Palabras para Siria

Barañain 

Caídos ya tres de los dictadores árabes (aunque ni en Túnez ni en Egipto ni menos aún en Yemen , eso permita pronosticar  aún el carácter político del régimen que en cada caso se consolidará tras la crisis) las miradas se centran ahora en Siria, donde la brutalidad represiva del régimen de El Assad se empeña en vencer la determinación de los opositores a base de acumular muertos, que se cuentan ya por centenares.

Pese a la gravedad de lo que está ocurriendo, hasta ahora la reacción internacional ha sido escasa, por no decir nula. El pasado día 22 el secretario de prensa de la Casa Blanca desde el “Air Force One” en el que viajaba Obama despachaba el asunto con una declaración blandita en la que “deploraba” el uso de la violencia y llamaba “a todas las partes” a desistir del uso de la misma. Era inevitable comparar esa música celestial con la firmeza y rapidez con la que la administración Obama intervino en la crisis egipcia (“Mubarak must go now!”) y en la de Libia. Y eso que en Siria gobierna un dictador antiamericano que “esponsoriza” el terrorismo, un aliado de  Irán que da cobijo a quienes hostigan a los americanos desplegados en Irak , que ha intentado hacerse secretamente con armas nucleares, que ha agredido el Líbano, y que ejerce una represión tremenda sobre sus disidentes.

Poco después de la lerda declaración de su jefe de prensa, Obama emitió una declaración con más fuste, condenando “en los términos más duros” el uso de la violencia por parte del gobierno y llamando a El Asad a escuchar y proteger a su pueblo. Palabras que recuerdan mucho a las pronunciadas hace un par de años ante la represión del gobienro iraní contra sus opositores. Cabe temer que igual que entonces la actitud occidental no vaya más allá de mostrar una solidaridad inefectiva con las víctimas.

Y es que cuando se habla de Siria parece  obligado constatar el miedo a que la implosión del régimen baasista lleve al país a un caos como el de Líbano o incluso Irak. Ese régimen -se dice-, ha sido un “factor de estabilidad” en el país, aunque a un precio tremendo. Después de su humillante derrota frente al naciente Israel en 1948, Siria cambiaba de gobierno a una velocidad vertiginosa. En veintidos años hubo por lo menos veinticinco gobiernos diferentes, … el hazmerreir de Oriente Medio. Durante los cuarenta años posteriores a 1970 -cuando Hafed El Assad tomó el poder-, el gobierno sirio se mantuvo estable sin una sola crisis. El único cambio de liderazgo se produjo en el año 2000 cuando Assad murió en la cama y fue remplazado por su hijo Bashar.

Martin Sieff -en su “Guía políticamente incorrecta de Israel y Oriente Medio”-, establecía un paralelismo entre Sadam Hussein y Hafed El Assad, cuyas diferencias explicarían la persistencia del detestable régimen sirio. Ambos  habían llegado al poder casi a la vez y fueron a la vez  camaradas (ambos eran del partido Baas) y rivales.  Ambos fueron tiranos despiadados que utilizaban la tortura de modo habitual a una escala sin precedentes. Ambos desencadenaron guerras de agresión y conquista contra países vecinos y ninguno de ellos dudó en matar a muchos miles  de sus conciudadanos cuando lo creían necesario o oportuno. Uno y otro recurrían a la Unión Soviética en búsqueda de armamento y apoyo, y también los dos odiaban a muerte al Estado de Israel. Un rasgo curioso de Assad: odiaba a Israel pero respetaba a Isaac Rabin y defendía  la causa palestina pero odiaba y despreciaba al hombre que la encarnaba, Yaser Arafat (algún rasgo simpático tenía que tener en su biografía).

El régimen de Assad  aniquiló a los creyentes y fundamentalistas islámicos  de un modo más despiadado y a mayor escala de lo que Sadam nunca se hubiera atrevido a hacer. Maquiavélico,   pensaba que era mucho más importante ser temido que ser amado. “Pero si bien había matado a mucha gente, no lo hizo de forma continua o indiscriminada, como Sadam. En Irak las mujeres e incluso los hijos de aquellos que contrariaban a Sadam, aun cuando sólo se tratara de contradecirlo a él o a alguno de sus criminales hijos en alguna conversación, eran torturados, violados, mutilados y asesinados. Assad solamente hacía esas cosas con sus enemigos de verdad, que por cierto eran muy numerosos … Pero así como Sadan llevaba a cabo matanzas interminables y parecía tener una necesidad psicótica de hacerlo, Assad mataba solamente cuando eso servía a sus intereses…. En Siria las personas que se mantenían al margen de la política y del discurso público podían vivir sus porpias vidas, e incluso disfrutar modestamente de su propiedad privada.”

De ese temor a la inestabilidad que pueda suceder a la caída de  esa familia de asesinos en serie,  se aprovecha el régimen.  Parece que Bachar El Assad ha heredado lo peor de su padre pero quizá no su instinto de supervivencia. Las situaciones  que se están viviendo, con imágenes tremendas como esas de los asistentes a los funerales de víctimas de la represión tiroteados por los paramilitares de El Asad y parapetados tras los ataudes volcados en el suelo dificilmente pueden dejar indiferente a la comunidad internacional. Aunque  la cautela excesiva siga imperando. El ministro francés de Asuntos Exteriores, Alain Juppé, se ha unido a la condena estadounidense y ha expresado su “honda preocupación” por los acontecimientos en Siria. Amnistía Internacional y Human Rigths Watch, escarmentadas de despistes anteriores,  han denunciado  que las autoridades sirias “hayan vuelto a responder con balas y palos a los llamamientos pacíficos de cambio”.

¿Y el resto del mundo? ¿Y España? ¿No tienen nuestras autoridades  nada que decir al respecto? Algunos medios organizaban estos días encuestas apresuradas preguntando a la gente si tras la intervención en Libia debería actuarse de igual manera en Siria. El planteamiento así expuesto parece algo frívolo. Máxime cuando al público se le ha estado hurtando sistematicamnete cualquier información sobre la realidad del régimen imperante en ese atribulado país. No es de extrañar que cuando los medios van refiriendo  cifras de muertos víctimas de la represión, no haya noticia alguna de protesta cívica, por simbólica que sea, en solidaridad con los sirios; ni artículo de denuncia de alguno de los habituales en nuestras páginas de opinión; ni manifiesto de “abajo firmantes”; ni siglas que suscriban llamamiento alguno a boicot contra el régimen de Bachar El Assad y su familia Monster. ¡Vale que en España los muertos árabes muevan a la indignación y a las movilizaciones de protesta sólo si su autoría puede achacarse a Israel (reflejo del antisemitismo arraigado entre nosotros), pero uno esperaría un poco de disimulo ante circunstancias tan trágicas como las que se están viviendo en Siria estos días!

Ahora  los medios tienen los ojos puestos en Siria. Es una novedad. Se evoca el antecedente  de la matanza de Hama, pero apenas se habló de ella cuando ocurrió, en 1982.  Assad aplastó en aquella ciudad un levantamiento popular a favor de la Hermandad Musulmana, aniquilandola por completo. Se enviaron tanques y artillería pesada para pulverizar lo que quedaba de ella. Cuando los analistas de inteligencia norteamericana hicieron una comparación de las fotografías de la ciudad previas y posteriores al ataque, tomadas por satélites, no podían dar crédito a lo que veían. Las cifras estimadas de civiles muertos fueron del orden de las veinte mil personas….y el responsable de aquella carnicería aún se jactó de que la cifra de muertos fue mucho mayor. Ni siquiera Sadam autorizó nunca la ejecución de una matanza semejante contra su propio pueblo. La cifra de muertos de ese único episodio supera con mucho, por poner un significativo ejemplo,  la del número total de fallecidos  en los últimos sesenta años por los enfrentamientos entre israelíes y palestinos.

¿Y ahora qué? La cuestión no es intervención sí o no. Hay muchas actuaciones en el orden político, diplomático, económico, etc. que pueden  acometerse  con respecto al gobierno de Damasco. Hay muchas palabras que los sufridos sirios deberían estar escuchando ya de nuestros gobiernos. Hay muchos deberes pendientes, mucha tarea que hacer. Empezando por la de desenmascarar su naturaleza y desmontar sus coartadas. Tanto las que tienen que ver con su realidad doméstica como las que ese régimen despótico y policial ha ido tejiendo en el mapa regional de Oriente Medio en el que ha venido actuando como un pirómano cuyas fechorías se le han dejado pasar una tras otra, incluso cuando han supuesto de hecho el secuestro de su vecino Líbano.

Es innegable la fascinación que el tal régimen ejercía -¿ejerce aún?- sobre algunos observadores occidentales. El corresponsal de El País Enric González recordaba  la ocurrencia  del veterano corresponsal Robert Fisk (un claro referente para muchos de nuestros expertos mediáticos  en la zona) quien  definió el régimen sirio con solo cuatro palabras: “Ordenado, mesurado, implacablemente inflexible”. ¿”Mesurado”?  “Moderado”, “modesto” o “templado” son las acepciones que el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española recoge para ese término. ¿En cual de esas encaja la trayectoria criminal del régimen baasista sirio?

Otro veterano periodista español, Enrique Vázquez, insistía no hace mucho al evocar la crisis siria -ya en pleno baño de sangre-, que lo propio del régimen inaugurado por Hafed El Asad era  el “puño de hierro en guante de seda” y esa imagen ha sido repetida por otros corresponsales y comentaristas. Pero ¿donde verán  lo del “guante de seda”? ¿Qué más barbaridades tendrá que cometer ese régimen de la familia El Assad para que se le otorgue la condición de matón sin paliativos, de matarife al que le importa un comino no disimular su brutalidad y nunca ha pretendido vestir su represión con guantes de seda.