Paisaje después de la batalla

Jon Salaberría 

Y finalmente, ganó Pedro. Sobre un total de 132.383 votos emitidos, que suponen una participación del 66,90% del censo de militantes del Partido Socialista Obrero Español, Pedro Sánchez Pérez-Castejón se alza con la victoria obteniendo 63.880 votos, un rotundo 48,66% sobre el total emitido. El otro gran favorito, Eduardo Madina Muñoz, obtiene un insuficiente 36,25% con sus 47.586 votos. El tercero en discordia, el sevillano afincado en Granada y dirigente de la corriente Izquierda Socialista, José Antonio Pérez Tapias, saboreó una dulce derrota cosechando 19.791 votos, un 15,09% del total escrutado. El candidato que ganó la siempre discutida batalla de los avales, esta vez ganó también la batalla de las urnas y el voto secreto, alzándose con una victoria sin paliativos sobre el candidato que encabezaba los sondeos, siempre realizados entre votantes socialistas en procesos electorales generales y no entre militantes (nota importante a tener en cuenta). Sobre el candidato cuya tenacidad y decisión provocó esta consulta sin precedentes en la centenaria historia del Partido Socialista. Sobre el candidato que, esta vez, no pudo aprovechar esa vena ácrata que siempre ha caracterizado a la militancia de base socialista y que parece que pasó ya al baúl de los recuerdos.

 Desde la misma noche del domingo, los más sesudos opinadores andan buscando explicaciones variopintas a la motivación de este resultado. Un resultado llamativo no por la previsibilidad del mismo (lo realmente extraordinario hubiese sido la victoria de Tapias), sino por la dimensión cuantitativa. Ni los más optimistas y entusiastas seguidores del madrileño esperaban que los porcentajes de voto recibido y de avales captados en la fase inicial del proceso de consulta fuesen tan aproximados. Pedro Sánchez en aquella ocasión obtuvo un 54,04% de los avales emitidos frente al 32,99% de Eduardo Madina. Tapias entró a foto finish con sus 9.912 avales, justo 38 más de los 9.874 necesarios para entrar en contienda. El rol de favorito en este trámite (puramente administrativo y formal, pese a la sustantividad que el aparato siempre ha gustado otorgarle) no se confirmaba en los sondeos. Es también esa mi percepción personal: consciente de los hándicaps que lastraban la carrera de Madina a la Secretaría General, soñé hasta el último minuto con su triunfo en la Consulta. Consciente también de la posible victoria de Pedro Sánchez y de cuáles eran sus activos (especialmente en la Federación en la que milito), no esperaba que el triunfo tuviese esa dimensión. Igualmente sorprendido del resultado de más del 15% de Pérez Tapias, un porcentaje con el que jamás imaginó contar la corriente Izquierda Socialista. Un porcentaje que posiblemente haya tenido relación con la diferencia final Sánchez-Madina, aunque no podamos afirmar que haya sido el factor decisivo para decantar la balanza.

 La explicación, en este trance, es siempre la más sencilla, y por supuesto es casi siempre la más evidente mientras todos/as nos perdemos en las especulaciones. Todo es más mundano de lo que creemos. Ayer mismo, mientras Pedro Sánchez, ya como flamante Secretario General electo, mantenía su primer despacho con la Presidenta andaluza, Susana Díaz, el Secretario de Organización del PSOE de Andalucía, Juan Cornejo, aclaraba que los resultados dejan bien a las claras que la presunta dicotomía militancia-aparato no es real. Ciertamente: los resultados de Andalucía son escandalosamente favorables al candidato electo, y la propia experiencia me hace coincidir con Cornejo en su diagnóstico de final de la idea diferenciadora. La militancia ha respondido perfectamente a los deseos del aparato. Tal vez porque la masa crítica que justificaba el temor de ese aparato al posible sentimiento de rebeldía ya no esté dentro del censo de militantes del Partido. Tal vez porque el trabajo de convicción y el liderato político de la Presidenta trianera han calado en la masa militante superviviente a esta travesía del desierto. Tal vez porque son las demás candidaturas las que no han sabido llegar a la militancia y han subestimado, especialmente, el papel de Andalucía. Tal vez por todas estas hipótesis a la vez. El hecho es que Eduardo Madina no podía, en modo alguno, encontrar calor en la Federación más importante del Partido, a pesar de que es una figura política ampliamente conocida y valorada antes de la cita interna, y que Pedro Sánchez era un desconocido hasta hace apenas tres meses en la mayoría de las Agrupaciones del Partido en las ocho provincias del sur. La verdad-verdadera es que la posición firme de Madina, no sucumbiendo a las presiones intensas de vieja guardia y de aparato maduro para pasar por alto esta consulta e ir a un Congreso de aclamación con una sola beneficiaria, le ha costado un duro precio en términos de apoyo en esta Comunidad, y el usufructuario ha sido el diputado madrileño. Este fenómeno, más acentuado en Andalucía, se ha producido también en otras Comunidades Autónomas, en las que los aparatos locales, totalmente solidarios con la proyectada Operación Susana, se han hecho eco de las mismas inquietudes. A Madina debemos, en cualquier caso, muchos y muchas mujeres y hombres del Partido Socialista, gratitud por habernos vuelto a ilusionar, por propiciar con su apuesta una auténtica fiesta de participación democrática sin precedentes en el sistema de partidos español, y por haber puesto al candidato ganador frente al espejo de sus compromisos. Algunos de esos compromisos, en el margen escaso de cuarenta y ocho horas, ya comienzan a verse en el candelero de la actualidad.

 Ahora, ¿qué? Ahora abrimos una época que se presenta llena de muchos interrogantes. De bastantes ilusiones, aunque también de no poca zozobra. En un país como el nuestro, dado a las reacciones pendulares, a la bipolaridad, al blanco y negro de las afirmaciones jactanciosas, podemos encontrar ya valoraciones en un sentido o en otro. Desde el triunfalismo que atisba una remontada en un tiempo nuevo hasta los cantores del réquiem por un Partido Socialista que habría firmado su acta de defunción con la elección de la opción  más conservadora de entre las posibles. Durísimos en el mundo de la opinión publicada Rafael Reig y Rosa María Artal en El Diario. La segunda afirma taxativamente: El problema es que han demostrado que en el PSOE no predomina la militancia de izquierdas, no al menos la que la sociedad, sus antiguos votantes, les demanda. ¿A qué espacio electoral se dirige, pues? ¿Aspiran a restar votantes al PP? ¿Conocen a los votantes del PP? El primero determina que el PSOE es la nueva UCD, y exhorta al nuevo primer dirigente a enterrar un cadáver político que no merece ni el último honor de las lágrimas. Bastante más entregados al beneficio de la duda a favor de las posibilidades de relanzamiento del proyecto socialdemócrata encontramos a gentes del centro-derecha mediático como Pilar Cernuda: Un moderado es el ganador de la contienda interna socialista, considerado por sus militantes como el perfil más adecuado para ganar a su vez elecciones. Más moderado que Madina, defendió un perfil de izquierda para ganar la Consulta pero disputará el espacio de centro político. Se abre el peor de los escenarios para el Partido Popular. Absolutamente entusiasta, encontramos a una colaborada habitual de los medios, la ex Presidenta de los socialistas andaluces, Amparo Rubiales, cuando afirma que de la cita congresual saldrán adelante propuestas solventes como alternativa al dolor que están produciendo las políticas dañinas de la derecha y recuperar en España lo que somos y hemos sido en Andalucía: columna vertebral de la izquierda que tiene un proyecto para la mayoría social y sin sectarismo.

 En el término medio, afortunadamente, encontramos a Odón Elorza, posicionado en este proceso a favor de la candidatura de Pérez Tapias, que aconseja al vencedor un doble camino a recorrer. Por un lado, la combinación entre integración, generosidad y lealtad para evitar que se produzca un nuevo desplome del Partido. Pacificar los ánimos en pro de la unidad, tarea en la que tanto Madina como Pérez Tapias, cabeza visible de una reforzada ala izquierda del Partido, jugarán un importante papel. Por otro lado, mirando al exterior, buscar la confluencia en un frente europeo con Renzi, el SPD y Hollande para presionar a favor de un cambio en la política económica de la UE. La fortaleza de estas tarea, si está bien hecha, será imprescindible de cara a afrontar los retos políticos del Partido en el corto y medio plazo: el desafío catalán y la catarata electoral de 2015, fundamentalmente.

 En las próximas semanas se van a ir desencadenando acontecimientos. La primera cita es el Congreso Extraordinario, al que llega como ganador, y que se celebrará durante el último fin de semana de julio. Habrá que ver si Pedro Sánchez consigue pasar la doble prueba del algodón que supondrá comprobar, en primer lugar, si será capaz de integrar en la nueva Ejecutiva Federal a las sensibilidades que han apoyado a los otros dos candidatos en liza. No en vano, representan al 51,35% de los votos emitidos el pasado domingo. Y comprobar, en segundo lugar, hasta qué punto pagará algún tipo de peaje a las instancias orgánicas que le han apoyado sin fisuras. Esto es, Andalucía. En definitiva, si está dispuesto a marcar un perfil propio y autónomo. Existe un precedente, el de Rodríguez Zapatero, capaz desde 2000 de marcar una línea personal y distintiva respecto de los apoyos que le pusieron en bandeja su sorprendente victoria congresual de aquel año. También a nivel interno, comprobaremos si será capaz de mantener su compromiso con la celebración de las primarias abiertas. Pedro Sánchez ya ha manifestado el ánimo de cumplir un compromiso político importantísimo y en el que están depositadas muchas de las esperanzas de renovación y de relanzamiento del Partido. No en vano, la raíz del éxito de Renzi, uno de sus nombrados referentes políticos, al llevar a un Partido Democrático próximo a la implosión hasta niveles electorales superiores al 40% después de años, estuvo en la convocatoria de primarias abiertas previa. El nuevo líder ha reivindicado hoy mismo la autonomía de la dirección en la fijación de la fecha. Será cuestión de ver si también esa dirección será autónoma a la hora de mantener la cita misma frente a las presiones de las baronías refractarias a la misma. Y será cuestión de comprobar qué efecto en la fijación de la fecha de la convocatoria tendrán las citas electorales municipales y autonómicas en ciernes, caballo de batalla de las citadas baronías. Por supuesto, la influencia que pudiesen tener circunstancias ajenas a la voluntad del Partido Socialista: la posibilidad de un adelanto electoral general planea en algunos cenáculos, y sin duda podría dar al traste con la misma celebración de las elecciones primarias.

 Queda, finalmente  por ver cuál es el reposicionamiento del Partido Socialista en cuanto a alianzas y a relaciones con las demás fuerzas políticas. Si el Partido Popular insiste en la posibilidad de una reforma electoral que propicie, de cara a las Municipales de 2015, la proclamación de los alcaldes más votados, el PSOE deberá tender la mano a las fuerzas de la izquierda alternativa para conformar una unidad de acción que enfrente a un PP que, en esa circunstancia, obtendría paradójicamente un poder local más amplio con menos votos que los conseguidos en la marea de 2011. Un espacio de acuerdo que en esa tesitura será básico para obtener acuerdos de gobierno o de colaboración parlamentaria que deroguen en el futuro no sólo esa eventual ley electoral de sistema mayoritario, sino toda la panoplia legislativa que desde el acceso de Rajoy a la Presidencia ha venido desmontando sin piedad el Estado de Bienestar. El PSOE ha dado sus primeros pasos con la oposición hoy al nombramiento de Juncker como Presidente de la Comisión (compromiso de todos los candidatos a la Consulta) y con la promesa del nuevo primer dirigente de derogar la reforma laboral cuando el PSOE retorne al Gobierno. Habrá que ver cuál es la voluntad de las otras fuerzas políticas progresistas. Mi impresión es pesimista, en tanto en cuanto las mismas miden su ascensión en proporción directa al hundimiento de las expectativas del Partido Socialista, y porque la intención de convertir al mismo, de nuevo, en una fuerza central, mayoritaria, capaz de nuevo de conseguir once millones de votos, pugna con los intereses particulares de esas formaciones, así como con los conceptos generales que alumbran su propuesta singular. Reformismo frente a ruptura.

Se abre el enésimo periodo de expectación y de incertidumbre. Pero como muchos/as advertimos, no quedan más prórrogas, y ahora es el momento, sin términos medios. Lo que salga del parto de julio de 2014 será la definitiva frustración del proyecto socialdemócrata histórico en España, o bien la definitiva recuperación. En mayo de 2015, si no hay sustos previos, tendrá lugar el primer gran reto de Pedro Sánchez como primer secretario del PSOE, y será la oportunidad de recuperar una buena cantidad de municipios y gobiernos autonómicos partiendo de cero y frente a un PP desgastado. De ahí surgirá el PSOE renovado con opciones de gobernar de nuevo España… o la nada.