Otra vez el fatídico 11

Diego Ojeda

Al Qaeda ha vuelto a asestar un golpe terrorista en día 11, esta vez en Argel, con algunas decenas de víctimas mortales, que se suman a las treinta ya caídas el pasado 11 de abril en la misma capital y a la decena asesinada el 11 de julio en Lakhadaria. Desde incluso antes del 11-S he dedicado muchas horas a investigar sobre Al Qaeda y su evolución. Desde el originario movimiento de muyaidines árabes creado para luchar contra las tropas soviéticas en Afganistán, hasta la amalgama actual formada por un reducido núcleo primigenio rodeado por un círculo de organizaciones terroristas islamistas sumadas posteriormente a la yihad global declarada por Bin Laden en 1998, como el argelino Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), responsable de los ataques de ayer y ahora rebautizado Al Qaeda para el Magreb Islámico. Círculo al que también se suman de cuando en cuando grupúsculos autónomos como los que atentaron en Atocha o en Londres y que no tienen necesidad de una infraestructura militar sofisticada o adiestramiento específico gracias a Internet.

Y al menos desde el 11-M, también le he dedicado algo de tiempo a tratar de averiguar por qué Al Qaeda eligió el día 11 de aquel fatídico septiembre de 2001 como firma para gran parte de sus ataques. Pero no he encontrado una respuesta satisfactoria. De una parte, Al Qaeda ha atacado en muchas otras fechas, tanto antes como después del 11-S. De otra, no parece haber un significado numerológico claro en la tradición islámica o árabe para la fecha escogida que, por lo que se sabe de las investigaciones del 11-S, bien pudo ser una elección casual de Mohamed Atta, el líder de los suicidas del 11-S, y su antiguo compañero de piso en Hamburgo, Ramzi Binalshibh, cuando se reunieron en julio de ese año en un desconocido lugar de la costa de Tarragona. En cambio, sí parece claro que desde entonces el 11 ha pasado a ejercer un fuerte magnetismo para los yihadistas que aún pululan por el mundo y que quizás desean hacer méritos ante el núcleo central. Magnetismo que estoy seguro tienen bien en cuenta los servicios de seguridad encargados de frustrar y, si es posible, prevenir sus golpes.

Es posible que haya perdido mucho tiempo tratando de escudriñar una locura fanática, todavía más ajena a la racionalidad que la que aqueja a nuestros “aberchalaos” del norte. Pero al menos me ha servido para tener la sensación de que entiendo un poco que es lo que está pasando, qué es lo que empuja a tantos jóvenes árabes y/o musulmanes al festival de destrucción y orgía sangrienta al que, lamentablemente, empiezan a tenernos acostumbrados.

Para mí es claro que no estamos ante una lucha entre el Islam y Occidente sino ante una guerra civil en el seno de la religión musulmana, que enfrenta a una minoría de terroristas con la corriente dominante, constituida por creyentes no violentos. Para ilustrar este punto basta con revisar las cifras de víctimas del terrorismo yihadista a nivel global y comprobar cómo la abrumadora mayoría es musulmana. Como los que fueron asesinados ayer en Argel o como los que son asesinados todos los días en Irak y con creciente frecuencia también en Afganistán.De ahí que para poder imponerse al terror de Al Qaeda sea imperativo, a mi juicio, combinar la fuerza militar, el espionaje y la cooperación policial contra Al-Qaeda y sus acólitos, con el “poder blando”, con el diálogo y la cooperación con la corriente mayoritaria del Islam, para minar el apoyo a los primeros.Sin embargo, la percepción de que no estamos ante un choque de civilizaciones es mucho menos clara cuando Al Qaeda consigue atentar contra un objetivo occidental, en nuestro territorio, y asesinar a un buen número de “infieles”. Tras el 11-M, la ciudadanía española no llegó al extremo de gritar espontáneamente “¡Al Qaeda no, musulmanes sí!”, como sí ha hecho infinidad de veces para denunciar la falacia de que ETA representa al pueblo vasco. Pero sí entendió perfectamente que la inmensa mayoría de los “moros” que viven con nosotros no tenían nada que ver con los yihadistas de Lavapiés.

Un estudio publicado ayer por la Secretaría de Estado de Inmigración viene a confirmar esta intuición con datos palpables. El 83% de los musulmanes que conviven con nosotros se considera adaptado a nuestras costumbres, más del 70% se encuentra a gusto en nuestro país y el 90% rechaza la violencia como método para defender sus creencias religiosas. Sólo el 5% de los encuestados se siente próximo al integrismo, lo cual es preocupante teniendo en cuenta que los musulmanes en España rondan el millón de personas. Pero por muy regresivo, retrógrado y condenable que nos pueda parecer el integrismo islámico, no cabe equipararlo con el yihadismo terrorista, de la misma manera que sólo una ínfima minoría de los aberchalaos que se desgañitan por la independencia o incluso jaleando a ETA, están dispuestos a enrolarse en ella arriesgando con ello sus vidas.

Igualmente revelador resulta saber que la religión es la tercera cuestión más importante para este millón de musulmanes que viven entre nosotros, que de media alcanzan una religiosidad muy alta, de un 7,6 en una escala de 0 a 10. Y sin embargo, hay prácticamente unanimidad entre ellos sobre la compatibilidad entre democracia e Islam y además el 74% considera que la religión y el Estado deben estar separados. Lo cual es todavía más revelador si consideramos que la muestra sondeada era masculina en un 75%, menor de 45 años en un 90% y en general de formación muy pobre, porque es sabido que son precisamente los jóvenes musulmanes varones los que nutren casi en exclusiva las cohortes suicidas yihadistas.

Así pues, hay motivo para la alarma frente a Al Qaeda y sus acólitos, pero no ante los musulmanes que en los últimos años han llegado a nuestro país para construir nuestras casas y recolectar nuestras cosechas, al menos no a corto plazo. A medio y largo plazo resulta preocupante examinar cómo la crisis de identidad que afecta a los inmigrantes musulmanes en Europa de segunda y tercera generación y no bien integrados, es un factor crucial para su deslizamiento hacia el radicalismo yihadista, combinado con otros como la globalización de la información y la colonización wahabita o salafista de algunos centros islámicos importados, que vienen a suplir la falta de mezquitas dotadas por los poderes democráticos locales.

Considero por ello esencial establecer puentes de diálogo con las comunidades islámicas en nuestro país, con todas las comunidades islámicas, incluidas las más críticas con la política occidental en el mundo árabe, para crear mecanismos que incentiven su participación pacífica y ordenada en el sistema político, desincentivando así el paso del radicalismo militante a la actuación terrorista. Y no veo incompatibilidad alguna entre ese diálogo y el mantenimiento de una firmeza estricta frente a cualquier pretensión de retroceso en materia de derechos y libertades fundamentales que algunos líderes islámicos puedan tener y que, en todo caso a decir de la encuesta antes citada, sus comunidades apenas comparten.

Sí, Al Qaeda volvió a matar ayer a mansalva muy cerca de España y, pese a la mejora de la cooperación internacional, seguramente será capaz de volver a hacerlo en el futuro. Esperemos que nuestros servicios de seguridad sean suficientemente hábiles y puedan reducir al mínimo la amenaza a nuestra seguridad. Pero nos corresponde a nosotros no caer en el estereotipo de equiparar musulmán o árabe con yihadista.

61 pensamientos en “Otra vez el fatídico 11

  1. Perdonen a Mimo Titos es como un niño en un cine haciendo sombras chinescas con la luz del proyector…o esas sombras que salen en las peliculas piratas grabadas a escondidas en el cine.

  2. ¿no estaras insinuando?…uy….vale ya lo cojo…¡que verguenza!..¿se me ha visto mucho?.

  3. A UN POETA CEGADO POR LA VANIDAD

    Te tirarás muy mucho de los pelos
    al saber de mis logros y mi audacia,
    y te irás a la costa de Dalmacia
    presa de la envidia y de los celos.
    Y yo feliz, aquí, con mis libelos,
    renaceré con infinita gracia,
    y le cantaré al reino de la acracia,
    libertad que ocasiona tus desvelos.
    Cuando llegue tu día de la bestia,
    me encontrarás fumando un cigarrillo
    escribiendo millones de sonetos.
    Una de tus virtudes, la modestia,
    tan falsa como el perro lazarillo
    que acompaña tus chinches y tus fetos.

    Teresa Domingo Catalá

  4. Impresionante la detallada evolución del pensamiento yijaidista que nos ofrece Diego Ojeda. Nuestro pais salió del atraso secular en que estaba por estar dominado por una religiosidad que impregnaba toda la vida individual a base de muchas guerras civiles, pero sobre todo a base de educación, educación y educación en todos los ordenes. No en vano, los obispos de antaño forzaban a los gobiernos conservadores a cerrar los centros educativos de la Institución Libre de Enseñanza. Solo podremos sacar a los inmigrantes musulmanes de su estrechéz religiosa a base de escuelas primarias y secundarias muy bien dotadas de medios y obligatorias(aunque se vaya con velo). Desgraciadamente la inversión necesaria es grande, y los resultados lentos.

  5. Entonces Magallanes, cómo explicas que mujeres musulmanas educadas en Europa (estudios universitarios) lleven velo y sean creyentes?

  6. Ya te lo dijo Magallanes antes, Pratxanda, la educación es lenta. Y antes Diego Ojeda, los problemas identitarios provocados por la emigración a veces conllevan una regresión hacia la religión. Y no se quien lo apunto, pero a veces es simplemente por moda. Más grave me parece el resurgir religioso cristiano en el mundo occidental pese a no ser inmigrantes y tener educación de toute la vie!

  7. No, Magallanes no me ha contestado.
    De hecho podríamos preguntarnos, como podemos sacar a Magallanes de su estrechez eurocristianocentrista? Con reflexión y educación quizás? Cómo hacer comprender que, si no contamos las discusiones a hostias en una facultad de teología, nunca ha existido una guerra religiosa?

    Y los vegetarianos? Cómo podemos sacar a los vegetarianos de su estrechez nutriconal? 🙂

  8. ¿A base de nabos y (ajos)porroS ?

    cachito cachito cachito mio…pedazo del cielo que Dios me dió.

    ¿Y a los carteristas? ¿Como podemos sacar a los carteristas de las aglomeracion urbanas y transitorias?
    ¿Tienen derecho a una pension o a una fonda?

    No se..no se ..Hay tantas cosas que arreglar en este Mundo y en el paralelo ..¡si! en el paraleo al otro lado del Sol en nuestras antipodas celestiales en el Planeta Australia….¿Seran los Canguros los que dominen el planeta o seran las Comadronas?.
    ¿Seran los abuelos responsables de sus nietos?
    ¿se tienen que jubilar los nietos para que los abuelos sigan trabajando?

    Necesito meditar..anda Pratxis..echame una mano..que yo le echare a la pava ¡asucá! canela y clavo.

  9. Buen artículo Diego, se te ve ágil e informado. En principio casi todo lo que expones es fácilmente asumible de pura lógica, parece como si la geopolítica precisara de estas tensiones, primero guerra fría, ahora guerra al infiel, tensiones que desde luego nosotros alimentamos y en gran parte hemos ayudado a crear. Hay demasiados intereses en juego y el recurso al miedo es un negocio muy rentable. El fenómeno Bush no se entiende sin Bin Laden, gobernar gestionando el miedo es la mejor táctica cuando se quiere gobernar atendiendo a los intereses de unos pocos. El pueblo norteamericano presenta un colectivo muy desarbolado intelectualmente y presto a ser manipulado, bien es cierto que cuando despiertan echan a patadas al que les engañó, pero no pasará mucho tiempo hasta que vuelva a dejarse engañar, es parte de la propia fortaleza de esa gran nación: todos a una los ha convertido en una potencia, pero el infantilismo global en el que se desenvuelve la educación de un americano medio del rural hace que cualquier “gamberro” sin escrúpulos pueda hacerse el amo del cotarro tan sólo capturando y luego gestionando los sentimientos de esa masa, nada que ver con la racionalidad ilustrada que inspiró a los padres de la patria, por ello esa deriva de los EEUU, de la mano de los neocons, que cada vez se aleja más del verdadero sentimiento americano hace que al final sea cada vez más imprescindible que los europeos seamos capaces de tomar cartas en el asunto con voz propia y sin seguidismos; pero en fin, esa es otra historia.

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