Paco Martínez-Soria versus Rafael Azcona

La Abeja Maya

Aprovecho que hoy es domingo para cambiar de tercio y referirme a cuestiones ajenas a la recién inaugurada legislatura. Ahora que ningún adicto a la actualidad política más rabiosa está mirando, dedicaré las siguientes líneas a revolotear sobre el panorama del cine español.

La muerte de uno de los guionistas con más talento del cine español, Rafael Azcona, ha llevado a más de uno y a más de dos a reflexionar (muy sesudamente, por cierto) sobre la calidad de las películas realizadas en España. El que mejor resume la situación es Manuel Rivas en un artículo publicado ayer: “ha sido necesario que muriese un guionista genial para que se hable bien durante unas horas del cine español.”

Lo admito: soy de las que se mete de continuo con las películas españolas. Cuando evocamos la historia del séptimo arte en este país, parece inevitable pensar en Cine de Barrio, toda una institución de TVE, aunque sólo sea por la cantidad de años que lleva en antena. Con su primer presentador, Juan Manuel Parada, el asunto tenía un toque cutre-surrealista, y con Carmen Sevilla, el asunto no ha mejorado mucho.

 

Si una persona tuviera que juzgar la calidad del cine patrio con las retransmisiones del mencionado programa, el panorama no podría ser más desolador, tanto por la calidad de las películas, como por el hecho de mostrar continuamente un país que ya no existe.

 

Con Cine de Barrio, da la sensación de que no salimos de la España del desarrollismo, con películas marcadas por la dictadura, con unos aires patrioteros indescriptibles (cómo en España no se come en ningún sitio, y otras cosillas por el estilo), un costumbrismo facilón, aunque al mismo tiempo con una ingenuidad que desarma.

 

En la actualidad, las cosas deberían haber cambiado mucho. Pero las críticas se suceden ante las distintas películas que se estrenan a lo largo de los años, al tiempo que se suceden las voces de alarma ante el descenso del número de espectadores que van a ver películas españolas.

 

Es cierto que muchas películas actuales son malas, por decirlo con suavidad. Se las podría criticar por numerosos conceptos, aunque yo suelo pensar en que fallan por el guión y por la locución. Aquí es muy habitual el uso del sonido directo, algo que redunda en contra de la calidad de las películas. Si a esto añadimos la locución de actores como Jorge Sanz, apaga y vámonos.

 

Sin embargo, ¿de verdad es todo tan terrible? Es cierto, abundan las películas tipo La ciudad no es para mí, pero la muerte de Rafael Azcona nos ha ayudado a recordar que existe otro cine español de una calidad más que notable. Personalmente, debo a Azcona estupendos ratos gracias a películas como El bosque animado o La lengua de las mariposas.

 

Eso nos lleva, asimismo, a evocar otros grandes nombres del cine español, desde directores como Luis Buñuel o Luis García Berlanga, a una más que digna lista de actores, como Fernando Rey, Fernando Fernán Gómez o Paco Rabal, por no hablar del enorme plantel de secundarios, pues es apreciable la capacidad de muchos guionistas para la elaboración de películas corales, como la divertidísima La corte del Faraón (adivinen quien era el guionista, una vez más).

 

Incluso de los últimos años se pueden rescatar obras más que interesantes, directores de prestigio, y guionistas y actores con talento (por ejemplo, Adriana Ozores). Todo ello lleva a pensar que los agoreros de turno tal vez deban matizar sus afirmaciones a la hora de clamar ante el erial del cine español.

 

Es posible que detrás de tanta crítica (en ocasiones muy fundadas, todo hay que decirlo) exista un cierto revanchismo político. Así, se ha hablado más de una vez de cómo el rechazo por parte de gran parte de directores, guionistas o actores a la Guerra de Irak no sentó nada bien dentro de la derecha española.

 

Ese resquemor se habría puesto de manifiesto en más de una ocasión, como en el caso de la muerte de Fernando Fernán Gómez, a cuyo velatorio apenas acudieron representantes del PP, pese a la indiscutible categoría del personaje. No hay que olvidar que el actor estuvo en la tarima de oradores de la gran manifestación que se celebró en Madrid en febrero de 2003 para mostrar el rechazo ante la entonces inminente invasión del país del Golfo Pérsico.

 

En definitiva, es indudable que el cine español pasa por problemas, y muchas veces no ofrece tantas películas de calidad como sería deseable. Sin embargo, no debemos olvidar que sus problemas y tribulaciones son, en general, los propios de otros países europeos, y que el debate sobre aspectos como la fuerza de la industria americana también se plantea de continuo en lugares como Francia.

 

Y para cuando piensen que el cine español es poco más que las películas de Paco Martínez-Soria, pueden ver cualquier de las películas en las que Rafael Azcona trabajó como guionista y sentirse, así un poco más reconciliados con lo que aquí se hace.