Otra especie

Lobisón 

Una de las herencias más complicadas que ha dejado el ciclo conservador es una gran arrogancia intelectual entre los economistas, incluso los políticamente progresistas. Se pueden poner algunos ejemplos, sin necesidad de citar nombres, de cómo un buen profesional de la economía puede hablar y escribir como si de hecho perteneciera a otra especie.

Primer ejemplo: diagnosticando la crisis, en noviembre de 2009, se reparten las culpas entre conservadores y progresistas, pues si bien la deficiencia o la falta de regulación explican la crisis de las hipotecas de riesgo y lo que vino después, también habría que tomar en cuenta una política monetaria y crediticia demasiado laxa que sería consecuencia del deseo de hacer posible el crecimiento. El economista no toma en cuenta que la alternativa era el estancamiento, y menos aún por qué.

Reconoce que la crisis de los años setenta marcó el final de un paradigma (keynesiano) de crecimiento y la entrada en otro guiado por la competitividad global. Pero no señala que junto con la modernización —guiada por la inversión en I+D— en algunos sectores, la regla fue ganar competitividad reduciendo los costes laborales, lo que en buena lógica reducía también la demanda y abocaba al estancamiento. La salida fue la laxitud monetaria que reactivó el consumo a través de la explosión del crédito y la burbuja inmobiliaria.

Segundo ejemplo (4 de enero de este año): el gobierno español ha cometido el error de identificar las reformas estructurales con el neoliberalismo, y cuando las ha adoptado lo ha justificado por la presión de los mercados, lo que es un mensaje político negativo, que sólo puede hundir a los electores en la apatía y el pesimismo. Lo primero que a uno se le ocurre es que hablar de las reformas estructurales como si fueran el bálsamo de Fierabrás es un lenguaje acuñado, y bastante connotado: lo lógico sería comenzar por saber de qué reformas estamos hablando.

Pero además, cuando el economista enumera estas reformas, se hace evidente que éstas, aunque sean necesarias a medio plazo, tienen como objetivo inmediato producir confianza en los mercados, al precio de crear desorientación y malestar social. ¿Es tan censurable que ZP identificara las reformas estructurales con la lógica neoliberal de los mercados? ¿Y no es un poco injusto pedirle que pasara en una noche a presentarlas como un avance histórico hacia un futuro de prosperidad?

Pues para el economista (progresista, en este caso), el error es no haber comprendido desde el primer momento la necesidad de jugar según las reglas de la competitividad global, y de hablar con el lenguaje que entienden los mercados pero no entienden los ciudadanos, sobre todo los que no trabajan para grandes consultoras. Que ZP hiciera todo lo necesario para relanzar la competitividad, impulsando la educación y la inversión en I+D, a estas alturas ya no cuenta, la lógica los mercados se ha impuesto y los economistas están felices. Lo dicho, son de otra especie.