Pablo Iglesias en tres vídeos

Barañain

En una entrevista en  El Huffington Post  a  Teresa Rodríguez  – segunda de los eurodiputados de la lista de Podemos-,  preguntada por las críticas recibidas  por su formación,  decía echar de menos “alguna que tenga contenido político hacia el programa o la propuesta, de modo que podamos generar un debate social que interese a los ciudadanos”, rechazando, por aburrido para estos,  el “estilo de dialogar con insultos y descalificaciones”. Y para dar una muestra de su dialogante estilo concluía que sus críticos “tienen motivos para estar rabiosos, es aquello de ‘ladran, luego cabalgamos’”. Tratar de perros a sus críticos, cuando apenas empieza su andadura parlamentaria, no parece augurar la conducta civilizada de la que presume. Algo así hizo en cierta ocasión Aznar (“la oposición ladra su rencor por las esquinas”) y no será necesario  recordar aquí las críticas que mereció. 

De entrada, sorprende que se hagan los sorprendidos por la supuesta virulencia de las críticas recibidas quienes apenas se han salido del guión de llamar “casta política corrompida” y lindezas semejantes a sus contrincantes.  ¿Pero qué es lo que tienen  de extraordinario o rechazable  esas críticas? El Huffington Post las ejemplificaba con las declaraciones de Felipe González que criticaba lo que definía como “una alternativa  bolivariana influida por utopías regresivas”.  Aludir a la ideología bolivariana de los promotores de Podemos –que no de sus seguidores-, o recordar la falta de pedigree democrático de quienes hasta anteayer han militado en el comunismo –o aún ahora mismo profesan esa fe-, como han resaltado otros,  no parece que justifique esa actitud victimista, sobre todo porque tales menciones se ajustan absolutamente a la verdad.

Tampoco se han quejado de las loas recibidas ni de la atención desmesurada que se les ha prestado antes de las elecciones y tras ellas. Y si, pese a su denuncia de la vieja política, no han tenido empacho de personalizar al máximo su propaganda, haciendo indistinguible la marca Podemos del personaje de Pablo Iglesias, aprovechando con éxito su telegenia, no puede molestarles que centremos en esta figura una primera aproximación crítica al fenómeno. Al fin y al cabo, ya se nos ha explicado que ese hombre estaba predestinado al empeño que hoy protagoniza, que no fue casual que a este Iglesias le pusieran el nombre de Pablo y que fue educado para que no olvidara cual era “su gente, su clase, su pueblo”. Emotiva evocación de su mamá de lo que sin duda debió ser una pedagogía agotadora (no me extraña que fuera hijo único).

En realidad, dado que los mismos padres fundadores de Podemos han alardeado constantemente de su fe bolivariana/comunista,  su actitud ante las críticas hay que interpretarla como una baza publicitaria más: asumir el papel de humilde  “David” frente a un supuesto “Goliat” amenazador cuyo poder ha desafiado, aún genera simpatías acríticas. ¿Por qué no probar a presentarse como las víctimas de una campaña mediática de difamación por quienes no pueden digerir su repentino éxito? Y, paralelamente, disimular sobre sus credenciales ideológicas.

Ahora que se trata de convertir ese impulso electoral puntual en una fuerza política estable, posiblemente no veremos más a Pablo Iglesias explicar en la televisión de los matones que gobiernan Venezuela, la emoción que le provoca la titánica tarea emprendida por Chaves y sus sucesores (Castro queda ya muy antiguo) y defender una y otra vez  la revolución bolivariana como el “modelo de referencia” para España, este país en el que, según explicaba a los telespectadores venezolanos, la disidencia está proscrita, la represión brutal en la calle impide la rebelión contra el neoliberalismo y la policía del régimen corrupto echa a la gente de sus casas. Menos mal que podía aprovechar la invitación –siempre generosa- del régimen chavista para explicarse en un canal de televisión, dada la imposibilidad de hacerlo aquí. Discurso similar al que repetía en su programa de debate (Fort Apache) alojado en la infame televisión propagandística del  régimen de los ayatolás de Irán (Hispan TV). Apariciones que sumadas a su programa en una televisión regional y a sus apariciones en multitud de tertulias de la TDT han convertido a este profesor en el personaje  político con mayor presencia en la pequeña pantalla.  ¡Ojala los disidentes venezolanos o iraníes tuvieran las oportunidades publicitarias de las que ha gozado este personaje!  (un ejemplo, entre muchos, de las apariciones de esta gente ante el público bolivariano en  http://www.youtube.com/watch?v=u96S_8-8hIg  ).

Ahora ya no toca eso – pues  están bajo las miradas de millones de ciudadanos -, y Pablo Iglesias tiene la suficiente agilidad, telegenia y desvergüenza como para responder  a esa crítica -en un programa de La Sexta, sin ir más lejos-,  poniéndose la bandera española  al hombro y asegurando, solemne, que ningún extranjero vendrá a decirles cómo debe gobernarse este país. ¡¡¡ Torero !!!

¿Qué por qué se les acusa de comunistas?  ¡Cómo no recordar que el principal ideólogo de entre los promotores del invento,  Juan Carlos Monedero, ex -asesor de Hugo Chaves, no ha dejado de proclamar que Stalin es aún  merecedor del respeto de todas personas decentes del mundo! ¿Pero se imaginan lo que estaríamos diciendo de cualquier otra formación emergente cuyos promotores ensalzaran  la bondad de cualquier otro genocida? ¿O que se mostraran sólo discretamente respetuosos con el franquismo de sus mayores, por ejemplo?

Tampoco se volverá a exhibir Pablo Iglesias tan condescendiente con sus  colegas  como en ese programa  (“Cuando las pistolas hablan de política”, en Fort Apache, de Hispan TV) en el que  se lamentaba la incomprensión mutua entre la izquierda española y ETA, esa “organización política nacida de la opresión del Estado” que practicó una lucha armada, como antes hicieron otros cuyo reconocimiento social no se cuestiona, que quizás se equivocó en la elección de sus víctimas (“esa es la clave”) y en un momento dado en sus métodos (esos “coches bomba que podían alcanzar a cualquiera”), sobre la que nunca se ha podido dar una información alternativa al asfixiante discurso oficial antiterrorista, hasta que ha llegado Pablo Iglesias a la tele, cuya trayectoria se ejemplificaba convenientemente con  los asesinatos de un policía franquista  (1968) y de Carrero (1973), para no hablar de lo épocas más recientes. Y, en fin, esa  ETA sobre cuyo asesinato de Miguel Angel Blanco uno de los tertulianos -bajo la mirada mansa y cómplice del moderador-,  aún confiaba en que  pudiera  abrirse  paso, al fin,  una “visión contextualizada” del tremendo suceso.

https://www.youtube.com/watch?v=HfN-Ti7Xo6g&list=PL7-PRrKey3Ht_b5QcxIdHz2ivScTBCyEV&index=71

Sin embargo, de la multitud de vídeos que revelan la trayectoria intelectual y la ejecutoria política de estos personajes ninguno me parece tan revelador como el que ellos mismos editaron hace unos pocos años dando cuenta de boicot (“acto de repudio”) a una conferencia que iba a dar Rosa Díez en su universidad. No le falta de nada: el acoso a la conferenciante cuando se acerca rodeada de guardaespaldas, la ruidosa manifestación acompañante (encabezada por Errejón, otro del dream team del  Dpto. de CC. Políticas de la Complutense y cofundador del invento), la ocupación del auditorio por sus aguerridos discípulos, que puestos en pie, puño en alto, gritando y canturreando el “Eusko Gudariak”, a la manera batasuna (simpático detalle, sin duda homenaje a la condición vasca de la frustrada conferenciante) impidieron el inicio del acto, obligando a que, por el contrario,  fuera escuchada a la fuerza su propia soflama. Por no faltar, a la grabación no le falta ni la banda sonora, que tras unas  juveniles estrofas raperas  incorpora la reconocible y épica melodía de Ennio Morricone  para  “Novecento”, que acompaña  in crescendo a la heroica gesta de los saboteadores. Pero lo mejor está al final del vídeo: el mismo Pablo Iglesias, que como puede apreciarse (tenía ya  su distintiva coleta) da la señal para el inicio del boicot, es el que reaparece, cuando sus huestes se retiran satisfechas, para sentarse en primera fila, ya vacía la sala,  como si fuera ajeno a lo sucedido, adoptando el aire dialogante y mansurrón que luego ha exhibido  en sus múltiples apariciones televisivas. Hay conductas que dicen más que mil discursos: http://rosselloarrom.wordpress.com/2014/05/31/pablo-iglesias-en-el-acto-de-repudio-a-rosa-diez/

Una entrevista en uno de los medios de adoctrinamiento de su régimen favorito, una tertulia presentada y moderada por él en su programa de la televisión de propaganda del régimen  iraní sobre ETA y la grabación, editada por ellos mismos, de una actuación de sabotaje antidemocrático de la que se han  mostrado orgullosos. Son solo tres vídeos concretos, pero podían haber sido otros; hay muchos para elegir, habida cuenta de la prolífica actuación televisiva del promotor y cara visible de Podemos. Son sólo tres eventos pero aportan suficiente información para que nadie pueda hacerse el despistado a la hora de valorar la naturaleza de esta hornada de justicieros.  Se trata de ir más allá de la mera admiración por el gesto colectivo de rebeldía  y escuchar con atención lo que piensan y proponen  realmente sus promotores y beneficiarios.

En una próxima entrega me propongo entrar en el análisis del programa  que conocemos de Podemos, discutir la acrítica recepción de sus propuestas por parte de una izquierda noqueada y pronosticar lo que su irrupción y consolidación  puede deparar para esa izquierda  y para la posibilidad de alternancia en el gobierno de España (que ahora me parece –lo adelanto ya-, bastante más improbable que hace dos semanas).