intención de evitar depender de un solo hombre, se formó para sobrevivir a la muerte de sus líderes. Hamas nació de manos de Ahmed Yassim, y su eliminación no supuso un desorden organizativo en el movimiento islamista. La lección la traían aprendida de sus hermanos mayores, los Hermanos Musulmanes de Egipto. No en vano, Hamas es una versión palestinizada de los Hermanos Musulmanes en Gaza. Este esquema, que en su momento fue una virtud táctica para sobrevivir y crecer, se ha convertido en el principal problema del Primer Ministro palestino para intentar detener a los suyos. Las Brigadas de Izzadin Al Qassam responden a la orden Khaled Meshal, líder duro y uno de los fundadores de Hamas, que opera desde Damasco. Y Meshal no está dispuesto a ceder un ápice en el control del poder.

Por su parte, Abbas tampoco controla a las brigadas de los Martires de Al Aqsa. Fatah está en una crisis interna que tuvo su cara más amarga en los enfrentamientos armados entre los partidarios de la vieja Guardia, con Abbas a la cabeza, y los de la nueva de Marwan Bargutti durante la elección del sucesor de Arafat .En medio de los dos, hay otras personalidades que generan tanta tensión como seguimiento, como podría ser el caso de Mohamed Dahlan, a quién muchos palestinos consideran El hombre de la CIA.

Así que, aunque quisieran, ni Haniya ni Abbas podría controlar a sus brazos armados. Pero quizás ese sea el problema: que no quieren. Hamas y Fatah son dos conceptos muy distintos para Palestina. La Palestina Islámica frente a la Palestina nacionalista. La Palestina que surge, y la Palestina del pasado. Y quizás, también, alguien más actúa en esta tragedia.

Podría sorprender a propios y a extraños la actitud pasiva de Israel ante este contexto. Pero no lo hace tanto si tenemos en cuenta que en los orígenes de esta disputa. La organización social de los 70 que origen a Hamas, la Mujama fue financiada por Israel en los tiempos en que el estado hebreo clausuraba las organizaciones sociales de la OLP. Entonces, cuando el nacionalismo laico palestino estaba en auge y era el verdadero problema para Israel, los movimientos islamistas aparecían como una opción más que válida para dividir al enemigo, no importaban las consecuencias. Varias décadas después y miles de muertos por el camino, ese juego ha tenido resultados.

Más recientemente, la obtusa táctica de occidente de aislar económicamente al gobierno palestino cuando Hamas llegó al poder se ha mostrado ineficaz. Lejos de moderarse, el movimiento islamista se ha encerrado en sí mismo. Ante la crisis de gobernabilidad, Al Fatah envalentonado, trata de lograr por la fuerza lo que las urnas le habían negado. Mientras, la población palestina sufre una crisis humanitaria. Y para echar un poquito de petróleo al fuego, Estados Unidos arma a Al Fatah, la parte militarmente más débil del mercado. En este contexto ya no sorprende esos 86 millones de dólares que Estados Unidos ha dado a Abbas para fortalecerle en su lucha contra Hamas.

Así que parece que nadie detendrá una guerra civil en Palestina. Más bien es al revés. El pasado 29 de diciembre 2000 fusiles kalashnikov, 20.000 cargadores y dos millones de balas entraron desde Egipto a Gaza destinadas a las fuerzas leales a Abbas. La mesa está servida y el plato gusta a Israel. Por el camino caen civiles, políticos de uno y otro lado, clérigos, y la esperanza, como no, de un Estado Palestino. De momento, estos enfrentamientos se limitan a Gaza y algún pueblo de Cisjordania. Pero si se trasladan a todos los Territorios Ocupados, podremos hablar de una guerra civil en toda regla y sine die. Las consecuencias para la región son imprevisibles y tampoco Israel o Estados Unidos parecen saber con lo que están jugando. ¿Y Europa? Pues ya ven, mirando para otro lado.