Otra oportunidad perdida

Aitor Riveiro

Hace un par semanas hablaba de las bondades del Gobierno de Zapatero. Seis eran los aspectos que, desde mi punto de vista, destacan en la presente Legislatura. Pero no todo son parabienes hacia el Ejecutivo del PSOE: en estos dos años y medio largos de mandato han sido varias las facetas en las que ha mostrado, cuando no inoperancia, una total incapacidad. Ahora, cuando se cierra 2006 e iniciamos la trepidante carrera electoral que nos llevará a las generales de 2008 con las municipales de mayo del año que viene en medio, es momento de detectar errores y subsanarlos.

La política económica del PSOE está imbuida de una especie de “derechitisâ€? bastante decepcionante. Solbes, o el vocero de turno, se vanaglorian de las buenas cifras macroeconómicas de España: el IPC está controlado, hay superávit en las cuentas públicas (esto en boca de un socialista suena, cuando menos, raro), la balanza comercial no es tan nefasta como lo era, el PIB roza el billón de euros…

Todo muy bonito. Pero cuando las cifras se llevan al plano personal, nos econtramos con un sueldo medio de unos 1.500 euros, es decir, el mismo que hace 10 años, cuando Aznar entró en La Moncloa. Por muy poco que hayan subido los precios (y aquí es donde explicito mis dudas acerca de la medición del IPC, un dato tan cocinado que no me creo nunca), algo han subido, por lo que el nivel adquisitivo de los españoles ha disminuido en la misma proporción. Además, con esos 1.500 euros al mes uno debería pagar una media de 800 euros al mes de hipoteca (143.604 euros a 26 años, datos del INE), cifras que no se corresponden con los préstamos que dan los bancos (crecen las hipotecas a 30, 40 y ¡50! años) ni con los precios reales de las casas (nunca por esos 143.604 euros, no nos engañemos). Y digo debería porque, en lo que a mí respecta, ni ese es mi sueldo ni me puedo permitir entrar a un banco a pedir una hipoteca sin soportar horas de carcajadas por parte del personal de la sucursal. Y los tipos de interés, subiendo…

Esta situación entronca con la nula capacidad del Gobierno de poner fin a la corrupción urbanística y al desaforado precio de los pisos. Me da igual la ‘operación Malaya’ (¿o debería llamarse Malhaya?) y los tres o cuatro casos de corrupción desvelados. Hablo de la creación de un Ministerio de Vivienda vacío de competencias, meramente propagandístico y que no ha cosechado más que fracasos desde su nacimiento; hablo de actuaciones, de todas las administraciones, tardías, partidistas e impotentes. Y hablo, sobre todo, de la tomadura de pelo que supone el contínuo “y tú másâ€? con que me desayuno todos los días en los medios de comunicación. Si el Gobierno puede hacer algo, que lo haga; y si no, que se calle.

El paro, dicen, se reduce mes a mes y nos movemos en torno a un 8% de la población activa. El número de afiliados a la Seguridad Social crece y cada vez hay más contratos indefinidos… Bien, ¿y? La precariedad laboral ha llegado a uno límites difícilmente justificables. ¿Qué importancia tiene que me hagan indefinido si pueden deshacerse de mí por unos módicos 22 días por año trabajado? Mi sueldo se ve mermado por impuestos mientras las empresas que engrosan el Ibex35 acabaron 2005 con un saldo 0 en sus cuentas con el Estado (esto lo publicó Cinco Días en diciembre del año pasado, veremos como termina este). Todo esto, gracias a un Gobierno de un partido autodenominado socialista y obrero, el mismo que abrió el mercado laboral español a las ETT’s.

Y la última, la subida de la luz. Dicen que hay que corregir el déficit energético. Échenle un vistazo a las cuentas de Endesa, Fenosa, Gas Natural o Repsol y ríanse del déficit.

Tampoco se libra la política exterior, seguramente el capítulo más nefasto del actual Gobierno. Muchos vimos con buenos ojos el nombramiento de Moratinos como ministrio del ramo; quizá gozaba de una buena prensa que no merecía y de ahí el batacazo. Pero es que no hay por dónde cogerlo. Obiang visita España por el bien de Repsol y compañía y tiene la desfachatez de criticar a nuestros parlamentarios por impedir que firmara el Libro Oficial del Congreso; abandonamos al pueblo saharaui para arrimarnos a Marruecos y hasta Buteflika nos lo echa en cara (es duro decirlo, pero Aznar hizo más -o no hizo menos- por el Sáhara que Zapatero); Polonia impone su doctrina en Europa; latinoamérica gira hacia Asia y Norteamérica; anunciamos la derrota de Merkel y Bush, con la consiguiente chanza posterior; Europa nos deja solos con los problemas migratorios… Mejor no sigo.En los demás negociados, la cosa no es más reconfortante: el terrorismo doméstico lejos de disminuir, aumenta, y ya contamos las mismas muertes que en 2005. Las mafias organizadas provenientes de Europa del este han traído una delincuencia hasta ahora desconocida y contra la que nos vemos incapaces de luchar. El protocolo de Kioto… en fin. Y no voy a hablar de las relaciones Iglesia-Estado, que dan para toda una serie de artículos; el cabreo que sentimos todos aquellos que pensamos que algo iba a cambiar es de aúpa.

Queda algo más de un año de legislatura pero, sinceramente, no espero un cambio de rumbo en estos aspectos (y muchos otros que me dejo). El 14 de marzo de 2004 una gran cantidad de españoles acudieron a las urnas a votar al PSOE, bien por primera vez bien tras mucho tiempo de abstención. Dudo mucho que vuelvan en mayo y en 2008. Otra ocasión perdida para la izquierda española.

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