Otoño de locos

LBNL

No hay peor enemigo para el drama provinciano que la tragedia global,  así que Puigdemont y los suyos deben estar de los nervios con la última prueba nuclear norcoreana y la posible reacción bélica de Trump. Los indepes se fueron de vacaciones pensando que lo tenían todo preparado para dominar la escena mediática desde el primer día de vuelta de verano y zas, una banda de capullos radicalizados regó Las Ramblas de sangre y “el procés” quedó arrumbado durante un par de semanas. Maniobraron a toda prisa y consiguieron convertir la manifa contra el odio yihadista en una protesta “estelada” contra el Estado, cuyas instituciones habían venido a mostrar solidaridad con las víctimas y la ciudad golpeada. La ignominia ha dominado también sus últimos pasos en el Parlament, organizando un golpe de estado interno en toda regla, amenazando con avanzar hacia la independencia a golpe de decreto y negándose a tramitar las propuestas de llevar a cabo el referendum para evitar su impugnación legal. Y justo esta semana, cuando se supone que el miércoles va a empezar el desafío total, viene el loco coreano con su cuarto ensayo nuclear en su cuenta personal (un par más en la cuenta de su padre) y vuelve a desviar el foco. Seguro que alguno habrá googleado frenéticamente a ver si cabía establecer algún vínculo entre Felipe VI y Corea del Norte…

Dejemos para otro momento los graves fallos – de TODAS las fuerzas de seguridad – que quizás podrían haber evitado la sangría de las Ramblas. Pero es inevitable recordar al Conseller de Seguridad distinguiendo a los asesinados catalanes de los “españoles” – ¿se imaginan haber tenido un un familiar suyo constitucionalista víctima en Las Ramblas señalado como solo catalán? O al Conseller de Exteriores manipulando los saludos protocolarios de los dignatarios extranjeros como apoyos implícitos. Y los pitidos al Rey y demás autoridades, y las ridículas pancartas contra el Rey por esa estupidez de su complicidad con las ventas de armas a Arabia Saudí.

Todo ello era necesario, indispensable, para poder sobreponerse a los efectos destructivos del atentado sobre “el procés”. El atentado confirmó que Barcelona, Cataluña, no es sino una ciudad, región, en un entramado global. No atentaron contra Barcelona o Cataluña por motivos locales sino globales. Tanto si se suscribe la absurda teoría del conflicto de civilizaciones entre musulmanes y occidentales como si defendemos que se trata de un conflicto entre violentos y radicales, de una parte, y liberales, también los árabes y musulmanes – que son los que más sufren- por otra, el provincionalismo/nacionalismo catalán quedaba completamente subyugado. ¿Estamos a setas o a Rolex? El soberanismo lo tuvo claro rápidamente: estamos al “procés”.

La conmoción de las Ramblas fue muy intensa pero igualmente pasajera. Del niño desaparecido que en realidad había muerto y de la señora degollada en Cambrils ni nos acordamos ya. Volvamos a lo que de verdad importa. Y cuando parecía que las aguas habían vuelto a su cauce y podían escenificar el dramita planeado, zas, el loquito coreano vuelve a montarla. Así no se puede, imagino a Puigdemont quejándose a Jonqueras, con Romeva compungido por no haber sido capaz de avisar a tiempo. ¿Y ahora qué hacemos si Trump lanza un par de misiles?

¿Y si el 17 de septiembre España consigue ganar el Europeo de basket, de nuevo con Pau y Marc Gasol a la cabeza, qué hacemos para contrarrestar la foto con el Rey?

Me da mucha lástima la ansiedad máxima de un personaje torturado porque su foto esposado tenga suficiente atención mediática. Porque más no hay.

Cataluña será una nación o no. Cataluña debería ser un Estado indpendiente o no. Cataluña debería tener un mayor grado de autogobierno o no. Pero lo que es claro es que la inmensa mayoría de los catalanes quieren vivir en una democracia con galones, en la que impera el respeto de la ley y se castiga su violación. El inmovilismo de Rajoy y los agravios anti catalenes del PP palidecen frente a la zafiedad de los adalides soberanistas que lideran a lomos de la corrupción convergente.

Y no es moco de pavo: en paraleo, el Barça mes que un club se descompone. Qué pena tanta mediocridad para todos los que sentíamos que Cataluña era la vanguardia. Seguramente lo era.