Pactos y cuentas

Guridi

¿Qué tal? ¿Qué os parecen las negociaciones para formar gobierno? Han estado emocionantes. A falta del siguiente numerito de Pablo (hasta los periodistas amigos le dan sugerencias), hemos tenido hasta representación del desencuentro entre Pedro Sánchez y Rajoy, con el apretón que no fue, pero luego fue y con cada uno diciendo que uno debe de apoyar al otro. ¿Y los editoriales? Vuelan de un lado a otro. Ahora Gran Coalición, ahora vetos a unos y a otros. Ahora, reflexiones sobre esa cosa vacía a la que llaman comunicación política. Llevamos ya demasiadas ruedas de prensa, tuits, entrevistas para la radio y bulla en las insoportables tertulias políticas.

Pero el número de diputados que tiene cada partido sigue inalterable. Y los equilibrios de los que dependen los pactos no se van a ver influidos por las grandilocuentes declaraciones programáticas, ni siquiera por el documento de pactos que vamos a votar los militantes del PSOE. Entre otras cosas, porque ningún otro partido ha firmado ese pacto aún.

Todo esto depende de cómo se vea situado cada uno de los líderes de cara a las siguientes elecciones.

Pedro Sánchez sólo quiere ganar tiempo, para que sus rivales del PSOE se queden sin él. Y no lo está haciendo mal. Mientras Pedro marea la perdiz, busca dejar sin tiempo a la vez a los cobardes barones que no se atrevieron a despacharle el día después de las elecciones. Así que todo va bien.

El PP pensaba que iba a llegar intacto a una posible repetición electoral. Y que recuperaría los votos que se le han ido a Ciudadanos. ¿Qué ocurre? Que uno tras otro, los diferentes aparatos regionales del PP están siendo investigados por la policía y sus ilustres y antaño todopoderosos miembros están dando con sus huesos en el calabozo, antes de salir en libertad bajo fianza. Eso pasa factura y les hace menos apetecibles para pactar. El modosito Rivera está sudando sangre para justificar por qué apoya el PP de Madrid, cuando la Guardia Civil acaba de registrar su sede, por las más que evidentes muestras de cobros de comisiones y financiación ilegal.

Ciudadanos pensaba, sin embargo, que había gastado su última bala y que una repetición electoral les situaría en el camino que siguió su matriz ideológica: UPyD. Parece que han tenido más suerte y que siguen siendo una derecha más aceptable para los que ya no quieren votar al PP, pero tampoco quieren abstenerse. Ciudadanos se veía como el eje entre el PP y el PSOE. Pero el PP huele cada vez peor y están empezando a pensarse en que no se les pegue el hedor.

En Podemos se las pintaban muy felices. Pensaban forzar repetición de elecciones para hacer descarrilar del todo al PSOE. Lo malo es que en su alocada carrera hacia el Congreso de los Diputados han ido dejando demasiadas mentiras, demasiadas promesas incumplidas y que los golpes de efecto tienen una efectividad limitada. La táctica de Podemos era pedir cosas a las que el PSOE no se pudiera negar, pero que tampoco pudiera prometer (por no ser posibles), algo así como prohibir el paro. Algo que es deseable, pero que es imposible. Como tampoco son tontos, decidieron hacerlo repartiéndose la carteras sin consultar a nadie y, después, vetando a actores en las negociaciones. Todo ello son movimientos cínicos y ese cinismo ha resultado un tanto más evidente de lo que esperaban. Además, su alianzas electorales crujen y se tensan, su estructura interna se ve sometida a demasiada tensión y su militancia y su electorado empiezan a decir en voz alta que no están cumpliendo aquello que prometieron; como consultar a las bases o eliminar los enchufes. Los de Podemos pusieron el listón moral tan alto para los demás que se están dando cuenta de que ellos mismos tampoco pueden pasarlo. Haber jugado limpio. La furia que los creó puede llevárselos por delante. Entre otras maneras, devolviendo al abstencionismo a la masa de votantes a la que sacaron de él. Pueden perder de una sola vez el voto-protesta y el voto útil.

Podemos pensaba llegar a la repetición electoral culpando al PSOE de no querer formar un auténtico gobierno “de cambio y de progreso”. Y puede que hasta se vean forzados a ceder en cosas. Hasta ahora, según dicen ellos mismos, su máxima cesión ha sido “no pedir la Presidencia del Gobierno”. No se puede ser más mezquino queriendo aparentar ser generoso.

Mi apuesta es que se repetirán elecciones. Que mantendremos a los mismos candidatos. Incluido Rajoy. Y que el resultado será más o menos el mismo, porque nadie se está ganando que decenas de escaños salten de un rincón a otro del Congreso.